martes, 28 de febrero de 2017

"LA MUERTE EN LA GUERRA"

La muerte en una guerra es lo que acompaña al soldado que la sobrevive por el resto de sus días.
La muerte en una guerra alcanza a ambos bandos y es cruel con ambos bandos.
En un libro escrito por un soldado peruano que relata los acontecimientos del día 15 de enero de 1881 en Miraflores, hemos encontrado un breve momento en que el autor se encuentra, ya después de la fatídica batalla, junto a otros de sus compañeros, en la triste misión de sepultar a sus muertos, específicamente a un soldado con quien se encontró en la retirada y que estaba gravemente herido y a quien tuvo que dejar en el camino, prometiendose a sí mismo volver para darle sagrada sepultura.
En estas instancias la pequeña comitiva se encuentra con dos de nuestros soldados y describe lo que aconteció al encontrar a quien buscaban:
"A una cuadra o poco más del reducto, estaban los despojos que buscábamos; un arco de sangre señalaba en la tapia el sitio en el que lo recliné un momento, y la traza de su cuerpo al descenderlo para acostarlo. Ahí estaba, si; enormemente crecido, negro como los otros de la raza misteriosa, rechazándonos con sus manos crispadas, su aspecto hórrido y con sus emanaciones, el que antes nos atraía con su afecto; lleno de muerte el que contemplábamos lleno de vida.
Después de contemplarlo un momento profundamente emocionados, dimos principio a la fúnebre tarea de abrir la fosa; pero la tierra era dura, todos estabamos trastornados por el ambiente, y la tarea se hacia larga y pesada.
Dentro del potrero habían dado suelta a una caballada, sin duda con el objeto de que se refrescara; pues el alimento, si no se lo daban en pienso, no lo hallaría ahí ni aún cabando la tierra. Cuidaban los caballos dos soldados que al vernos se aproximaron, el uno directamente, el otro con disimulo. El primero, con fisonomia abierta y aspecto no antipático, después de saludar con un respeto verdaderamente chocante, dijo a mi tío:
"i Cuanta jente muere en la guierra pu ñor! -
Cuánta! contestó mi tio; cuántos huérfanos, cuántas viudas....
-Pero siquiera tienen el consuelo de enterrarlos, pu ñor, mientras que á los chilenos no los pueden recoger sus familias".
Si esto no lo hubiera dicho en tono de lamentación, hubiera sido el caso de contestarle lo que merecía. Un momento después, al ver que uno de mis primos dejaba la herramienta y se tiraba al suelo desvanecido, exclamó:
"- Mire, que no van a acabar nunca", y echando mano al azadón se puso a romper la tierra, recordando, sin duda, su oficio nativo de labrador.
Su compañero, entre tanto, se había aproximado y lo miraba al contrario de él, su osca fisonomía, que hacia más severa una barba negra e hirsuta, decía por si sola lo hostil de su carácter.
Mi tío al verlo se dirigió al primero, diciéndole:-Llame a su compañero para que le ayude,...., le daré una gratificación.-
Cuando ya tenía la fosa la profundidad necesaria, vimos que se aproximaba un oficial. El de la barba hirsuta dejó el azadón y se alejó: el otro continuó; mi tío le dijo: -¿No se molestará su jefe?...... -Por qué pu ñor, contestó; toos somos cristianos..."
Fuente: Batalla de Miraflores: Recuerdos de la Guerra con Chile (Memorias de un Distinguido) José T. Torres Lara
El dibujo que acompaña este relato es del oficial británico Rudolph de Lisle, quién luego de las batallas de Chorrillos y Miraflores se dedicó a observar los campos de batalla dejando un legado gráfico y claro de la muerte en la guerra, así como otros pasajes importantes de esta guerra.
En la imagen podemos ver el asalto al Reducto N° 2 de Miraflores.


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