lunes, 2 de enero de 2017

"PARTE DE URIBE"

21 de Mayo de 1879: se inicia el Combate Naval de Iquique muy temprano en la mañana.
Cuatro horas habría de durar este drama que para nosotros hoy, es un leve momento de lectura, pero que para sus protagonistas debe haber durado una eternidad.
Cada uno de los dos buques que realizaban el bloqueo de Iquique escribió su propia historia y de cada uno de ellos, los sobrevivientes recordaron de por vida la experiencia que les tocó vivir el día en que se vistieron de gloria.
He aquí un parte inédito, del cual no todos teníamos conocimiento. Relato fiel de un testigo crucial del evento y que lo vivió en carne propia.
Leamos sus palabras:

"Pasado por el segundo comandante de la "Esmeralda."

Iquique, mayo 29 de 1879

Tengo el honor de poner en conocimiento de US. que el 21 del presente, después de un sangriento combate de cuatro horas con el monitor peruano Huáscar, la Esmeralda fué a pique al tercer ataque de espolón del enemigo.
El honor de la bandera ha quedado a salvo; pero desgraciadamente tenemos que lamentar la pérdida de tres de sus mas valientes defensores: el capitán Prat, el teniente Serrano
i el guardia-marina Riquelme.
Como a las 7 horas A. M. del dia indicado, se divisaron dos humos al Norte. Inmediatamente se puso el buque en son de combate.
A las 8 horas se reconoció el Huáscar i poco después la fragata Independencia. Se hicieron señales a la Covadonga de venir al habla, i el capitán Prat le ordenó tomar poco fondo e interponerse entre la poblado i los fuegos del enemigo. Al movernos para tomar la misma situación se nos rompieron los calderos i el buque quedó con un andar de 2 a 3 millas.
A las 8 horas 30 minutos, la acción se hizo jeneral. El Covadonga
se batía con la fragata Independencia, haciendo al mismo tiempo rumbo al Sur, i la Esmeralda contestaba los fuegos del Huáscar i se colocaba frente a la población a distancia de 200 metros de la playa.
Desde esta posición batimos al enemigo. Nuestros tiros que al principio eran inciertos, fueron mejorando i varias granadas reventaron en la torre i casco del Huáscar, sin causarle el mas leve daño. Los tiros de este último pasaban en su mayor parte por alto i varios tiros fueron a herir la población.
Nuestra posición era, pues, ventajosa; pero como se nos hiciese fuego desde tierra con cañones de campaña, matándonos tres individuos e hiriendo a otros tantos, el capitán Prat se vio obligado a ponerse fuera de alcance. En este momento,10 hs. A. M., una granada del Huáscar penetró por el costado de babor i fué a romperse a estribor cerca de la línea de agua, produciendo un pequeño incendio que fué sofocado a tiempo por la jente del pasaje de granadas.
Mientras tanto, el Huáscar se habia acercado como a 600 metros i a esta distancia continuó la acción cerca de una hora, sin recibir otra avería que la que dejo indicada. Viendo el Huáscar el poco efecto de sus tiros, puso proa a la Esmeralda.
Nuestro poco andar impidió al capitán Prat evitar el ataque del enemigo; su expolon vino a herir el costado de babor frente al palo mesana i los cañones de su torre, disparados a toca pañoles antes i después del choque, hicieron terribles estragos en la marinería. El capitan Prat, que se encontraba sobre la toldilla desde el principio del combate, saltó a la proa del Huáscar, dando al mismo tiempo voz de ¡AL ABORDAJE!
Desgraciadamente, el estruendo producido por toda la batería al hacer fuego sobre el Huáscar, impidió oir la voz de nuestro valiente comandante; i de los que se encontraban en la toldilla con él, solo el sarjento pudo seguirlo: tal fué la lijereza con que se retiró la proa del Huáscar de nuestro costado. El que suscribe se encontraba en el castillo de proa i desde ahí tuve el sentimiento de ver al bravo capitán Prat caer herido de muerte al pié mismo de la torre del Huáscar.
Inmediatamente me fui a la toldilla i tomé el mando del buque. Mientras tanto nos batíamos casi a boca de jarro, sin que nuestros proyetiles hiciesen el menor efecto. En cambio, las granadas de este último hacian terribles estragos: la cubierta i entrepuente se hallaban sembrados de cadáveres.
Volvió el Huáscar a embestirnos con su espolón directamente al centro del buque. Goberné para evitar el choque, pero la Esmeralda andaba tan poco, que no fué posible evitarlo i recibió el segundo espolonazo por la amura de estribor.
Esta vez el teniente Serrano, que se encontraba en el castillo saltó a la proa del Huáscar, seguido como de doce individuos. En la cubierta de este último no se veía un enemigo con quien combatir, pero de la torre i parapetos de popa salía un mortífero fuego de fusilería i ametralladoras. El valeroso teniente Serrano i casi todos los que lo siguieron, sucumbieron a los pocos pasos. La lijereza con que se retiraba de nuestro costado la proa del Huáscar i el poco andar de la Esmeralda para colocarse a su costado, único modo como habría podido pasar todo el mundo a la cubierta del enemigo, hacian imposible todo abordaje. Por este tiempo, nuestra tripulación habia disminuido enormemente. Teníamos mas de cien individuos fuera de combate; la Santa Bárbara inundada i la máquina habia dejado de funcionar. Los pocos cartuchos que quedaban sobre cubierta sirvieron para hacer la ultima descarga al recibir el tercer ataque de espolón del enemigo. El guardiamarina señor don Ernesto Riquelme, que durante la acción se portó como un valiente, disparó el último tiro; no se le vió mas i se supone fué muerto por una de las últimas granadas del Huáscar.
Pocos momentos después del tercer espolonazo, se hundió la Esmeralda con todos sus tripulantes i con su pabellón izado al pico de mesana, cumpliendo así los deseos de nuestro malogrado comandante, quien, al principiar la acción dijo: "¡Muchachos! La contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo: espero, pues, no sea esta la ocasión de hacerlo. Mientras yo esté vivo, esa bandera flameará en su lugar, i os aseguro que si muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber."
Los botes del Huáscar recojieron los sobrevivientes, i en la tarde del mismo dia fuimos desembarcados en Iquique en calidad de prisioneros.
Acompaño a US. una relación de la oficialidad i tripulación que han salvado i que se hallan presos en este puerto.
Dios guarde a US.
Luis Uribe."

La ilustración pertenece a la portada del libro "La Dotación Inmortal" y fue hecho por Eduardo Rivera Silva.



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