lunes, 2 de enero de 2017

"PARTE DE CONDELL"

Iniciamos este nuevo año con un relato heróico, tan poco mencionado en la Historia de Chile que viene la pregunta: ¿por qué si el hundimiento de la Esmeralda, que encendió tanto los pechos de ira y de venganza, ha sido destacado y con justa razón, a través de los tiempos?...¿por qué al triunfo de la Covadonga, que los llenó de orgullo y grande felicidad y satisfacción, ha pasado sin pena ni gloria por la memoria nacional?...
Nuestro deseo es destacar cada hecho y cada memoria, y no cejar en elevar a nuestros máximos héroes al pedestal que les corresponde.
Es por eso que compartiremos en esta ocación con uds. el parte de Condell acerca del Combate Naval de Iquique y la participación que le cupo a él, a su tripulación y a una de las más humildes pero gloriosas naves que ha tenido la Armada de Chile, "La Covadonga", en Punta Gruesa, el 21 de mayo de 1879.

Leamos al Capitán:

"Comandancia de la cañonera "Covadonga"

Antofagasta mayo 27 de 1879.

Tengo la honra de dar cuenta a US. del combate que ha tenido lugar entre este buque i la Esmeralda, que quedaron sosteniendo el bloqueo de Iquique, después de la partida del buque almirante i el resto de la escuadra, con los blindados peruanos Huáscar e Independencia.
Eran las 6 1/2 de la mañana del 21, cuando 
encontrándonos de guardia fuera del puerto, avistamos al norte dos humos, los que poco después reconocimos ser de los dos blindados antedichos. Inmediatamente lo comunicamos a la Esmeralda, quien nos puso señal de «seguir sus aguas,» poniéndonos acto continuo en son de combate i saliendo afuera para batirnos.
Las ocho de la mañana sonaban cuando una bala del blindado Huáscar dio en medio de nuestros dos buques, que se encontraban al habla. En seguida, poniendo la proa el blindado Huáscar a la Esmeralda i la Independencia al Covadonga empezó el combate, rompiendo nosotros los fuegos. Vista la superioridad del enemigo, asi como también la treintena de botes que se destacaban de la playa en ausilio de nuestros enemigos, i comprendiendo que por mas esfuerzos que hiciéramos dentro del puerto nos era difícil, sino imposible, vencer o escapar a un enemigo diez veces mas poderoso que nosotros, resolví poner proa al sur, acercándome lo mas posible a tierra. Miéntras tanto, la Esmeralda quedaba batiéndose dentro del puerto. Durante cuatro horas consecutivas soportamos los fuegos que el blindado Independencia nos hacia sostenidamente, habiendo recibido varios que nos atravesaron de banda a banda el palo de trinquete i nos rompieron las jarcias del palo mayor i palo trinquete i el esquife con sus pescantes, que se fué al agua. Tres veces se nos acercó enfilándonos de popa con su espolón para echarnos pique. En las dos primeras no se atrevió, sea por temor de no encontrar agua para su calado o por el nutrido fuego de cañon i de fusil que le hacíamos, contestándonos ellos lo mismo, i ademas con ametralladoras desde las cofas. La tercera tentativa parece que era decisiva i a 250 metros de nuestra popa recibió algunos balazos con cañones de a 70, que lo obligaron a gobernar a tierra i vararse en un bajo que nosotros pasamos rozando. Gobernamos a ponernos por la popa donde no podia hacernos fuego. Al pasar por el frente le metimos dos balas de cañón de a 70 que ellos nos contestaron con tres tiros sin tocarnos.
Saludamos con un ¡hurrah! la arriada del estandarte i pabellón peruanos que dicho blindado hacia tremolar en sus topes, viendo reemplazadas estas insignias por la bandera de parlamento. Púseme al habla con el comandante rendido, quien, de viva voz, me repitió lo que ya me habia indicado el arrio de su pabellón, pidiéndome al mismo tiempo un bote a su bordo, lo que no pude verificar, no obstante mis deseos porque el blindado Huáscar, que habia quedado en el puerto, se nos aproximaba. Inter tanto, la tripulación de la Independencia abandonaba el buque i se refujiaba en tierra, parte en botes i parte a nado.
Trabajando nuestra máquina con solo cinco libras de presión, i el buque haciendo mucha agua a causa de los balazos que recibió, creí aventurado pasar a bordo del buque rendido. Proseguí, pues, mi retirada al S. llevando la convicción de que la Independencia no saldría de allí.
El Huáscar, que como he dicho, quedó batiendo dentro del Puerto a la Esmeralda, se nos acercaba a toda fuerza de máquina. Tomé todas mis precauciones para empeñar un segundo combate, que por lo desventajoso de nuestra situación parecía imposible evitar, pues carecíamos de balas sólidas i la jente estaba rendida después de cinco o seis horas de sostenido combate con ambos buques enemigos. Momentos después i cuando dicho blindado estaba como a seis millas de nuestra popa i por la cuadra del vencido, lo vi dirijir su proa en ausilio de la Independencia. Este retraso en su marcha permitió que avanzáramos un tanto mas, lo necesario para distinguirlo nuevamente, minutos después, i como a diez millas, siempre en nuestra persecución.
Con la caida del dia i la oscuridad de la noche, perdimos de vista al enemigo; i tratando de aprovechar la brisa que soplaba en esos momentos, hice rumbo al oeste. Proseguí navegando con ese rumbo hasta las doce de la noche, hora en que, creyendo que el Huáscar hubiese cesado en su propósito, me dirijí hacia tierra gobernando convenientemente.
Recalamos a Tocopilla adonde el buque recibió, con auxilios de carpinteros enviados de tierra, las reparaciones mas urjentes, tapando los balazos a flor de agua; i proseguí al sur en la mañana del 24 tocando en Cobija a las 2 i media P. M., donde recibimos al vapor del norte que condujo al contador a Antofagasta i a los heridos, con la comisión de verse con el jeneral en jefe para pedirle un vapor que fuera a encontrarnos, pues el buque no andaba mas de dos millas i seguia haciendo mucha agua. A veinte millas de Antofagasta recibimos el remolque del vapor Rimac, que nos condujo a este puerto, donde fondeamos a las 3 A. M. del 26.
Supongo que US. tendría desde ayer datos de la acción.
Terminaré este parte lamentando la pérdida de nuestro compañero el doctor don Pedro R. 2.° Videla, que dejó de existir horas después del combate a consecuencia de una bala que le llevó los dos pies; i en el equipaje, la muerte del grumete Blas 2. Tellez i del mozo Felipe Ojeda. Hubo cinco heridos, pero no graves, entre los cuales se cuenta el contador del buque, que recibió dos balazos.
Hago una especial recomendación del teniente 1° don Manuel J. Orella, cuyo valor, serenidad en su puesto, i resolución a bordo han sido ejemplares. A la vez recomiendo particularmente el buen desempeño del injeniero 2.° don Emilio Cuevas bajo cuya dirección está la máquina.
Los oficiales, tanto de guerra como mayores, se condujeron
valientemente i cada cual estuvo siempre a la altura de su deber i de su honor, como oficial i como chileno. Respecto a la tripulación, supo cumplir con su deber; i hubo momentos tales de entusiasmo, que cada cual manifestó que estaba resuelto a morir obedeciendo al jeneroso sentimiento patriótico de no entregar el buque.
Por el próximo vapor comunicaré a US. más estensamente detalles sobre el combate. 
Al querer dar término a la presente el Huáscar que entra del sur a las 2 1/2 P.M empeña el combate con nuestro buque i ios cañones de tierra, i en este momento (las 6 h. 45 m) cesa el fuego, pues el Huáscar se hace afuera.
A bordo no ocurre novedad i como siempre la oficialidad tripulación corresponden a la confianza de la patria.

Dios guarde a US.

Carlos A. Condell.
Al señor Comandante jeneral de Marina."

En la foto podemos ver a la Covadonga llegando a Valparaíso. Se dice que la Indepedencia estuvo tan cerca de nuestro valeroso buque, que la bandera chilena tocaba la proa del barco peruano.


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