domingo, 22 de enero de 2017

"HÉROES EN EL TIEMPO"

Un artículo encontrado en una importante revista de épocas pasadas, nos devela el cercano aniversario del Combate de la Concepción; a 31 años de esta heróica gesta, la nación se disponía a rendir honores a los 77 chacabucanos y 1 Lautaro  más tres mujeres y dos niños que perecieron en la sierra peruana, encerrados por un enemigo numericamente muy superior que incluía entre sus filas a al menos mil indios que estaban ávidos de ver correr sangre chilena.
Pues de esa fecha tan recordada para nosotros por la heroicidad de nuestros soldados es que cada año se celebra el Juramento a la Bandera y en aquella época, desconocemos si en la actual, se realizaba un ritual de bendición de los corazones de los oficiales de la pequeña guarnición.
Veamos lo que nos informa el tiempo pasado de aquél acontecimiento:

"EL ANIVERSARIO DEL COMBATE DE LA CONCEPCIÒN"

"El jueves de la semana pasada se efectuò en la capital la solemne ceremonia organizada por la Liga Patriòtica Militar para conmemorar el 31º Aniversario del Combate de la Concepciòn.
La ceremonia tuvo lugar en la Catedral Metropolitana.
Un inmenso gentìo cubrìa la plazuela del palacio, mientras que la Escuela Militar, con la banda del Regimiento Pudeto, escoltaba la "vieja insignia" hasta el templo metropolitano.
Frente al altar mayor, en la nave central, estaban colocados los asientos de honor, los que fueron ocupados por el Ministro de Guerra, Sr. Matte Gormaz, el Presidente de la Liga Patriótica Militar Sr. Domingo Toro Herrera,y el General Sr. Boonen Rivera, Inspector General del Ejército.
Seguían después los deudos de los héroes, Srs. Clodomiro y Julio Pérez Canto, Alejandro Montt, y el Regidor Sr. pedro Marín.
Las naves del templo estaban ocupadas por numerosas instituciones y alumnos de establecimientos de Instrucción.
Se dio comienzo a la ceremonia religiosa con un "Canto a los Héroes", compuesto para esta ocasión por el pbto. don Vicente Carrasco, maestro de capilla de la Catedral.
Una vez concluído éste el Arsediano D. Clovis Montero entonó el Te Deum en compañía del clero allí reunido, el que fue escuchado con religioso silencio por la selecta como numerosa concurrencia.
En seguida subió al púlpito el Pbto. D. Clovis Montero, quien en una brillante alocución, dio a conocer el significado que tiene para los chilenos la conmemoración del sacrificio de los Héroes de la Concepción".
Revista Sucesos, Julio, 1913

Fotografías

1.- El Monumento donde están depositados los corazones de los Héroes de la Concepción muestra las ofrendas de las diversas instituciones que fueron a rendirle honores.
2.- D. Domingo Toro Herrera, Presidente de la Liga Patriótica Militar; Generales Pinto Concha y Boonen Rivera, D. Jorge Matte, Ministro de la Guerrea y General Sofanor Parra, presenciando el desfile de las instituciones frente al Monumento de los Héroes.
3.- Miembros del Club de Tiro "Héroes de la Concepción", conduciendo una corona.
4.- El glorioso estandarte del "Batallón Chacabuco", escoltado por cadetes de la Escuela Militar.

"ENGANCHE"

Mucho se ha dicho de ciertos episodios en que tal vez el enganche fue forzoso; que, una vez que la guerra se alargaba era más difícil encontrar voluntarios. Al parecer en el testimonio que les traemos hoy, eso estaría descartado, al menos hasta pasado el medio año del 1880.
Veamos a qué nos referimos en este breve relato de una carta del Sbtte. Francisco Figueroa, del Batallón Quillota:

" El mismo día 21 de setiembre (de 1880) en la tarde, llegamos a Valparaíso y ahí nos encontramos con que la estación estaba llena de un inmenso gentío, y que no podíamos pasar al lugar donde debíamos embarcarnos. Era tanto en entusiasmo, que le diré lo que me pasó a mí en la estación del Barón. 
Mientras hacía embarcar los bultos y equipajes de nuestro batallón, se me presentaron cinco individuos pidiéndome los llevase en el cuerpo y trabajase porque los admitiesen de soldados; de estos individuos habían dos jovencitos muy decentes. Yo les expuse que nuestro batallón tenía más gente que la dotación requerida; que no se admitían más que voluntarios decididos y dispuestos a ir a morir por la patria, y no soldados que después se hubieren de arrepentir y quisieran retirarse; y que tenían otros cuerpos donde ingresar. Me contestaron con energía y entusiasmo suplicante que no se arrepentirían jamás; que lo habían pensado mucho y que solo esperaban que llegase el batallón Quillota para enrolarse, pues eran quillotanos, y querían ir a Lima cobijados por nuestro estandarte. Yo les volví a hacer varias otras observaciones, pero todo inútil. Todo esto sucedía delante de un gentío numeroso que nos rodeaba y que aplaudía la determinación de estos nuevos voluntarios. 
Por fin, viendo tanta exigencia aplaudí también este proceder; solo me llevé a cuatro de ellos para presentarlos a mi comandante, dejando uno porque lo consideraba enfermo y débil. ¿Cuál no sería mi sorpresa cuando a bordo del Amazonas me encontré con que se habían agregado al batallón una veintena o más de valientes voluntarios? Dígase lo que se quiera, el batallón ha sido afortunado en todo lo que se ha hecho y en todas partes donde ha estado. ¡Qué le sea también propicia la campaña y entrada a Lima y está dicho y hecho todo!"

Epistolario de Francisco Figueroa Brito, Subteniente del Batallòn Quillota.
Cuaderno de Historia MIlitar Nº 6, Sergio Villalobos y Patricio Ibarra


"BIOGRAFÍA DE UN SOBREVIVIENTE"

JOSE FRUCTUOSO VARGAS URIBE, HÊROE DE ANCUD

Nació en Ancud en 1860 y posteriormente ingresó a la Escuela de Artes y Oficios. Figura en las nóminas de la época como mecánico a bordo de la Corbeta Esmeralda, habiéndose incorporado como aprendiz de mecánico el 20 de febrero de 1879, a los 19 años de edad.
Fue el único sobreviviente del Cuerpo de Ingenieros y Mecánicos. Recogido a bordo del Monitor Huáscar, estuvo prisionero en Iquique y regresó junto al resto de la tripulación a Valparaíso el 3 de diciembre de 1879. Recibió los honores y condecoraciones correspondientes.
El 6 de diciembre ascendió a ingeniero 3º. A principios de 1880 embarcó en el Huáscar, y figura dejándole una asignación a su familia que vivía en Puerto Montt.
En este buque se encontró en el combate de Arica el 27 de febrero y el 20 de Mayo participó en el combate del Callao.
En enero de 1881 se encontró participando en el apoyo que diera la escuadra al flanco del ejército en las batallas de Chorrillos y Miraflores.
El 22 de abril se transbordó a la cañonera Magallanes y participó en varias comisiones hidrográficas en la región costera. EL 18 de agosto de 1886 ascendió a Ingeniero 2º.
En diciembre de ese año transbordó a la corbeta Abtao donde desempeñó diversas comisiones. A bordo de este buque, en 1890, le tocó hacer un viaje de instrucción de guardiamarinas al Mediterráneo, el que duró todo el año.
Durante 1891 participó en la campaña del bando constitucional a bordo de la cañonera Magallanes, formando parte de la escuadra que desembarcó las fuerzas congresistas en Quintero.
En 1893 estuvo embarcado en los cruceros Esmeralda y Presidente Pinto. El 4 de de Mayo de 1894 obtuvo la cédula de retiro temporal. Falleció el 7de marzo de 1897 en Valparaíso producto del tifus. Recibió una medalla de oro por el combate de Iquique y dos del mismo metal por la 1º y 2º Campaña.
Por Decreto Supremo Nº 47 de 12 de Marzo de 1934, se le concedió a la Sra. Elisa Stoller Farmer, una pensión de montepío especial, por carácter de viuda de este ex oficial, ingeniero combatiente de la Guerra del Pacífico y de la Revolución de 1891.

(patrimoniomaritimo.cl)



lunes, 9 de enero de 2017

"LOGÍSTICA EN LURÍN"

La logística, cosa fundamental en una guerra, cuyo éxito dependerá de este instrumento para suplir las necesidades de un ejército en campaña.
Así sucedió con el nuestro; mientras nuestras tropas cruzaron el desierto a pie y sufrieron las consecuencias de la falta de preparación del gobierno y el mismo ejército para las campañas del Norte, surgió la imperativa necesidad de acondicionar un sistema de aprovisionamiento que abarcara todo ámbito  y que mantuviera así a las unidades con lo necesario y tuviera lo suficiente para reponer lo perdido. Debemos mencionar al Ministro de Guerra don Rafael Sotomayor por la preparación que dejó, como modelo a seguir durante lo que restaba de conflicto, antes de su trágica muerte previo a la Batalla de Tacna, en mayo de 1880.
En el campamento de Lurín, meses más tarde, que debería estar preparandose para la toma de Lima,  al menos algunas semanas antes de las batallas de Chorrillos y Miraflores, se vio la necesidad de aprovisionar a la tropa con todo lo necesario, tanto para sus necesidades físicas como para mantener la moral en alto. Sin embargo esta tarea no era fácil y requería un gran esfuerzo.
Hoy destacamos a un nuevo héroe, uno que luchó en el silencio y bajo perfil, uno que trabajó arduamnete para llevar en órden la misión encomendada. Hablamos del Coronel Francisco Bascuñán Álvarez, Jefe de Bagajes:

"Acampando nuestro ejército en Lurín, el aprovisionamiento se tuvo que atender desde las playas de Curayaco durante los días comprendidos entre el 22 de diciembre y hasta el 13 de enero.
El desembarco de viveres y forraje se hacía en lanchas que habíamos traído de Arica. Los bultos se dividían en otros más pequeños, para que las mulas pudieran transportarlos a Lurín. Se hacía tres viajes al día.
En este penosísimo trabajo se distinguió por su tesón incansable, su buen orden e inteligencia, el comandante del cuerpo de bagajes, don Francisco Bascuñán Álvarez, entre la tierra, la arena, sofocado debajode carpas, que eran verdaderos hornos, bajo la acción de los ardentísimos rayos de un sol abrasador, cubierto de sudor y de polvo y enredado entre mil aparejos, carretas, correas y patas de mula, se veía todo el día el comandante Bascuñán, sin descansar un solo momento, despachando personalmente las piaras de mulas que llevaban los víveres y municiones a Lurín. Y en aquel laberinto y hacinamiento de mil objetos amontonados en confusión, había bastante tino para que se despachase todo en buen órden, sin enredos ni retardos, sin que una sola piara dejara de llevar a Lurín su correspondiente guía escrita de los bultos que conducía."

Memoria de Pérez de Arce, extraído de La Campaña de Lima de Benjamín Vicuña Mackenna.
La ilustración pertenece a la portada del libro "Así vivieron y Vencieron. 1879-1884 del hisoriador Arturo Sepúlveda Rojas.




martes, 3 de enero de 2017

"COMBATE DE EL MANZANO"

Las disposiciones a la llegada del Ejército de Chile en el valle de Lurín de acampar a la espera del próximo ataque a las fuerzas peruanas apostadas en los alrededores de Lima, fue acompañada de varios reconocimientos a lo largo y ancho del territorio en que se encontraban. De ellos tenemos escaramuzas, presión por parte del enemigo y un combate, en el cual se menciona la valerosa actuación de parte de la oficialidad, que durante toda la guerra peleó codo a codo con el soldado, y también damos cuenta de un batallón que sobresalió en bravura y que poco o nada es mencionado en los anales de la historia: el Curicó.
Nos referimos al combate de el Manzano, también denominado de Pachacamac, dado que se llevó a cabo en esas inmediaciones.
Leamos al corresponsal del Boletín de la Guerra del Pacífico:
"El dia 26 de diciembre las avanzadas de la brigada Barbosa, destacada en Pachacamac, sorprendieron a un peruano i tres chinos que venian del sur, quienes dijeron que a pocas horas del camino dejaban una fuerza de caballería peruana en marcha hacía Lima, i que era la misma que desde Cañete hostilizara hasta Mala a la brigada Lynch.
El coronel Barbosa tomó al punto todas las precauciones para sorprender esta caballería e impedirle su paso al norte, destacando avanzadas en las direcciones convenientes i adelantando una hasta la cima de un desfiladero en el camino de Cieneguillas.
El 27, a las seis de la tarde, el capitán de una de las avanzadas del Curicó dio aviso de que en dirección a las «Lomas del Manzano» se avistaba al enemigo.
El coronel Barbosa partió inmediatamente al lugar amagado por si las fuerzas enemigas que venian eran numerosas, i ordenó que el rejimiento Curicó se pusiera en marcha para reforzar la compañía que estaba de avanzada, al mismo tiempo que cinco compañías del rejimiento 3° de línea debían
escalonarse en el trayecto que forzosamente tenia que recorrer el enemigo para dirijirse a Lima.
El resto del 3°, el Lautaro, el batallón Victoria i la batería de artillería allí acantonada recibieron también orden de estar listas a la primera señal.
Durante estos preparativos, la noche, oscura como nunca, cubría con su negro i tenebroso manto valles i lomas, cerros i llanuras, permitiendo apenas distinguir los bultos a pocos metros. Nuestros soldados, con sus armas listas, dispuestos al combate, anhelantes por medirse con el enemigo, retenían hasta el aliento a fin de no espantar la codiciada presa. En toda la fila reinaba el silencio mas profundo, percibiéndose lejanas pisadas que se aproximaban lentamente.
Los soldados del Curicó ocupaban sus puestos, sin perder el menor rumor, con la mirada centellante tratando de penetrar por entre las espesas tinieblas que los envolvían i resueltos a defender ese paso con sus vidas.
Después de una media hora de espectativa, el enemigo llegó a tiro de pistola i rompió sus fuegos (ocho i minutos de la noche), los qué fueron contestados por la avanzada, i el segundo batallón del Curicó, empeñándose la acción en medio de la oscuridad mas profunda.
El enemigo trató de abrirse paso a través de nuestras fuerzas, al mismo tiempo que su vanguardia echaba pié a tierra i hacia un continuo fuego. En ese momento cayó herido en la cabeza el teniente coronel segundo jefe del Curicó don José Olano, i otra bala que le penetró en el estómago puso fin a
su vida. El capitan ayudante don Nicanor Molinare que estaba a su lado salió ileso, no así cuatro soldados que fueron heridos de gravedad.
Después de un cuarto de hora de tiroteo, la caballería enemiga fué rechazada i puesta en fuga por los infantes del Curicó que le cerraron el paso que ella buscaba. En la refriega cayó muerto el caballo del jefe enemigo, quien no tardó en levantarse i emprender la fuga con su jente.
A pesar de la oscuridad de la noche, el coronel Barbosa ordenó a la fuerza de Cazadores a caballo marchara a cortar el paso a los fujitivos, siguiendo a retaguardia para apoyarla dos compañías del 3.° de línea desplegadas en guerrilla.
Al dia siguiente continuó la persecución del enemigo, que se diseminó por los cerranías i cañaverales, trepando hasta las alturas por senderos casi impracticables, i a donde tenian que subir nuestros soldados. En estas escursiones en persecución de los fujitivos tomaron también parte el sarjento mayor don Francisco Villagran i teniente don Ricardo Walker, ayudantes del estado mayor jeneral, que con un piquete habian salido dos días antes a practicar un reconocimiento en esa dirección, i que pudieron capturar a 53 individuos de tropa, un capitán, un alférez i un telegrafista.
Los prisioneros tomados son:
Coronel don............Pedro José Sevilla.
Sarjneto Mayor ......José cabrera
      "           "............Federico Jereda.
Capitán don ............José Chuman García.
Capitán don.............Pedro P. Espinosa i Ramirez
    "        don.............Juan de la C. Anticona
Teniente...................Guillermo Zavala
Alferez.....................Telesforo Uria
    "      .....................Ismael Virnes
    "      .....................Dióscosides Ramirez.
    "      .....................Abraham García.
    "      .....................Exequiel Valerezo.
Practicante...............Augusto Iturriaga.
Farmacéutico...........Wenceslao S. Marchant.
Telegrafista..............Darío Gómez.
4 sarjentos primeros.
6 id. segundos.
11 cabos primeros.
1 1 id. segundos.
65 soldados.
Total: ciento doce individuos.
Ademas se tomó al enemigo 100 carabinas i otros tantos sables i lanzas, 120 caballos, 1000 animales entre vacunos, cabríos i ovejunos, el aparato telegráfico que traía para comunicarse, el instrumental de la banda de música e importantes comunicaciones.
El enemigo, según parte oficial, tuvo 13 muertos i algunos heridos. Entre los muertos se encuentra el Segundo jefe de esta fuerza de caballería, teniente coronel don Baldomero Aróstegni.
Por nuestra parte tuvimos que lamentar, como lo dijimos mas arriba, la pérdida del teniente coronel de guardias nacionales don José Olano, muerto en los primeros momentos del combate, i que habia abandonado todo por servir a su patria, hogar, una esposa joven, i las comodidades adquirídas durante una vida de continua i tenaz labor.
El comandante Olano tenia unos treinta i cinco años, i así como en Santiago se habia captado la estimación de cuantos le conocían, en el ejército se habia conquistado el aprecio i simpatías no solo del rejimiento Curicó, sino de todos los jefes i oficiales,
La muerte de este distinguido jefe ha sido sentida en todo el ejército.
Fue tal el pánico qne se apoderó del enemigo, que el campo quedó sembrado de despojos. En los cerros i la llanura se veian caballos i mulas sueltas, ropa, baúles, i hasta ornamentos sagrados."

La siguiente ilustración, extraída del Album de la Gloria de Chile de Benjamín Vicuña Mackenna, muestra al Teniente Coronel José Olano, 2° jefe del Curicó.


lunes, 2 de enero de 2017

"PARTE DE URIBE"

21 de Mayo de 1879: se inicia el Combate Naval de Iquique muy temprano en la mañana.
Cuatro horas habría de durar este drama que para nosotros hoy, es un leve momento de lectura, pero que para sus protagonistas debe haber durado una eternidad.
Cada uno de los dos buques que realizaban el bloqueo de Iquique escribió su propia historia y de cada uno de ellos, los sobrevivientes recordaron de por vida la experiencia que les tocó vivir el día en que se vistieron de gloria.
He aquí un parte inédito, del cual no todos teníamos conocimiento. Relato fiel de un testigo crucial del evento y que lo vivió en carne propia.
Leamos sus palabras:

"Pasado por el segundo comandante de la "Esmeralda."

Iquique, mayo 29 de 1879

Tengo el honor de poner en conocimiento de US. que el 21 del presente, después de un sangriento combate de cuatro horas con el monitor peruano Huáscar, la Esmeralda fué a pique al tercer ataque de espolón del enemigo.
El honor de la bandera ha quedado a salvo; pero desgraciadamente tenemos que lamentar la pérdida de tres de sus mas valientes defensores: el capitán Prat, el teniente Serrano
i el guardia-marina Riquelme.
Como a las 7 horas A. M. del dia indicado, se divisaron dos humos al Norte. Inmediatamente se puso el buque en son de combate.
A las 8 horas se reconoció el Huáscar i poco después la fragata Independencia. Se hicieron señales a la Covadonga de venir al habla, i el capitán Prat le ordenó tomar poco fondo e interponerse entre la poblado i los fuegos del enemigo. Al movernos para tomar la misma situación se nos rompieron los calderos i el buque quedó con un andar de 2 a 3 millas.
A las 8 horas 30 minutos, la acción se hizo jeneral. El Covadonga
se batía con la fragata Independencia, haciendo al mismo tiempo rumbo al Sur, i la Esmeralda contestaba los fuegos del Huáscar i se colocaba frente a la población a distancia de 200 metros de la playa.
Desde esta posición batimos al enemigo. Nuestros tiros que al principio eran inciertos, fueron mejorando i varias granadas reventaron en la torre i casco del Huáscar, sin causarle el mas leve daño. Los tiros de este último pasaban en su mayor parte por alto i varios tiros fueron a herir la población.
Nuestra posición era, pues, ventajosa; pero como se nos hiciese fuego desde tierra con cañones de campaña, matándonos tres individuos e hiriendo a otros tantos, el capitán Prat se vio obligado a ponerse fuera de alcance. En este momento,10 hs. A. M., una granada del Huáscar penetró por el costado de babor i fué a romperse a estribor cerca de la línea de agua, produciendo un pequeño incendio que fué sofocado a tiempo por la jente del pasaje de granadas.
Mientras tanto, el Huáscar se habia acercado como a 600 metros i a esta distancia continuó la acción cerca de una hora, sin recibir otra avería que la que dejo indicada. Viendo el Huáscar el poco efecto de sus tiros, puso proa a la Esmeralda.
Nuestro poco andar impidió al capitán Prat evitar el ataque del enemigo; su expolon vino a herir el costado de babor frente al palo mesana i los cañones de su torre, disparados a toca pañoles antes i después del choque, hicieron terribles estragos en la marinería. El capitan Prat, que se encontraba sobre la toldilla desde el principio del combate, saltó a la proa del Huáscar, dando al mismo tiempo voz de ¡AL ABORDAJE!
Desgraciadamente, el estruendo producido por toda la batería al hacer fuego sobre el Huáscar, impidió oir la voz de nuestro valiente comandante; i de los que se encontraban en la toldilla con él, solo el sarjento pudo seguirlo: tal fué la lijereza con que se retiró la proa del Huáscar de nuestro costado. El que suscribe se encontraba en el castillo de proa i desde ahí tuve el sentimiento de ver al bravo capitán Prat caer herido de muerte al pié mismo de la torre del Huáscar.
Inmediatamente me fui a la toldilla i tomé el mando del buque. Mientras tanto nos batíamos casi a boca de jarro, sin que nuestros proyetiles hiciesen el menor efecto. En cambio, las granadas de este último hacian terribles estragos: la cubierta i entrepuente se hallaban sembrados de cadáveres.
Volvió el Huáscar a embestirnos con su espolón directamente al centro del buque. Goberné para evitar el choque, pero la Esmeralda andaba tan poco, que no fué posible evitarlo i recibió el segundo espolonazo por la amura de estribor.
Esta vez el teniente Serrano, que se encontraba en el castillo saltó a la proa del Huáscar, seguido como de doce individuos. En la cubierta de este último no se veía un enemigo con quien combatir, pero de la torre i parapetos de popa salía un mortífero fuego de fusilería i ametralladoras. El valeroso teniente Serrano i casi todos los que lo siguieron, sucumbieron a los pocos pasos. La lijereza con que se retiraba de nuestro costado la proa del Huáscar i el poco andar de la Esmeralda para colocarse a su costado, único modo como habría podido pasar todo el mundo a la cubierta del enemigo, hacian imposible todo abordaje. Por este tiempo, nuestra tripulación habia disminuido enormemente. Teníamos mas de cien individuos fuera de combate; la Santa Bárbara inundada i la máquina habia dejado de funcionar. Los pocos cartuchos que quedaban sobre cubierta sirvieron para hacer la ultima descarga al recibir el tercer ataque de espolón del enemigo. El guardiamarina señor don Ernesto Riquelme, que durante la acción se portó como un valiente, disparó el último tiro; no se le vió mas i se supone fué muerto por una de las últimas granadas del Huáscar.
Pocos momentos después del tercer espolonazo, se hundió la Esmeralda con todos sus tripulantes i con su pabellón izado al pico de mesana, cumpliendo así los deseos de nuestro malogrado comandante, quien, al principiar la acción dijo: "¡Muchachos! La contienda es desigual. Nunca se ha arriado nuestra bandera ante el enemigo: espero, pues, no sea esta la ocasión de hacerlo. Mientras yo esté vivo, esa bandera flameará en su lugar, i os aseguro que si muero, mis oficiales sabrán cumplir con su deber."
Los botes del Huáscar recojieron los sobrevivientes, i en la tarde del mismo dia fuimos desembarcados en Iquique en calidad de prisioneros.
Acompaño a US. una relación de la oficialidad i tripulación que han salvado i que se hallan presos en este puerto.
Dios guarde a US.
Luis Uribe."

La ilustración pertenece a la portada del libro "La Dotación Inmortal" y fue hecho por Eduardo Rivera Silva.



"PARTE DE CONDELL"

Iniciamos este nuevo año con un relato heróico, tan poco mencionado en la Historia de Chile que viene la pregunta: ¿por qué si el hundimiento de la Esmeralda, que encendió tanto los pechos de ira y de venganza, ha sido destacado y con justa razón, a través de los tiempos?...¿por qué al triunfo de la Covadonga, que los llenó de orgullo y grande felicidad y satisfacción, ha pasado sin pena ni gloria por la memoria nacional?...
Nuestro deseo es destacar cada hecho y cada memoria, y no cejar en elevar a nuestros máximos héroes al pedestal que les corresponde.
Es por eso que compartiremos en esta ocación con uds. el parte de Condell acerca del Combate Naval de Iquique y la participación que le cupo a él, a su tripulación y a una de las más humildes pero gloriosas naves que ha tenido la Armada de Chile, "La Covadonga", en Punta Gruesa, el 21 de mayo de 1879.

Leamos al Capitán:

"Comandancia de la cañonera "Covadonga"

Antofagasta mayo 27 de 1879.

Tengo la honra de dar cuenta a US. del combate que ha tenido lugar entre este buque i la Esmeralda, que quedaron sosteniendo el bloqueo de Iquique, después de la partida del buque almirante i el resto de la escuadra, con los blindados peruanos Huáscar e Independencia.
Eran las 6 1/2 de la mañana del 21, cuando 
encontrándonos de guardia fuera del puerto, avistamos al norte dos humos, los que poco después reconocimos ser de los dos blindados antedichos. Inmediatamente lo comunicamos a la Esmeralda, quien nos puso señal de «seguir sus aguas,» poniéndonos acto continuo en son de combate i saliendo afuera para batirnos.
Las ocho de la mañana sonaban cuando una bala del blindado Huáscar dio en medio de nuestros dos buques, que se encontraban al habla. En seguida, poniendo la proa el blindado Huáscar a la Esmeralda i la Independencia al Covadonga empezó el combate, rompiendo nosotros los fuegos. Vista la superioridad del enemigo, asi como también la treintena de botes que se destacaban de la playa en ausilio de nuestros enemigos, i comprendiendo que por mas esfuerzos que hiciéramos dentro del puerto nos era difícil, sino imposible, vencer o escapar a un enemigo diez veces mas poderoso que nosotros, resolví poner proa al sur, acercándome lo mas posible a tierra. Miéntras tanto, la Esmeralda quedaba batiéndose dentro del puerto. Durante cuatro horas consecutivas soportamos los fuegos que el blindado Independencia nos hacia sostenidamente, habiendo recibido varios que nos atravesaron de banda a banda el palo de trinquete i nos rompieron las jarcias del palo mayor i palo trinquete i el esquife con sus pescantes, que se fué al agua. Tres veces se nos acercó enfilándonos de popa con su espolón para echarnos pique. En las dos primeras no se atrevió, sea por temor de no encontrar agua para su calado o por el nutrido fuego de cañon i de fusil que le hacíamos, contestándonos ellos lo mismo, i ademas con ametralladoras desde las cofas. La tercera tentativa parece que era decisiva i a 250 metros de nuestra popa recibió algunos balazos con cañones de a 70, que lo obligaron a gobernar a tierra i vararse en un bajo que nosotros pasamos rozando. Gobernamos a ponernos por la popa donde no podia hacernos fuego. Al pasar por el frente le metimos dos balas de cañón de a 70 que ellos nos contestaron con tres tiros sin tocarnos.
Saludamos con un ¡hurrah! la arriada del estandarte i pabellón peruanos que dicho blindado hacia tremolar en sus topes, viendo reemplazadas estas insignias por la bandera de parlamento. Púseme al habla con el comandante rendido, quien, de viva voz, me repitió lo que ya me habia indicado el arrio de su pabellón, pidiéndome al mismo tiempo un bote a su bordo, lo que no pude verificar, no obstante mis deseos porque el blindado Huáscar, que habia quedado en el puerto, se nos aproximaba. Inter tanto, la tripulación de la Independencia abandonaba el buque i se refujiaba en tierra, parte en botes i parte a nado.
Trabajando nuestra máquina con solo cinco libras de presión, i el buque haciendo mucha agua a causa de los balazos que recibió, creí aventurado pasar a bordo del buque rendido. Proseguí, pues, mi retirada al S. llevando la convicción de que la Independencia no saldría de allí.
El Huáscar, que como he dicho, quedó batiendo dentro del Puerto a la Esmeralda, se nos acercaba a toda fuerza de máquina. Tomé todas mis precauciones para empeñar un segundo combate, que por lo desventajoso de nuestra situación parecía imposible evitar, pues carecíamos de balas sólidas i la jente estaba rendida después de cinco o seis horas de sostenido combate con ambos buques enemigos. Momentos después i cuando dicho blindado estaba como a seis millas de nuestra popa i por la cuadra del vencido, lo vi dirijir su proa en ausilio de la Independencia. Este retraso en su marcha permitió que avanzáramos un tanto mas, lo necesario para distinguirlo nuevamente, minutos después, i como a diez millas, siempre en nuestra persecución.
Con la caida del dia i la oscuridad de la noche, perdimos de vista al enemigo; i tratando de aprovechar la brisa que soplaba en esos momentos, hice rumbo al oeste. Proseguí navegando con ese rumbo hasta las doce de la noche, hora en que, creyendo que el Huáscar hubiese cesado en su propósito, me dirijí hacia tierra gobernando convenientemente.
Recalamos a Tocopilla adonde el buque recibió, con auxilios de carpinteros enviados de tierra, las reparaciones mas urjentes, tapando los balazos a flor de agua; i proseguí al sur en la mañana del 24 tocando en Cobija a las 2 i media P. M., donde recibimos al vapor del norte que condujo al contador a Antofagasta i a los heridos, con la comisión de verse con el jeneral en jefe para pedirle un vapor que fuera a encontrarnos, pues el buque no andaba mas de dos millas i seguia haciendo mucha agua. A veinte millas de Antofagasta recibimos el remolque del vapor Rimac, que nos condujo a este puerto, donde fondeamos a las 3 A. M. del 26.
Supongo que US. tendría desde ayer datos de la acción.
Terminaré este parte lamentando la pérdida de nuestro compañero el doctor don Pedro R. 2.° Videla, que dejó de existir horas después del combate a consecuencia de una bala que le llevó los dos pies; i en el equipaje, la muerte del grumete Blas 2. Tellez i del mozo Felipe Ojeda. Hubo cinco heridos, pero no graves, entre los cuales se cuenta el contador del buque, que recibió dos balazos.
Hago una especial recomendación del teniente 1° don Manuel J. Orella, cuyo valor, serenidad en su puesto, i resolución a bordo han sido ejemplares. A la vez recomiendo particularmente el buen desempeño del injeniero 2.° don Emilio Cuevas bajo cuya dirección está la máquina.
Los oficiales, tanto de guerra como mayores, se condujeron
valientemente i cada cual estuvo siempre a la altura de su deber i de su honor, como oficial i como chileno. Respecto a la tripulación, supo cumplir con su deber; i hubo momentos tales de entusiasmo, que cada cual manifestó que estaba resuelto a morir obedeciendo al jeneroso sentimiento patriótico de no entregar el buque.
Por el próximo vapor comunicaré a US. más estensamente detalles sobre el combate. 
Al querer dar término a la presente el Huáscar que entra del sur a las 2 1/2 P.M empeña el combate con nuestro buque i ios cañones de tierra, i en este momento (las 6 h. 45 m) cesa el fuego, pues el Huáscar se hace afuera.
A bordo no ocurre novedad i como siempre la oficialidad tripulación corresponden a la confianza de la patria.

Dios guarde a US.

Carlos A. Condell.
Al señor Comandante jeneral de Marina."

En la foto podemos ver a la Covadonga llegando a Valparaíso. Se dice que la Indepedencia estuvo tan cerca de nuestro valeroso buque, que la bandera chilena tocaba la proa del barco peruano.


"EL CORNETA ÁVILA

En la denominada "Campaña de la Sierra" nuestros soldados fueron puestos a duras pruebas dado que el ejército de el Brujo de los Andes se había propuesto, junto a sus montoneras, hacer la vida de nuestro ejército muy difícil gracias a que pudo convencer a las gentes de los poblados serranos a "combatir al invasor". Mientras tanto nuestros hombres sufrían las penalidades del clima y del hambre, y la poca previsión desde Lima para el sustento de sus necesidades básicas y medicinales.
El escritor Benjamín Vicuña Mackenna en su folleto "Sangra: La Jornada Heróica", hace una detallada descripción del combate que se llevó a cabo entre los Buines y el ejército del Coronel Vento, junto a sus montoneras, y que se llevó a cabo en el mes de Junio, el día 26, del año 1881.
Gracias al testimonio del Capitán José Luis Araneda, podemos enterarnos de muchos detalles, y uno de ellos es acerca del corneta de la compañía apostada en la hacienda de Sangra; un niño de 12 años, osornino y de apellido Ávila. Se cuenta de él que llevaba en su cartuchera un diario escrito de sus experiencias, "de sus marchas y faenas" durante su estada en el ejército. Era un niño que se había escapado de su casa para estar en una guerra de adultos, pero ya era todo un veterano.
Durante todo el combate, que como todos los de la Sierra, fue en número desigual, el jóven corneta Avila, empuñó su fusil y peleó bravo como sus compañeros, los que, a medida que pasaban las horas, yacían muertos o gravemente heridos. De 54 buines, que iniciaron el combate a las 13:00 hrs. del domingo 26, a las 22:00 hrs. sólo quedaban 12 vivos más sus tres oficiales y dos niños, uno de ellos nuestro valeroso corneta.
El capitán Araneda a cada llamada del enemigo de rendirse, mandaba a su corneta a tocar "calacuerda" a modo de respuesta, y así parapetados en un galpón de calamina, solos pero bien armados, los buines continuaron la pelea.
Cuenta el héroe de esta jornada que el ejército de Vento y sus montoneras había abandonado el lugar después de intentar por todos los medios, incluso incendiar su propia hacienda, de derrotar a los Buines, cosa que no consiguió. El combate duró trece horas!!, y al amanecer el Capitán de los Buines hizo tocar la diana de los vencedores al pequeño y valiente corneta osornino.
De este niño héroe habla así don Benjamín Vicuña Mackenna:
"A cada intimación de rendición el corneta Ávila (que "águila" debió llamarse) empuñaba su clarín a una señal de su jefe, i el toque de cala cuerda, grato al chileno, resonando entre aquellos agrestes picos habría parecido la palabra de Chile que llevaba en el fornido pico de los cóndores, fuera diciendo a sus émulos: ¡No me venceréis!"