martes, 16 de mayo de 2017

"LA ESCUADRA DE REGRESO DE EL CALLAO: MAYO DE 1879"

La pregunta es: ¿se enteró la escuadra chilena, que había navegado a El Callao, acerca del Combate Naval de Iquique? Y si así fue ¿bajo qué circunstancias habrán recibido tales noticias?...
Recordaremos pues, que nuestras queridas goleta "Covadonga" y corbeta "Esmeralda", se hayaban bloqueando el puerto de Iquique mientras la escuadra, comandada por el Contra Almirante Juan Williams Rebolledo, viajaba a El Callao en busca del "Huáscar" y la "Independencia". Al llegar a ese puerto la noche del 22 de mayo y a la mañana del 23 descubrir que los buques de guerra peruano ya no se encontraban, decidieron emprender el regreso rapidamente, pero esto le tomó varios días puesto que se encontraban en ascuas e incomunicados de lo que pudiera ocurrir en Iquique. Sólo conjeturas y una gran ansiedad.
Es recién el día lunes 26 de mayo que la escuadra chilena, luego de un largo viaje, se entera de los sucesos acaecidos el pasado día 21:

"Como a las cinco se avistó un vapor que navegaba cerca de la costa, i se dio orden a la Magallanes de ir a reconocerlo, mientras la escuadra esperaba noticia.
La cañonera se lanzó en persecución del buque sospechoso,
i después de una larga caza le dio alcance entrada ya la noche. Poco después, habiendo comunicado con él, puso señales de «noticias importantes.»
Inútil es ponderar la ansiedad que causó en todos los buques este anuncio.
Traído el capitán a bordo, dio sumariamente las noticias del combate de Iquique, anunciando la pérdida de la Etsmeralda i de la Independencia i la escapada de la Covadonga.
Esta noticia fué confirmada en todas sus partes por un pasajero i dos marineros, que componían toda la tripulación.
El capitán del vapor era un señor Sauri, oficial de la marina peruana, i había salido de Huanillos el 23.
Su vapor se llamaba Belletas, siendo una pequeña embarcación que se ocupaba en hacer el comercio de cabotaje entre el Callao i los puertos del Sur. Aunque llevaba bandera inglesa, sus papeles no estaban en regla, porque la
tomó después de la guerra i porque el capitán no era de nacionalidad británica, como lo exije la lei inglesa, siendo oficial de marina peruana por añadidura. Pero se le dejó en libertad, sin duda en premio de la noticia.
A las ocho de la noche, después de recibidas i comentadas estas noticias, nos pusimos de nuevo en movimiento con rumbp al Sur.
En la mañana de este dia (27 de mayo)se comunicó a los demás buques la noticia del combate en estos términos:
«Por el vapor se ha sabido que el Huáscar i la Independencia
habían tenido un combate con la Esmeralda i la Covadonga en Iquique. La Esmeralda a pique con gloria.
La Covadonga escapó a Antofagasta. La Independencia persiguiendo al Covadonga, se varó en Punta Gruesa, perdiéndose completamente.»

"Cartas de la Escuadra"
Pascual Ahumada Moreno

En la imagen una postal del Puerto El Callao, donde la Escuadra pensaba encontrar y atacar a los buques enemigos.




"LOS ANÓNIMOS DE LA GESTA DE IQUIQUE"

Gracias a recientes investigaciones encargadas a personal de la Armada de Chile, tenemos la nómina oficial de la tripulación de la "Esmeralda", que sucumbió rodeada de gloria aquella mañana de mayo de 1879.
En esta investigación se recabaron los nombres de cada uno de los marinos, soldados y personal de los distintos puestos que tuvieron participación del Combate Naval de Iquique.
En esta ocación les traemos a uds. los nombres de quienes tuvieron uno de los trabajos más anónimos y duros en la vieja embarcación y es que trabajar en la sala de máquinas al calor del fuego y el hollín del carbón es una tarea pesada y más aún aquella mañana en que las esperanzas para nuestra querida y vieja mancarrona se veían apagadas por el fuego enemigo.
Leamos con atención y sumo respeto los nombres de los fogoneros y carboneros de la fragata "Esmeralda":
"Carboneros
Candelario Apablaza
Hijo deJuan Apablaza y Mercedes Vega, al momento de su filiación en la Armada se declaró católico y soltero. Aparece inscrito el 20 de febrero de 1879, contratado para servir como carbonero por un año a bordo de la "Esmeralda". Tenía 19 años. Falleció en el transcurso del combate.
José Abdón Figueroa
Hijo de José Figueroa y Rosario Beltrán, al momento de su filiación se declaró católico y soltero. Se contrató el 20 de febrero de 1879 para servir como carbonero por un año a bordo de la corbeta "Esmeralda". Tenía 20 años. Murióen el transcurso del combate.
José Manuel Ramírez
Hijo de Pedro Ramírez e Isabel Urtubia, al momento de su filiación se declaró católico y soltero. Se contrató el 20 de febrero de 1879 para ser carbonero porun año en la corbeta "Esmeralda" Tenía 20 años. Falleció poco después del segundo espolonazo del "Huáscar", al estallar una granada en el compartimento de la sala de máquinas.
Roberto Vergara
Hijo de Tadeo Vergara y Mercedes Abarca, al momento de su filiación se delaró católico y soltero.Se contrató el 20 de febrero de 1879 para servir como carbonero por un año en la corbeta "Esmeralda". Tenía 18 años. Falleció en el transcurso del combate.
Fogoneros
Carlos Araneda
Hijo de Manuel Araneda y María de los Santos Torres. Se contrató el 20 de febrero de 1879 para servir a la Armada como Fogonero 2° por un año y fue destinado a la corbeta "Esmeralda". Tenía 27 años. Falleció en el transcurso del combate.
Rosso Bartolomeo
Natural de Italia, hijo de Jacomo Bartolomeo y Ana María Rossi. Fue contratado el 28 de febrero de 1879 para servir como fogonero 2° por una año en la corbeta "Esmeralda".
Católico y soltero. Tenía 28 años de edad. Sobrevivió al combate y fue recogido por el Huáscar y hecho prisionero en Iquique. Vuelve a Valparaíso junto a la liberada tripulación, y recibe todas las condecoraciones correspondientes. Luego de esto se pierde su rastro.
Ramón Díaz
Hijo de Juan Bautista Díaz y Josefa Castillo. Nacido en Ovalle. Al momento de su filiación se declaró católico y casado. Se contrató para servir como fogonero 2° por un año en la corbeta "Esmeralda". Tenía 31 años. Falleció en el transcurso del combate.
Desiderio Domínguez
Hijo de Juan Domínguez y Tiburcia Navarrete.Al momento de su filiación se declaró católico y casado.Se contrató el 21 de febrero de 1879 para servir por un año como fogonero 2° a bordo de la corbeta "Esmeralda". Este porteño logró salvar con vida de la inundación de la sala de máquinas que se produjo en el tercer espolonazo del monitor "Huáscar". Estuvo prisionero en Iquique y volvió a Valparaíso donde recibió todas las condecoraciones y honores correspondientes.
Volció al servicio en 1880 y estuvo embarcado en el vapor Abtao como fogonero 2°.
Falleció en Valparaíso en 1866. Su familia quedó indigente y la Intendencia organizó una colecta pública la cual también recibió apoyo de la viuda de Prat, doña Carmela Carvajal, quien "sufría por la ingratitud nacional hacia los pobres héroes".
José Donaire
Fogonero 2° de la corbeta Esmeralda. Sobrevive al combate y recibe los honores correspondientes en Valparaíso. Como gran parte de los sobrevivientes se embarcó en el monitor "Huáscar" participando en los combates de Arica y de El Callao, en su mismo puesto. Se licenció en 1883 y fijó su residencia en Iquique.
No hay más datos deeste tripulante.
Pedro Estamatópoli
Natural de Grecia, hijo de Anastasio y Caterina. Se declara soltero y de religión griega. Fue contratado como fogonero 1° el 28 de febrero de 1879 para servir por un año a bordo de la "esmeralda". Tenía 24 años. Sobrevivió al combate. Vuelve a Valparaíso y recibe todos los honores y condecoraciones correspondientes. Se reincorporó para servir a bordo del Monitor Huáscar y participó en los combates de Arica y El Callao.
En 1880, y al igual que los otros sobrevivientes que se encontraban a bordo del Huáscar solicitó y obtuvo la pensión que otorgaba la ley. Luego de esto, al parecer, se licenció.
Alejandro Horvath
Natural de Alemania, al momento de su filiación se declaró hijo de Dionisio y Teresa Horvath, católico y soltero. Se contrató el 28 de febrero para servir por un año a bordo de la corbeta "Esmeralda", pero ya antes había servido como fogonero en el "Cochrane" en el año 1876. Tenía 26 años. Falleció en el transcurso del combate.
Bartolo Mesa
Hijo de Bruno Mesa y Lorenza Núñez,. Católico y soltero. Fue contratado el 20 de febrero de 1879 para servir por un año como fogonero 2° a bordo de la corbeta "Esmeralda". Tenía 31 años. Falleció cuando la santabárbara se inundó, luego del segundo espolonazo del Huáscar.
Nicasio Miranda
Hijo de Antonio Miranda y María Uribe. Católico y soltero. Se contrató el 28 de febrero de 1879 para servir como fogonero 2° por un año a bordo de la corbeta "Esmeralda". Tenía 25 años. Falleció en el transcurso del combate.
Andrés Pavez
Hijo de Andrés Pavez y Juana Sepúlveda. Casado y católico, tenía 49 años. Se contrató por una año para servir a bordo de la "Esmeralda" como fogonero 2°. Sobrevivió al combate y fue tomado prisionero. El 3 de diciembre regresó a Valparaíso junto a los otros tripulantes y recibe los honores y condecoraciones correspondientes. Se embarca en el "Huáscar" y se encuentra presente en los combates de Arica y El Callao. En 1880 obtuvo la pensión y beneficios consedida por la ley a los sobrevivientes.
Estuvo embarcado en el "Huáscar" hasta marzo de 1883, fecha en que seún disposiciones de la Comandancia vuelve a tierra por enfermedad.
Según investigaciones, pavez, a fines de siglo XIX, vivía en Santiago.
Juan Bautista Segura
Hijo de Francisco Segura y Victoria palomino. Católico y soltero. Se contrató el 20 de febrero como fogonero 2° para servir a bordo de la "Esmeralda" por un año. Tenía 28 años. Falleció en el transcurso del combate.
Francisco Ugarte
Servía a bordo de la corbeta "Esmeralda" como fogonero 2°. Fue herido y falleció en el hospital de Iquique el 9 de agosto de 1879.
Según investigaciones Ugarte pudo haber formado parte del grupo que saltó con Uribe al abordaje,puesto que el único herido recogido por el "Huascar" fue el grumete Agustín Coloma. Lo que lleva a la conclusión que se encontraba a bordo del Huascar al momento del hundimiento de la corbeta "Esmeralda". Fue sepultado en una fosa común en el cementerio de Iquique. Hoy su nombre se encuentra escrito en un monolito en el Cementerio N° 1 de Iquique.
Gabriel Urra
Fogonero 1° de la corbeta Esmeralda. Falleció en el transcurso del combate.
No hay más información acerca de este tripulante."
Fuente: "La Dotación Inmortal"
"En la imagen vemos una recreación de cómo pudo haber sido la sala de máquinas de la "Esmeralda. En esta podemos ver al ingeniero, que vigila la máquina de biela invertida y de doble expansión, se ve, la gran caldera y algunos hombres transportando carbón. Después del segundo espolonazo, esta sección se inundó rápidamente. El agua fría del mar, en contacto con la caldera, debe haber producido, una gran nube de vapor que atrapó a muchos."
(Historia Ilustrada del Célebre Combate Naval de iquique/Edición Argentina)


"DIARIO DE LA COVADONGA"

Un extracto del diario de la "Covadonga", en el cual detalla con perfecta exactitud los hechos que le acontecieron a dicha embarcación en el transcurso del Combate Naval de Iquique, el 21 de Mayo de 1879, y cuyo esfuerzo y tezón fueron premiados con la gloria de la victoria.
No debe haber sido fácil para la tripulación, comandada por Carlos Condell, recibir la persecución de la "Independencia"; pero los hombres de mar que son curtidos a través de fuertes tempestades marinas no cejarían, hasta conseguir un resultado menos adverso.Quizás habrían sufrido la misma suerte que la "Esmeralda", y al leer su informe pareciera que así sería, pero el destino quizo contar otra historia y hoy podemos conmemorar su triunfo tal cual ellos lo hicieron aquel mediodía ya lejano:
"Dia 21.—
De 12 a 4 A. M. amarrados en la boca del puerto en 25 brazas de fondo con un anclote i 60 brazas de espías. Entre las 4 i 8 A. M. limpieza ordinaria con la jente de guardia. A las 6 A. M. se llamó la otra guardia i se mandó levar.
A las 6.15 minutos se avistaron dos buques al Norte i se pusieron señales de aviso a la Esmeralda. Se disparó un cañonazo momentos después que fueron reconocidos los buques enemigos Huáscar e Independencia i se gobernó al Norte como un cuarto de hora para efectuar el reconocimiento i luego viramos en demanda del fondeadero, acercándonos a 600 metros de la Esmeralda i cambiamos las señales: «¿almorzó tripulación? Reforzar las cargas.»
A las 7 salimos en convoi los dos buques i fuera del puerto a una i media millas nos pusimos al habla. El comandante
Prat de la gloriosa corbeta dijo: «Seguid mis aguas, resguardarse con la población i cumplamos con nuestro deber.» El comandante de la Covadonga contestó: «All right» i nuestra jente aplaudió con tres hurras i vivas a Chile, llena de entusiasmo, que a la vez fué una plegaria en recuerdo de nuestra amada patria. Al terminar esa patriótica manifestación, la Covadonga, gobernó por la proa de la Esmeralda i uno i otro buque rompieron sus fuegos sobre el Huáscar, viendo que la Independencia también nos hacia fuego.
Mas o menos, una hora nos batimos con ese buque, mientras tanto el señor comandante gobernó i tomó los bajos de la isla, que fué nuestra salvación. En esa posición la Independencia, peruana se nos vino encima i fué rechazada por nuestra artillería i también porque vio que no podia llegar a nosotros. Desde ese momento, las 9 de la mañana, continuamos al Sur navegando de reca en roca i contestando los fuegos del enemigo con la presteza que nos era posible. La Independencia se mantuvo dos veces a 1,500 i 2,000 metros de nuestro costado i nos hizo fuego por baterías i otras dos veces intentó darnos un golpe de espolón, pero tuvo que renunciar por temor de irse a la playa. Mientras tanto el comandante gobernaba su buque de tal suerte, que sin dejar su importante i estratégica posición, gobernaba ya de un lado o de otro lo necesario para dar tiro a nuestros cañones.
Mas de una vez creímos el buque perdido ya por las balas como también por los bancos de piedras. Recibíamos cada tres minutos una descarga cerrada por batería de la Independencia, que ya nos presentaba un costado i luego el otro, haciéndonos un fuego muí nutrido, felizmente poco certero.
A las 11.40 la Independencia, que indudablemente había
recibido muchos tiros, gobernó a nosotros a darnos el golpe de gracia con su espolón, i haciéndonos fuego muí nutrido hasta tomarnos de enfilada i consiguió acercarse a la menor distancia de 300 metros que nos permitió dispararle cuatro tiros muí bien acertados. A las 12 la Independencia se varó i arrió botes. La Covadonga gobernó entonces i dio una vuelta por el O. al NO., poniendo proa al S. en medio de locos vivas de gloria. El enemigo, mientras tanto, arrió su pabellón de guerra, que izaba al palo mayor i también su bandera, izando después la bandera de parlamento. Estando a 200 metros de distancia, el comandante de la Independencia nos dijo con bocina: "no me tiren mas, estoi rendido, mándenme un bote.»
Nuestro comandante resolvió continuar al Sur inmediatamente,
deseando conservar el buque, librándonos del Huáscar, que mui luego vino a seguirnos. Después de dos horas nos dejó i cruzó hacia la Independencia, que luego la vimos arder. El Huáscar intentó seguirnos, pero luego volvió al Norte.
Murió el señor doctor.
Lanzamos velas para aprovechar el viento; mucha vijilancia. Se distribuyó el servicio i hasta las doce de la noche no hubo novedad. El buque haciendo mucha agua..."
Fuente: Libro "Guerra del Pacífico" de Pascual Ahumada Moreno
Óleo de Tomás Sommerscales del Combate de Punta Gruesa


"TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE"

Cuando comenzaron a llegar los primeros cables con noticias del Combate Naval de Iquique, la información, en Valparaíso y Santiago, no se manejaba con exactitud. Los únicos que algo habían visto eran los barcos extranjeros y el Lamar, que se encontraban observando los sucesos que acontecían en la rada de Iquique. Los sobrevivientes de la "Esmeralda" que se hayaban prisioneros, recibieron permiso para poder escribir a Chile, a sus seres queridos, acerca de las experiencias que vivieron en tan memorable fecha. De estas cartas podemos extraer los relatos de lo que con exactitud ocurrió.
Uno de esos sobrevivientes fue el Teniente Francisco 2° Sánchez Alvaradejo:
Nacido en Ancud el 4 de octubre de 1851, Francisco Sánchez ingresa a la Escuela Naval de Valparaíso en 1862, ya que su familia se había trasladado a esa ciudad.
Participó en la guerra contra España en el Combate Naval de Abtao como guardiamarina a bordo de la goleta "Covadonga".
Durante las campañas de la Araucanía lo vemos como miembro de la tripulación del vapor "Ancud".
En el año 1870 Sánchez es trasbordado a la corbeta "O'Higgins" y participa de un viaje de instrucción de cadetes de la Escuela Naval y aprendices de grumete a la Isla de Pascua.
En febrero de 1879, siendo teniente, es nombrado oficial instructor de artillería de la corbeta "Esmeralda", siendole asignada la batería de estribor, que tuvo como misión contrarestar el ataque recibido desde tierra aquel 21 de mayo.
Como todos los tripulantes de nuestra querida y añorada mancarrona, Sánchez no abandonó su puesto hasta el fin y luchó junto a sus compañeros valerosamente.
Fue rescatado de las aguas y hecho prisionero y es en este estado que en junio de 1879 escribe una carta a su hermano contando los hechos que acontecieron aquella mañana en que la "Esmeralda" se hundió para siempre. En ellos el teniente aclara los puntos que la prensa desconocía:
Extracto:
"Como estamos completamente incomunicados, rodeados de centinelas, solo hemos podido obtener mui pocas noticias respecto a la opinión de la prensa chilena. Por una casualidad, entre la ropa que mandábamos comprar, nos llegó un pedazo del Mercurio del 30 i nos sorprendió que en nuestra patria crean que la Esmeralda sucumbió en el momento que nuestro comandante Prat pasó a la cubierta del Huáscar con el sarjento de la guarnición Juan de Dios Aldea, que fué el único que alcanzó a acompañarle, cayendo herido con siete balazos.
El valiente comandante Prat abordó al enemigo en el primer espolonazo que tuvo lugar, mas o menos, a las 11:00 A.M. i nuestro buque desapareció de la superficie a la 1 1/2 P. M.
Se deduce de aquí que nos hemos batido sin nuestro comandante con poca diferencia dos hora.
Cuando recibimos el primer choque, habíamos perdido poca jente, i el Huáscar se retiró con tanta precipitación que a pesar que lo recibimos en la aleta de la guardia de bandera formada en la toldilla, precisamente en el lugar del espolonazo, solo uno, que fué el sarjento, alcanzó a saltar. Muchos dirán ¿cómo es que no se tomó alguna providencia para asegurar el abordaje? En la guerra marítima el combate con espolón era casi desconocido.
En esos supremos momentos toda la jente estaba en sus puestos de combate. Nuestra artillería sostenía un fuego nutrido i era mayor la excitación del combate a medida que avanzaba el enemigo. Por otra parte, los tiros de fusilería ayudados de los rifleros de las cofas, agregados a los disparos de los cañones del enemigo i sus ametralladoras, formaban un conjunto aterrador. En medio de ese inmenso eco del combate, de los gritos de los heridos, etc., nuestro comandante tuvo la inspiración de abordarlo, i acto continuo dio la voz de «al abordaje,» voz que no fué oída sino por los que estaban mui cercanos.
La pérdida del comandante produjo en la tripulación una profunda impresión. La idea de la venganza se apoderó de todos i cada uno quiso ser un héroe para imitar su ejemplo.
Valor inútil: nada podíamos hacer sino esperar la muerte con resignación. En efecto, momentos después de este primer choque, el Huáscar a toca penoles nos arrojaba su gruesa artillería, i las bajas en nuestra jente se sucedían con suma rapidez. Envidia nos daba ver caer muerta nuestra jente. Los sufrimientos para éstos habian terminado. Desgraciados
eran los que caían heridos. Eran espantosos los gritos de estos infelices i no podia prestárseles ningún ausilio. El cuerpo médico era insuficiente para atender a tantos heridos, asi es que todo lo que se hacia con ellos era hacerlos a un lado para que no estorbaran a la artillería. Sabíamos que todos teníamos que morir momentos después.
Habia cadáveres que quedaban divididos i cauterizados. A cada momento se encontraban piernas i brazos que no se sabia de quienes eran. No creo que haya otros ejemplos de un combate tan horrible. El fuego continuaba con la misma viveza por ambas partes, i el enemigo a setecientos metros se preparaba para darnos la segunda embestida.
Muerto el capitán Prat, Uribe tomó su puesto i yo el de Uribe. Nos reunimos luego que fué posible con el teniente Serrano para conferenciar sobre la determinación que debíamos tomar, si echar a pique el buque para evitar derramar mas sangre, pues creo que no bajarían de 40 a 50 los muertos i heridos, o continuar combatiendo hasta sucumbir. Resuelto esto último, volvimos a nuestros puestos; pero yo quedé siempre en la batería por ser allí mas útiles mis servicios.
Era el instructor de la artillería i conocía la jente, i por consiguiente podia llenar las bajas con los individuos mas aptos para las vacantes que quedaban.
Era curioso lo que pasaba en mi imajinacion i creo que lo mismo sucedía a los otros. Del mismo modo que los trabajadores esperan los dias domingos para descansar, yo miraba con cierta satisfacción, que no sé cómo esplicarla, la segunda venida del enemigo. Sabia que un segundo espolonazo no podríamos resistirlo i de un solo golpe daria fin con todos i descansaríamos por consiguiente de presenciar tantas desgracias.
En el momento del segundo choque, veo a Serrano que se dirije a proa, i al acercarse me dice: "Amigo Sánchez,estamos", i continuó su camino. Grande fué mi sorpresa cuando lo veo saltar a la cubierta del Huáscar con diez a doce hombres que también murieron. Este es otro hecho que demuestra el arrojo hasta el sacrificio de Serrano i los que le acompañaban. Serrano fué mui valiente desde los primeros momentos del combate. Una serenidad admirable unida a un valor que dio a conocer a cada momento. Si el capitán Prat se ha inmortalizado por su valor, igual cosa debe acontecer con el amigo Serrano.
El enemigó se retiró hasta la distancia de seiscientos metros mas o menos. Concluimos de quemar los últimos cartuchos. La Santa Bárbara se inundó completamente, ahogándose los que se encontraban dentro. Solo el condestable alcanzó a salvarse por haber un momento antes subido al entrepuente. La máquina dejó de funcionar. El agua subió hasta los fuegos i concluyó el vapor. En las mesas de la sala de amputación, que era la antecámara de guardias marinas, habian muchos heridos de gravedad. De los encargados de los pasajes de balas, granadas i los de pólvora, muchos habian sucumbido. Desde este momento nada nos restaba que hacer. Un silencio profundo reinaba a bordo i solo era interrumpido por los disparos de algunos rifleros i los lastimeros quejidos de los heridos. Nos cruzamos de brazos i esperamos.
Yo me subí a la toldilla i me junté con Uribe i otros compañeros. El enemigo pone su proa a nosotros á la una i media, mas o menos. En estos momentos se ve salir humo por la escotilla de la cámara de guardiamarinas. Una granada, penetrando por la botica, puso fin a la existencia de los injenieros Mutilla, Manterola, Gutiérrez, dos mecánicos, dos carpinteros, el sangrador i varios otros i concluyó con los heridos.
Luego que vimos con la fuerza que venia el enemigo, nos desnudamos i en este estado me bajé a esperar en el cañón sétimo estribor. Otra granada destrozó la rueda del timón i cuanto encontró por delante, muriendo todos los que habian cerca i especialmente los del timón.
Esta vez me escapé mui bien, estando tan sumamente cerca. Todavía tenia que bañarme. El cabo Cortés tomó la corneta, pues su dueño habia muerto, i tocó a degüello en los momentos que se habría el buque i desaparecía de la superficie. El último disparo ordenado por mí lo quemó el guardiamarina Riquelme. Riquelme se hizo notable por su valor i entusiasmo. No se movió un momento de los cañones i cuando encontraba a algún marino algo decaído, lo entusiasmaba i le hacia consentir que teníamos muchas esperanzas de triunfar.
Una vez en el Huáscar, nos pusieron en la cámara del comandante. Nos dieron un poco de licor i media hora después estaba vestido con una camisa blanca, una cotona i un pantalón de marinero.
El buque salió i no supimos a donde.
Dos dias después calculamos, cuando tuvimos noticias de la pérdida de la Independencia, que la salida tuvo por objeto, recojer los náufragos de dicho buque. Serian las seis i media cuando fuimos desembarcados. Al salir de a bordo nos dieron un par de zapatos. Sombrero no nos dieron por no haber a bordo. El frío i el hambre nos atormentaban.
En el trayecto del muelle a la prefectura no hubo nada de notable, a no ser algunas hostiles demostraciones del populacho, que es difícil evitar. Una vez en el salón de la prefectura, fuimos felicitados por los jefes del ejército. Todos admiraban el heroismo de la Esmeralda i lo hacian con sinceridad.
El jefe del ejército nos dijo: «Ustedes no son prisioneros, ustedes son náufragos. El valor de ustedes no tiene ejemplo en la historia de las guerras marítimas. Si ha habido un caso igual, estoi cierto que no hai quien lo sobrepuje, etc.»
Al dia siguiente fuimos visitados por el jeneral Canseco i este jefe se enterneció cuando nos hablaba, alabando nuestra conducta, estas visitas continuaron por algunos dias.
Hace tres dias que se nos entregó un terno de ropa que nos mandaron hacer. Ya nos habíamos familiarizado con el traje de marinero i hará solo diez o doce dias que usamos ropa interior, por no haber en la población.
Hoi puedo decir, sin temor de equivocarme, que las pocas comodidades que tenemos, las debemos puramente al jeneral Buendia.
Estos dos caballeros se han conducido mui bien con nosotros i les estamos mui agradecidos. El señor Velarde continuamente viene a visitarnos i a ofrecernos lo que necesitemos.
El jeneral Buendia, también, cada vez que puede, viene a vernos con el coronel Velarde.
¿I qué se dice por allá de nuestro rescate? ¿Podemos tener esperanzas de alcanzarlo pronto? La inmovilización en que nos encontramos i el no poder continuar siendo útiles a la patria, nos atormenta..."
En el mes de Julio, aun siendo prisionero Sánchez es ascendido a Capitán de Corbeta y vuelve a Chile en enero de 1880, luego del canje de prisioneros, pero nuestro héroe aún debía servir a la patria y se embarcó como segundo comandante de la Pilcomayo y luego es trasbordado a la corbeta Chacabuco, participando en el apoyo que dio la Armada en las batallas de Chorrillos y Miraflores, en los bloqueos de varios puertos peruanos y en la toma de El Callao. En el año 1883 es ascendido a Capitán de Fragata. Luego de una prolífica carrera en la Armada fallece en el año 1907, por una peritonitis.
El héroe de Ancud, poco conocido y por lo tanto nunca mencionado tiene su lugar en la historia de Chile. Sus restos mortales fueron trasladados desde Santiago a la "Cripta Heróica" el 10 de Octubre de 1985:
Fuente: "La Dotación Inmortal" y "El Boletín de la Guerra del Pacífico".


"IQUIQUE: JOSÉ GUTIÉRREZ"


"No es fácil encontrar registros fotográficos de los héroes del Combate Naval de Iquique, ni sus biografías. Cuando el libro "LA DOTACIÓN INMORTAL", editado por la "Corporación, Protección y Desarrollo del Patrimonio Histórico Naval y Marítimo", llegó a mis manos, me fue posible descubrir que muchos de los marinos que se encontraban ese día en la rada de Iquique, tienen un rostro que he podido observar. Sus biografías de vida demuestran la clase de personas que fueron, quienes dieron su vida por la patria.
Hoy les traemos a uds. la biografía de José Gutiérrez, ingeniero que murió en el cumplimiento del deber:
"Entró de alumno a la Escuela de Artes y Oficios el 1 de Abril de 1851 y concluyó sus estudios en Enero del 55. Fue enviado a la Escuela de Artes de Talca como maestro de talleres y subdirector del establecimiento. A lso 10 meses fue nombrado por el gobierno como maestro de talleres de la penitenciaría de Santiago. Nueve meses después fue nombrado submaestro del taller de máquinas y ayudante de la clase de dibujo de la Escuela de Artes y Oficio.
El 2 de febrero de 1857 entró al servicio de la Armada como mecánico y fue embarcado en la corbeta Esmeralda. El 2 de agosto de 1858 pidió su retiro, pero regresó en marzo de 1859 para rendir sus exámenes.
El 14 de abril se reincorporó al servicio como ingeniero mecánico de tercera clase para servir a bordo de la Esmeralda. Volvió a retirarse en septiembre de 1861 para ocupar el cargo de primer inspector y profesor de la Escuela de Artes y Oficio, hasta que fue reincorporado nuevamente al servicio el 5 de junio de 1863 con el mismo grado. Estuvo embarcado en el vapor Independencia y en el Maule, participando en la guerra contra España, al final de la cual dejó la Armada.
Al comenzar la Guerra del Pacífico se reincorporó y fue asignado a la Esmeralda. Falleció casi al finalizar el combate, cuando una granada destrozó la antecámara de los guardiamarinas* donde se encontraban los ingenieros del buque.
A su hija María Teresa Gutiérrez se le concedió una pensión de 30 pesos mensuales a contar de septiembre de 1880."
Nota
*La antecamara de los guardiamarinas y lugar de estudio de los ingenieros era usado, durante combate, como hospital de sangre.


"MATÍAS MATAMALA: SOBREVIVIENTE DE LA ESMERALDA"

El cirujano de la "Esmeralda" Cornelio Guzmán, nos relata el final de la gloriosa corbeta, luego del último espolonazo del blindado peruano, y de cómo al fin los sobrevivientes que flotaban en el mar fueron rescatados:
"Sentimos que el "Huáscar" nos pegaba en el costado y el hundimiento fue verdaderamente instantáneo. No nos dimos cuenta sino de una ola inmensa que se nos venía encima, nos envolvía y nos arrastraba al abismo.
Pasamos algunos instantes de densa oscuridad en que el agua nos zumbaba en los oídos. Cesó la agonía que amenazaba con hacernos reventar y y nos encontramos brotando a la superficie del mar, lisa y tranquila, como si nada hubiera ocurrido en ella.
Luego fueron saliendo unos treinta compañeros. Sentimos dos cargas de fusilería cuyas balas se hundieron en el agua sin hacernos daño en torno nuestro y nos miramos las caras formando una especie de círculo. De 210 hombres sólo quedabamos 33..."
Así, de a poco, deben haber ido apareciendo los restantes sobrevivientes, que los registros actuales elevan al número de 58 tripulantes.
En esta ocasión les mostraremos el rostro de uno de ellos, que al momento de su filiación contaba con 27 años. Hijo de Santiago Matamala y María Torres, Matías Matamala sobrevivió aquel 21 de mayo de 1879, y al igual que el cirujano Cornelio Guzmán, vivió los ultimos momentos a bordo de la querida y vieja mancarrona, en confusión y horror.
Matamala fue contratado el 5 de marzo de 1879 como Guardián 1° para servir a bordo de la Esmeralda por un año.
El ingeniero civil, Juan Cabrera, que se encontraba fortuitamente en la corbeta al momento de estallar el combate, fue testigo de la actitud que tomaron los tripulantes momentos antes de iniciarse los fuegos: "se hacían recíprocamente las íntimas confidencias de la despedida hasta la eternidad, cortas pero conmovedoras, terminando algunas con un efusivo abrazo, para correr enseguida cada cual a su puesto". De esto se deduce que el velero 2° Antonio Ruiz le haya encargado a Matías Matamala que en caso de morir él, se hiciera cargo de sus hijos Tomasa y Clemente que habían sido abandonados por su madre.
Ruiz falleció en el combate y Matamala sobrevivió, por lo que al volver a Valparaíso cumplió con la promesa que hiciera de cuidar los huérfanos encomendados. Aparte de todo esto Matamala recibió todos los honores y condecoraciones que cada sobreviviente mereció.
Luego se enroló nuevamente, pero esta vez con el hijo de Ruiz, Clemente, y se embarcaron en la cañonera "Pilcomayo". En Diciembre de 1880 solicitó y obtuvo la pensión otorgada por ley a todos los sobrevivientes de la "Esmeralda".
Estuvo presente en las Batallas de Chorrillos y Miraflores, en el apoyo que dio la Armada al ejército.
Se retira en 1883 y se establece en Coronel.
La imagen que vemos de Matías Matamala apareció en la revista Zig Zag de Mayo de 1905 en el especial dedicado al glorioso combate, llamado: "Desde la Cámara de la Esmeralda".
Fuente: "La Dotación Inmortal"


"UN NUEVO MES DE MAYO"

Para iniciar la serie de relatos que concierne al Combate Naval de Iquique, queremos hacerlo rindiendo honores a una de las profesiones que más hizo por la vida de nuestros soldados y marinos que combatieron en la Guerra del Pacífico.
Con los limitadísimos medios con que contaban, los cirujanos, médicos y enfermeros que fueron enrolados en las filas de nuestro Ejército y Armada, ellos, sin duda alguna, sacrificaron mucho en pos de la Patria, incluso la vida.
Esta es la historia de un hombre que estaba en los albores de la vida, a quien le esperaba un largo trayecto que recorrer y que sin miraciones, entregó sus servicios en pos de sus ideales y de la defensa del territorio nacional, quien tiene un lugar sagrado en la Historia de Chile por su entrega ejemplar. Nos referimos a Pedro Segundo Regalado Videla, cirujano de la "Covadonga":
"Nació en el pueblo de Andacollo el día 14 de agosto de 1854. Sus padres fueron Don Pedro Videla y Doña Pastoriza Órdenes.
Realizó sus estudios hasta 1871 en la ciudad de La Serena, año en que se dirigió a Santiago para rendir sus exámenes para titularse de bachiller en filosofía y humanidades en la Universidad de Chile, ingresando inmediatamente a la Escuela de Medicina.
Mientras estudiaba, desempeñó el cargo de Inspector del Instituto Nacional. En marzo de 1879 finalizó con éxito sus estudios y obtuvo el título de Licenciado en Medicina.
Nueve días antes de recibir el título de Médico Cirujano, el 5 de abril de 1879, estalló la Guerra del Pacífico, postergando su nombramiento para enrolarse en la Armada para cubrir dotación en algún buque. Se le destina como Cirujano 1° en la goleta "Virjen de Covadonga", para servir a las órdenes del Capitán de Fragata Arturo Prat Chacón.
El 16 de mayo de 1879, el Comandante Prat fué destinado a la Corbeta "Esmeralda" y el Capitán de Corbeta Carlos Condell de la Haza asumió el mando de la "Covadonga". Ambas naves serían las encargadas de el bloqueo de Iquique.
En esta nave tuvo la ocasión de darse cuenta del incipiente servicio médico que existía en la Marina, disponiendo de muy pocos medios para su tarea profesional.
El 21 de mayo de 1879, durante el Combate Naval de Iquique, Pedro Videla se encontraba en la cubierta viendo el acercamiento de los buques enemigos. A las 09.00 de la mañana bajó al entrepuente donde estaba instalada la enfermería de combate y mientras descendía, un proyectíl de cañón del monitor "Huáscar", atravesó la goleta de banda a banda, llevándose los pies del cirujano Videla y ocasionándole una hemorragia tal, que al cabo de diez horas le costaría la vida.
De la enfermería fue llevado al camarote sin poder ser atendido con solicitud a falta de otro profesional, intentando el mismo dar instrucciones para tratar de detener la hemorragia, pero todo fue inutil. Su cadáver fue desembarcado en la ciudad de Tocopilla y enterrado en el cementerio de La Serena.
El año 1920 sus cenizas fueron trasladadas desde este lugar, al Monumento a los Héroes de Iquique, en Valparaíso, donde descansan los restos de los combatientes de ese homérico combate." (www.armada.cl)
Testimonios posteriores señalan que, cuando se le comunicó al agonizante doctor Videla la hábil maniobra del comandante Condell que causó la varada de la fragata enemiga y finalmente su rendición, pidió que se le levantara para mirar por la claraboya y dijo: "Muero feliz, pues la causa de Chile sigue incólume, en manos de chilenos que, al igual que yo, están dispuestos a dar la vida en defensa de su patria".
Tenía 24 años.
En la imagen podemos ver al jóven cirujano, la loza de su sepultura en la "Cripta de los Héroes", en Valparaíso, y la copia de parte de la tesis médica del héroe que se encuentra en el Museo Naval.


martes, 25 de abril de 2017

"LA PARTIDA NOCTURNA"

El jóven Subteniente Arturo Benavides Santos escribió, ya mayor, sus memorias de la Guerra del Pacífico. En ellas relata los episodios que le tocó vivir desde la declaración de guerra a los países del Norte, hasta su regreso a Chile, luego de haber recorrido el Perú hasta la Sierra. 
En esta ocación recordaremos un episodio memorable que cuenta en su libro "Seis Años de Vacaciones", y precisamente se llevó a cabo durante la Expedición del Canto, en la breña peruana.
Recordaremos que este tipo de expedición fue para detener al Coronel Andrés Avelino Cáceres, que huyó luego de la toma de Lima y se dirigió en busca de apoyo de los indios que habitaban la breña. Sin embargo nuestro malogrado ejército, pese a su coraje y entrega se llenaba cada día de más enfermos, que no se podía curar ya fuera por el mortal soroche o la falta de alimentos y medicinas; y además de encontrarse desprovisto de alimentos, vestuario y otras necesidades, hay que sumar que debían cargar a los enfermos debido a su crítico estado. Por lo tanto no se encontraba en la posición de dejarse atacar y no poder defenderse.
Leamos pues, este capítulo en el que nuestros sufridos rotos tuvieron que mostrar la templanza para alcanzar la meta:

"Al dia siguiente se hicieron aprestos para pasar en Tarma varios dias. Se decia que sólo se mandaría a los enfermos a Lima, bien custodiados por uno de los batallanes de la división, el cual regresaria a Tarma o quedaría en Chicla.
Otros rumores eran de que iban a llegar refuerzos, que se estableceria el cuartel general en Tarma y que después de descansar algunos dias con uniforme y calzado nuevos, se limpiaria de montoneros toda la región. Se decia tarnbién que el 3°de linea que guarnecía Cerro de Pasco, habia sido aniquilado, y otros afirmaban lo contrario y que de un momento a otro llegaria a juntarse con el grueso de la división.
De tantos rumores lo que sacabamos en limpio era que sólo el coronel del Canto y tal vez los jefes de cuerpos sabian la verdad y se la reservaban; pero que era cosa resuelta permanecer en Tarma varios días a lo menos.
Y bajo esta creencia se procedía.
Cada cual procuraba aconodar su alojamiento lo mejor posible; muchos remendaban su uniforme, otros componían o hacían nuevas ojotas, y todos pensaban proveerse de algunos comestibles extras.
Tras muchos afanes y trajines yo conseguí bañarme y ponerme ropa interior limpia. ¡Fue una delicia!...¡No me había desnudado ni sacado las botas desde el día 7 en Huancayo!...¡Y como yo todos!...
Reposaba la noche del lunes 17 , dispuesto para un largo sueño, acostado descalzo, lo que no hacía desde Huancayo, cuando el cabo de cuartel me despierta y dice que el Coronel Robles me llamaba. Acudo presuroso y encontré, o llegaron momentos después, los comandantes de compañías.
-"Sin toques de corneta y guardando el mayor silencio, nos dice el coronel, preparen sus compañías para salir dentro de una hora. Deben llevar a sus enfermos y todo el equipo. La marcha y todas las órdenes deben transmitirse a la voz y evitando gritos y carreras."-
El batallón desfiló después de la media noche en silenciosa marcha. En voz baja se hacían conjeturas sobre el significado de la nocturna y silenciosa partida. Creían algunos que el Coronel del Canto intentaba algún golpe de sorpresa a los montoneros, y replicaban otros que no, que se había elegido al Lautaro para llevar a los enfermos a Chicla; y pensaban algunos que nos mandarían hasta Lima, y otros exclamaban "qué esperanza, al Lautaro no lo dejan sin formar parte de la expedición de que se hablaba en Tarma, por ser el cuerpo más andador, más subordinado y de más empuje." "De más ñeque", rectificó el soldado que se quejaba en Tarma-Tambo de no tener dinamita.
Pero la verdad era otra.
Salimos de Tarma y nos irternamos por una angosta quebrada formada por altísimos cerros, en parte como cortados a pique.
Una espesa neblina sólo permitsa ver a corta distancia.
Como el frío era muy intenso me cubrí las piernas con una frazada, pedí a un soldado que me la acomodara bien para que no se corriera y subí el cuello y capucha del poncho de castilla.
Cuando comenzó a aclarar pudimos darnos cuenta del paraje por donde marchabamos...
No creo exagerar al decir que los cerros serían de 300 o más metros de altura, y tan pendientes que en partes parecían gigantescas y deterioradas murallas, colocadas en forma irregular para con ellas delinear una dilatada avenida de cuarenta a cincuenta metros de ancho y en ciertas partes,a lo más, de cien metros.
El largo trecho que abarcaba el batallón desfilando por esa quebrada, llevando todos los vistosos ponchos que teníamos, única prenda sin roturas ni remiendos, presentaba el más bellos y pintoresco aspecto, cuando al amanecer pudimos ver el paraje por donde ibamos.
Al venir el día, los montoneros nos descubrieron y nos dejaron caer de las alturas grandes piedras, que al rodar desprendían multitud de otras más pequeñas. A esas máquinas de guerra los indios les daban el nombre de "galgas". Afortunadamente no nos hicieron grandes daños, salvo contusiones sin importancia, que por cierto no hicieron gracia a los que las recibieron.
Poco después salimos de esa quebrada y como al mediodía llegamos a un lugarejo denominado Mollobamba, abandonado, como todos entonces, por sus moradores.
"¿Se comía algo?" probablemente, pensarán algunos.
Lo que cada cual pudo...muy poco...y los enfermos nada.
En ese paraje supimos que toda la división había salido de Tarma, dándole a cada batallón hora diferente para emprender la marcha a fin de evitar confusiones.
Salió de Tarma toda la división en esa forma porque se supo que el ejército de Cáceres quería atacarnos sorpresivamente, y esa ciudad era para nosotros como una ratonera sin salida. Para efectuarla había que burlar al gato, y lo burlamos.
Y continuó la penosa marcha..."

En la imagen idealizamos lo que pudo haber sido la marcha de nuestras fuerzas por la sierra peruana.



jueves, 30 de marzo de 2017

"EL GRINGO SOUPER"

Nuestros homenajes a los valerosos chilenos, hombres de armas que lucharon en la gesta del Pacífico, incluye tanto a la oficialidad como al soldado de tropa, al soldado de norte a sur de la patria y de todos los estratos sociales.
En esta ocación recordaremos a uno de aquellos que sin mayor interés que la de agradecimiento a la hospitalidad de esta nación, hicieron de ella su segunda patria y nacionalidad. Nos referimos a los extranjeros en Chile y especialmente aquellos que tomaron las armas para defender este país.
Hoy les traemos algo de la vida del Teniente Coronel Roberto Souper Howard, nacido en el año 1818 en el puerto de Harwich, Inglaterra, y llegado a Chile en el año 1843.
Souper se instaló como administrador de la hacienda Zemita en San Carlos, y vivió gran parte de su vida en la antigua Región del Ñuble, hoy Bío Bío, como agricultor, y explorador de aquella zona, de la cual hizo mapas geográficos para la época.
Souper se casó en Talca, con doña Manuela Guzmán y Cruz y al poco tiempo compró tierras en San Rafael, donde residió definitivamente.
Su nacionalidad británica no le impidió ser uno de los extranjeros más chilenizados que se haya conocido en la época, al parecer la vida del campo le gustó tanto como para radicarse, pero aún así nunca hizo los papeleos de nacionalidad chilena, cosa que no le fue un impedimento en sus relaciones con los chilenos.
Souper participó de la Guerra Civil de 1851, luego de la cual fue subdelegado de Pelarco. Teniendo a su mando una partida de huasos animosos y resueltos inició una seguidilla de persecuciones a bandidos y salteadores que acosaban la zona en los años posteriores a la revolución. Su jurisdicción se hizo famosa por la astucia con la que persiguió y apresó a gran cantidad de estos delincuentes.
En 1858 viaja a Santiago, donde nuevamente se alzaba una revolución política de la cual fue nuevamente partícipe, pero esta vez fue exiliado y vivió en el Perú por dos años.
A su vuelta del exilio encontró a su familia en mal estado económico, pero su fortaleza y entusiasmo era tal que pensaba en nuevos emprendimientos para levantar las arcas familiares, sin mejores resultados, debido a su personalidad inquieta y entusiasta. Es así que en 1864 lo encuentra la Guerra contra España y Souper, esta vez con el Capitán de Navío Patricio Lynch van al Perú en apoyo de estos acontecimientos.
En 1865 se traslada a Chiloé en ayuda del archipiélago que se veía amenazado.
Su salud se vio mermada por tantas aventuras y heridas de guerra; desde 1859 le aquejaba un reumatismo que mortificaba su ánimo y desde 1863 un aneurisma al corazón que lo amenazaba en todo momento.
Es en esta situación que lo encuentra la Guerra del Pacífico, a la que no pudo negarse ir en defensa de la patria que lo había adoptado como hijo. Envió a sus hijos Roberto y Carlos a enrolarse en el ejército. Uno de ellos en la infantería y el otro en la caballería. Roberto Souper se ofreció para ser ayudante de cualquiera de los jefes, cosa que obtuvo a pesar de sus limitaciones. Souper fue uno de esos hombres aguerridos que, aúnque su edad y enfermedades no le acompañaban, fue capáz de dominar sus dolencias y levantarse en pro de una causa justa. Fue así que sirvió tanto en mar como tierra, desde Angamos hasta Chorrillos, que le vio caer.
Como un jóven inglés lleno de vida, Roberto Souper participó en la gesta del Pacífico siempre dispuesto a obedecer una orden y a cooperar en todo lo que se le pidiera. Entusiasta subió los cerros de Chorrillos junto a la tropa para caer definitivamente de su caballo, herido de gravedad.
En su lecho de muerte mandó llamar a su caballo "Pedro José" y se despidió de él con estas palabras: «Pedro José, aquí tienes a tu amo que va camino de la muerte por un solo balazo; tú, con cinco, estás tan fresco..."

Su biógrafo y amigo íntimo, Diego Barros Arana, le dedico el siguiente epitafio:
"ROBERTO SOUPER
1818-1881
Inglés por nacimiento, chileno por el amor
Murió como héroe al defender el honor de Chile"
Fuente:
Apuntes Para la Biografía del Coronel Souper
Diego Barros Arana

jueves, 16 de marzo de 2017

"EN BUSCA DEL CORONEL LYNCH..."

Siempre el soldado chileno tuvo la oportunidad de dar muestras de obediencia y disciplina al deber encomendado; a veces en el intento de la aplicación de esta disciplina ocurrieron algunas anécdotas y situaciones que dejaron al descubierto la viveza y chispa del roto chileno.
El siguiente relato es una mezcla de ambas cosas, de cómo para cumplir una órden del Estado Mayor, se hubo de utilizar el ingenio de nuestros soldados.
Una vez que se hubo  inspeccionado la costa del Perú y organizado al Ejército del Norte para la Campaña de Lima, se dispusieron todas las embarcaciones que transportarían a nuestros soldados hasta Lurín, cuya playa, Curayaco, sería el punto de desembarco.
Todo listo y dispuesto el convoy parte en dirección a una de las etapas postreras de las batallas que esperan al Ejército de Chile, antes de entrar a la ciudad de los Virreyes, pero parte de estos bravos va por tierra y es que la I Brigada de la 2a División, al mando del Coronel Lynch, debe llegar a Chilca, con toda la artillería y caballería de la División. La II Brigada embarca en Pisco.
Al detenerse el convoy en el puerto de Chilca, no sin antes haber sido inspeccionado para no encontrar guarniciones enemigas, el General Baquedano, impaciente busca al Coronel con sus anteojos sin encontrarlo. Es en estas instancias que toma una desición. Enviará por él, y a quién mejor que a nuestros Cazadores a Caballo. La situación se narra de la siguiente manera:
"...Impaciente por la tardanza, envía un ayudante a Cazadores a pedir al comandante el oficial más alentado del regimiento.
Poco después llega el alférez don Agustín Almarza, que se cuadra ante el General.
Baquedano no hace discursos; va derecho al grano.
Alférez, le dice, toma usted veinte y cinco hombres, desembarca, parte al sur, encuentra a Lynch y le entrega esta nota.
Bien, mi General, responde Almarza. Saluda, da frente a retaguardia y parte.
Oiga, alférez, agrega el general. El coronel Sevilla anda por ahí con su regimiento Húsares del Rimac...
Bien mi General.
Y este regimiento tiene 460 plazas fuera de la infantería montada y algunas tropas sueltas.
Muy bien, mi general. Almarza saluda y se va.
El ejército entero presencia el desembarco del piquete. Los Cazadores ensillan, cabalgan, saludan con los kepís al aire y parten tierra adentro. Un hurra vigoroso, escapado de todos los buques, aclama a esos esforzados jinetes, que pronto se desvanecerán en los arenales del horizonte.
Una vez en la pampa, Almarza instruye a su tropa de la honrosa comisión que llevan, y les exhorta a cumplirla debidamente. Si hay que batirse, nadie mire atrás; seguir adelante hasta encontrar al coronel Lynch es la consigna. Con uno que llegue, basta.
Entre la tropa lleva un mocetón de apellido Reyes, que desde niño residió con sus padres en el Callao, hasta que la guerra les hizo volver a la patria. Se enroló en Antofagasta.
Imitaba admirablemente a los peruanos, en el acento, en los giros, en el modo. Los cuerpos lo pedían prestado para hacer el papel de cholo en las funciones teatrales.
Almarza lo comisiona para interrogar a los paisanos, y entenderse con los montoneros que se topen por el camino. Nadie más habla; sabido es que en cuanto abre la boca, el chileno denuncia su nacionalidad. El piquete pertenece al regimiento Libres de Trujillo, que lleva despachos para el coronel Sevilla, le enseña su alférez.
Almarza pasa en la noche por el pueblo de Chilca, donde Reyes se informa del camino, y obtiene algunas botellas de fuerte para combatir el frío de la noche. Al amanecer del 22, atraviesan por la Rinconada, pueblecito en donde pernocta una montonera de Cañete. Don Reyes se da a conocer a varios soldados francos, que le informan del camino.
El piquete descansa en un bosque, con agua y pasto, durante la siesta del 22. En la tarde alcanza el pueblo de San Antonio, donde hay un destacamento. El centinela grita el quien vive, se adelanta don Reyes, da las explicaciones de la comisión, y mientras dicho centinela llama al cabo y se forma la guardia, el piquete pasa, perseguido por los tiros de Peabody, que alcanzan cerca de 2.000 metros, hasta meterse en los bosques del río San Antonio.
Entrada la noche penetran al pueblo de Mala, infestado de montoneros y cuartel de la infantería montada. Cruzan el callejón; don Reyes va adelante gritando, somos los Libres de Trujillo, llevamos despachos del Presidente Piérola, puis, ¡viva el coronel Sevilla, puis! ¡vivan los Húsares del Rimac! ¡No me baleen, compañeritos!...
La guarnición se atolondra; los invasores vienen del sur y el piquete del norte; los Libres de Trujillo es un regimiento peruano; dan vivas al coronel Sevilla y aclaman a los Húsares.
Pronto cesa el estupor; silban las balas; pero los Cazadores van ya lejos. Salidos del pueblo, toman el compás de marcha, para no cansar los caballos, en una dilatada pampa que se extiende al frente
Como a la 1 P. M., divisan una gran fuerza de caballería, cuya descubierta se repliega al grueso a galope corto.
Son los Húsares del Rimac, del coronel Sevilla.
El regimiento avanza las alas para rebasar el piquete y meterlo en un embudo. Almarza reúne a su gente, “Cazadores, les dice, el regimiento no puede recibir una mancha de nosotros. El ejército está en peligro y debemos salvarlo. Ante todo, la Patria. Vamos a cargar; el que pase, siga al sur a buscar al coronel Lynch”. Y luego ordena: Cazadores, por cuatro a la derecha; saquen el sable, al trote!... ¡al galope! ¡a la carga!...
Los cazadores parten como el rayo, al grito de ¡Viva Chile! Con el estruendoso chivateo de la tierra araucana. Un jinete se desprende de las filas contrarias. Alto, Cazadores, grita. Somos los Granaderos, ¡Granaderos! ¡Granaderos! Repite el regimiento. Era tiempo. Alcanzaron a toparse.
Lynch envía los Granaderos a vanguardia, y en la tarde coronan las alturas de Chilca.
La primera Orden General dada en Lurín a la llegada de Lynch, dice así: “Dada la conducta del alférez don Agustín Almarza, de Cazadores a caballo, y no obstante no haber vacante en el cuerpo, se le nombra teniente agregado hasta que obtenga su empleo de planta”.

Las Cuatro Campañas de la Guerra del Pacífico Tomo III
Francisco A. Machuca

La fotografía muestra a un piquete de Cazadores a Caballo en las cercanías de Surco, en 1881

martes, 28 de febrero de 2017

"EL COQUIMBO EN LA BATALLA DE CHORRILLOS"


En esta ocación les presentamos el parte oficial del "Coquimbo", y uno de sus jefes, don Artemón Arellano, quien describe los sucesos de aquella madrugada y mañana del 12 y 13 de Enero de 1881, en la Batalla de Chorrillos:
"REJIMIENTO COQUIMBO
Callao, Enero 22 de 1881
Señor:
Debiendo pasar el parte de la batalla de Chorrillos en lo concomiente a este cuerpo, por encontrarse heridos los jefes que lo mandaban, teniente coronel señor José María 2° Soto, i segundo, tercer jefes, señores Marcial Pinto Agüero i Luis Larrain Alcalde, en el de Miraflores, me limitaré a decir a V. S, que a las 6 P. M. del díaa 12 del corriente emprendió la marcha el rejimiento en unión del Batallón Melipilla, de su campamento de Lurin, para dirijirse por el camino de la playa a atacar al amanecer el ala derecha del enemigo, apoyado en los primeros cerros que se encuentran al Sur de Chorrillos.
La falta de conocimiento exacto de la distancia que debíamos de recorrer, las precauciones indispensables a fin de no ser descubiertos por avanzadas enemigas, i lo pesado de la marcha por esos médanos, retardaron un poco nuestra llegada al lugar en que debia empezar el ataque.
Sin embargo, aunque fuimos descubiertos a causa de que se rompieron los fuegos en la derecha de nuestra linea i el enemigo los rompia sobre nosotros con seis cañones que defendian aquel lugar, el soñor comandante Soto hizo desplegar a su frente 100 tiradores escojidos del Coquimbo, i sucesivamente se desplegaron las demás compañías de los dos cuerpos en guerrilla i se atacó con tanto ímpetu, que ántes de quince minutos quedaron abandonados los seis cañones que hacian fuego sobre nosotros.
El enemigo, en número do 1,700 hombres, mas o ménos, tomó los cerros del frente, i tuvimos la fortuna de desalojarlo en poco tiempo de los tres primeros,
A causa de la mucha elevación i pendiente del cuarto cerro, que servia como de último refujio al enemigo, en el que, además de sus trincheras tenia una buena ametralladora, se resolvió a esperar en la posición que teníamos hasta que el centro de nuestra línea pudiera flanquear a esas tropas peruanas, miéntras nosotros las atacábamos de frente.
Así se hizo, i con esto se consiguió dar algún descanso a nuestros soldados que, en el momento dado, atacaron como verdaderos chienos, logrando hacer mas de 200 prisioneros entre jefes, oficiales i tropa.
El señor comandante Soto fué herido al tiempo de dar el último ataque i cuando arengaba la tropa que él personalmente dirijia. Aunque la herida recibida por el señor comandante era bastante grave, tuvo fuerzas para ordenarnos marchar adelante, desatendiendo su persona, que su entusiasmo i patriotismo le hacian creer insignificante en ese momento.
Adjunto a V. S. listas nominales i por duplicado de los señores jefes, oficiales i tropa muertos i heridos en la batalla de Chorrillos.
Artemon Arellano.
Al señor Coronel Jefe de la Brigada"
En la ilustración vemos a uno de los jefes del Coquimbo, don Luis Larraín Alcalde que muere por heridas en esta acción.


"LA MUERTE EN LA GUERRA"

La muerte en una guerra es lo que acompaña al soldado que la sobrevive por el resto de sus días.
La muerte en una guerra alcanza a ambos bandos y es cruel con ambos bandos.
En un libro escrito por un soldado peruano que relata los acontecimientos del día 15 de enero de 1881 en Miraflores, hemos encontrado un breve momento en que el autor se encuentra, ya después de la fatídica batalla, junto a otros de sus compañeros, en la triste misión de sepultar a sus muertos, específicamente a un soldado con quien se encontró en la retirada y que estaba gravemente herido y a quien tuvo que dejar en el camino, prometiendose a sí mismo volver para darle sagrada sepultura.
En estas instancias la pequeña comitiva se encuentra con dos de nuestros soldados y describe lo que aconteció al encontrar a quien buscaban:
"A una cuadra o poco más del reducto, estaban los despojos que buscábamos; un arco de sangre señalaba en la tapia el sitio en el que lo recliné un momento, y la traza de su cuerpo al descenderlo para acostarlo. Ahí estaba, si; enormemente crecido, negro como los otros de la raza misteriosa, rechazándonos con sus manos crispadas, su aspecto hórrido y con sus emanaciones, el que antes nos atraía con su afecto; lleno de muerte el que contemplábamos lleno de vida.
Después de contemplarlo un momento profundamente emocionados, dimos principio a la fúnebre tarea de abrir la fosa; pero la tierra era dura, todos estabamos trastornados por el ambiente, y la tarea se hacia larga y pesada.
Dentro del potrero habían dado suelta a una caballada, sin duda con el objeto de que se refrescara; pues el alimento, si no se lo daban en pienso, no lo hallaría ahí ni aún cabando la tierra. Cuidaban los caballos dos soldados que al vernos se aproximaron, el uno directamente, el otro con disimulo. El primero, con fisonomia abierta y aspecto no antipático, después de saludar con un respeto verdaderamente chocante, dijo a mi tío:
"i Cuanta jente muere en la guierra pu ñor! -
Cuánta! contestó mi tio; cuántos huérfanos, cuántas viudas....
-Pero siquiera tienen el consuelo de enterrarlos, pu ñor, mientras que á los chilenos no los pueden recoger sus familias".
Si esto no lo hubiera dicho en tono de lamentación, hubiera sido el caso de contestarle lo que merecía. Un momento después, al ver que uno de mis primos dejaba la herramienta y se tiraba al suelo desvanecido, exclamó:
"- Mire, que no van a acabar nunca", y echando mano al azadón se puso a romper la tierra, recordando, sin duda, su oficio nativo de labrador.
Su compañero, entre tanto, se había aproximado y lo miraba al contrario de él, su osca fisonomía, que hacia más severa una barba negra e hirsuta, decía por si sola lo hostil de su carácter.
Mi tío al verlo se dirigió al primero, diciéndole:-Llame a su compañero para que le ayude,...., le daré una gratificación.-
Cuando ya tenía la fosa la profundidad necesaria, vimos que se aproximaba un oficial. El de la barba hirsuta dejó el azadón y se alejó: el otro continuó; mi tío le dijo: -¿No se molestará su jefe?...... -Por qué pu ñor, contestó; toos somos cristianos..."
Fuente: Batalla de Miraflores: Recuerdos de la Guerra con Chile (Memorias de un Distinguido) José T. Torres Lara
El dibujo que acompaña este relato es del oficial británico Rudolph de Lisle, quién luego de las batallas de Chorrillos y Miraflores se dedicó a observar los campos de batalla dejando un legado gráfico y claro de la muerte en la guerra, así como otros pasajes importantes de esta guerra.
En la imagen podemos ver el asalto al Reducto N° 2 de Miraflores.


domingo, 5 de febrero de 2017

"EN EL VALLE DE LURÍN"

Un resumen de lo que fue aquél verano de 1881, en el Valle de Lurín encontrado en el Album de Bisma Cuevas, que nos lleva a conocer detalles que nos son muy valiosos para entender cómo se guiaba nuestro ejército y cuáles eran los sentiminetos que allí se evocaron antes de entrar triunfantes a Lima:
"El 22 de Diciembre de 1880 desembarcaban en la caleta “Curayaco” la 2° y 3°. Divisiones del ejército de Chile que debían operar sobre la capital del Perú; conducidas desde Arica, en 27 transportes, convoyados por el grueso de nuestra Escuadra, á las que debía agregarse la 1° División dejada en Pisco.
El mismo día del desembarco se tomó posesión del fértil valle de Lurín, acampando nuestro ejército á lo largo de su extensa vega, desde la playa hasta las antiguas ruinas indígenas de Pachacamac.
El General en Jefe estableció su cuartel general en las propias casas de la valiosa hacienda de San Pedro de Lurín.
Al que suscribe, primer ayudante del Ministro de Guerra y Marina en campaña, le tocó preparar su alojamiento, haciendo armar al efecto unas ramadas, á la chilena, en un fresco sitio próximo al Cuartel General, al pie de corpulentas acacias y rodeadas de pequeños arbustos.
La fotografía que precede da ligera idea de la instalación del señor Ministro.
En ella figuran: en primer término, sentados, el señor Vergara, de dormán y gorra blancos, teniendo á su derecha á don Vicente Dávila Larraín, intendente general del ejército, y al comandante de Granaderos, don Tomás Yávar, muerto valerosamente, al frente de su regimiento, en la carga de Chorrillos, y á su izquierda á don Isidoro Errázuriz.
En segunda fila, de pie y de izquierda á derecha, el ayudante don Alberto Stuven, el comisario don Alfredo Christie, el comandante don Juan Martínez, glorioso jefe del glorioso regimiento Atacama; el capitán de fragata Luis Pomar y el de corbata don Javier Barahona. En seguida, cerca de la carpa de lona que se ve allí don Juan Gonzalo Matta, y en la puerta de ella el ayudante don Daniel Cuervo; al otro lado, el auditor de guerra don Adolfo Guerrero, acompañado del comandante don Waldo Díaz.
Después, más aislado, el popular caballero y hombre público, don Manuel J. Vicuña, y por último, entre un grupo de soldados, el activo comandante de bagajes, don Francisco Bascuñán.
Detrás de las casas de San Pedro, frente al alojamiento del Ministro, en un laberinto, semejando una pequeña ciudad, con su templo, en el que se reverenciaba al dios Buda, se albergaban no menos de dos mil chinos, trabajadores de la hacienda, los que se aumentaron con los reunidos por el famoso Quintín Quintana, en su tránsito de Ica á Laurín y quien organizó allí una curiosa fiesta, por el estilo de las de su país, haciéndose llevar en andas hasta el Cuartel General, donde pronunció larga arenga, manifestando la adhesión de sus paisanos al ejército de Chile, que los libertaba, según decía, de la opresión de los peruanos, y degollando un gallo, bebieron la sangre de éste como juramento de lealtad.
Y á fe que los asiáticos cumplieron fielmente su juramento durante la estadía de Lurin y en la marcha del ejército, prestando valiosos servicios en el acarreo de víveres y municiones, recogiendo los heridos y derribando tapias para dar paso á la caballería.
No fueron de inacción los 21 días de residencia en Lurin.
El Cuartel General, el Estado Mayor, el Ministro en campaña, los comandantes de Divisiones y Brigadas y los Jefes de los cuerpos del ejército rivalizaban en preparar los elementos para la próxima batalla.
Las noticias que se recibían sigilosamente de las fuerzas enemigas hacían á éstas cada vez más superiores. Se las calculaba en 46.000 combatientes atrincherados en dos líneas fortificadas al frente de Chorrillos y Miraflores, donde debían estrellarse nuestras huestes, que no excedían de la mitad de aquel número.
No obstante esta desproporción, el ambiente que se respiraba en nuestro campo, era la convicción íntima del triunfo completo de nuestras armas, viniendo á ser una frase familiar la de aplazar todo proyecto para cuando se llegara á Lima.
Durante este tiempo, se llevaron á cabo dos grandes reconocimientos sobre el enemigo.
El primero, practicado con fuerzas de las tres armas ante la línea fortificada de Chorrillos, á fin de descubrir la distribución de sus elementos de defensa, en el cual se distinguieron, poniéndose á corta distancia de los fuegos del enemigo, el mayor de artillería don Manuel Jesús Jarpa y el denotado capitán de la misma arma, don Joaquín Flores, caído más tarde al pie de su batería en la jornada final de Miraflores.
El segundo reconocimiento fue verificado por el coronel don Orozimbo Barbosa, hacia el lado de Ate, batiendo las descubiertas enemigas encontradas á su paso y llegando en su avance hasta divisar de cerca la ciudad de Lima. A la vez, tuvo lugar la sorpresa del “Manzano”, en la que un escuadrón de caballería peruano pretendió, durante la noche, atravesar el valle de Lurin, burlando nuestra vigilancia; pero, fuerzas del batallón Curicó lo sorprendieron y tomaron á todos prisioneros, incluso á su jefe, coronel don Pedro José Sevilla.
Como punto curioso merece recordarse que los músicos prisioneros en este lance, prefirieron antes de estar presos, ser enrolados en las bandas de nuestro ejército, donde continuaron desempeñando sus funciones como buenos artistas y asistiendo á las próximas batallas, hasta llegar á Lima.
* * *
En esos días tuvo también lugar la devolución, por mano del General Baquedano, al Regimiento 2° de línea, de su glorioso estandarte, dejado en el combate de Tarapacá, bañado en la sangre de sus heroicos defensores y cual mortaja de imperecedera memoria de su esclarecido jefe, Eleuterio Ramírez.
El discurso pronunciado en aquella patética y oficial ceremonia por don Eulogio Altamirano, fue digno de la fama del preclaro orador, quien, con inspirada elocuencia, encomió los sacrificios hechos por los soldados de Chile en honor de sus banderas y lo que la Patria esperaba aun de ellos en la próxima lid.
El 12 de Enero de 1881, se levantaron los campamentos de Lurín, á los aires marciales de las bandas de cada cuerpo, debiendo nuestro ejército pasar el inmediato río, cual el Rubicón de César, en dirección al campo enemigo, para vencer ó morir en la demanda.
Durante el día desfilaron nuestras tropas por el sólido puente del legendario río, en presencia del General en Jefe, del Ministro de Guerra en campaña y demás altos dignatarios que los acompañaban, despidiéndose talvez para siempre del hermoso valle que tan ampliamente las había hospedado y de la contemplación de las vetustas ruinas del pre-histórico templo de Pachacamac, para hacer frente, al amanecer del día 13, á las fortalezas enemigas, y terminar la jornada del glorioso día, clavando la bandera de Chile en lo más alto de las escarpadas cimas de San Juan, Chorrillos y Morro Solar, dignamente defendidas por el ejército del Perú.
Luis Pomar
Capitán de Navío de la Marina de Chile
Album Gráfico Militar de Chile
Antonio Bisama Cuevas


Cuartel General descrito en el album de Bisama Cuevas



Fotografía del veterano de guerra Capitán de Navío Luis Pomar



domingo, 22 de enero de 2017

"HÉROES EN EL TIEMPO"

Un artículo encontrado en una importante revista de épocas pasadas, nos devela el cercano aniversario del Combate de la Concepción; a 31 años de esta heróica gesta, la nación se disponía a rendir honores a los 77 chacabucanos y 1 Lautaro  más tres mujeres y dos niños que perecieron en la sierra peruana, encerrados por un enemigo numericamente muy superior que incluía entre sus filas a al menos mil indios que estaban ávidos de ver correr sangre chilena.
Pues de esa fecha tan recordada para nosotros por la heroicidad de nuestros soldados es que cada año se celebra el Juramento a la Bandera y en aquella época, desconocemos si en la actual, se realizaba un ritual de bendición de los corazones de los oficiales de la pequeña guarnición.
Veamos lo que nos informa el tiempo pasado de aquél acontecimiento:

"EL ANIVERSARIO DEL COMBATE DE LA CONCEPCIÒN"

"El jueves de la semana pasada se efectuò en la capital la solemne ceremonia organizada por la Liga Patriòtica Militar para conmemorar el 31º Aniversario del Combate de la Concepciòn.
La ceremonia tuvo lugar en la Catedral Metropolitana.
Un inmenso gentìo cubrìa la plazuela del palacio, mientras que la Escuela Militar, con la banda del Regimiento Pudeto, escoltaba la "vieja insignia" hasta el templo metropolitano.
Frente al altar mayor, en la nave central, estaban colocados los asientos de honor, los que fueron ocupados por el Ministro de Guerra, Sr. Matte Gormaz, el Presidente de la Liga Patriótica Militar Sr. Domingo Toro Herrera,y el General Sr. Boonen Rivera, Inspector General del Ejército.
Seguían después los deudos de los héroes, Srs. Clodomiro y Julio Pérez Canto, Alejandro Montt, y el Regidor Sr. pedro Marín.
Las naves del templo estaban ocupadas por numerosas instituciones y alumnos de establecimientos de Instrucción.
Se dio comienzo a la ceremonia religiosa con un "Canto a los Héroes", compuesto para esta ocasión por el pbto. don Vicente Carrasco, maestro de capilla de la Catedral.
Una vez concluído éste el Arsediano D. Clovis Montero entonó el Te Deum en compañía del clero allí reunido, el que fue escuchado con religioso silencio por la selecta como numerosa concurrencia.
En seguida subió al púlpito el Pbto. D. Clovis Montero, quien en una brillante alocución, dio a conocer el significado que tiene para los chilenos la conmemoración del sacrificio de los Héroes de la Concepción".
Revista Sucesos, Julio, 1913

Fotografías

1.- El Monumento donde están depositados los corazones de los Héroes de la Concepción muestra las ofrendas de las diversas instituciones que fueron a rendirle honores.
2.- D. Domingo Toro Herrera, Presidente de la Liga Patriótica Militar; Generales Pinto Concha y Boonen Rivera, D. Jorge Matte, Ministro de la Guerrea y General Sofanor Parra, presenciando el desfile de las instituciones frente al Monumento de los Héroes.
3.- Miembros del Club de Tiro "Héroes de la Concepción", conduciendo una corona.
4.- El glorioso estandarte del "Batallón Chacabuco", escoltado por cadetes de la Escuela Militar.

"ENGANCHE"

Mucho se ha dicho de ciertos episodios en que tal vez el enganche fue forzoso; que, una vez que la guerra se alargaba era más difícil encontrar voluntarios. Al parecer en el testimonio que les traemos hoy, eso estaría descartado, al menos hasta pasado el medio año del 1880.
Veamos a qué nos referimos en este breve relato de una carta del Sbtte. Francisco Figueroa, del Batallón Quillota:

" El mismo día 21 de setiembre (de 1880) en la tarde, llegamos a Valparaíso y ahí nos encontramos con que la estación estaba llena de un inmenso gentío, y que no podíamos pasar al lugar donde debíamos embarcarnos. Era tanto en entusiasmo, que le diré lo que me pasó a mí en la estación del Barón. 
Mientras hacía embarcar los bultos y equipajes de nuestro batallón, se me presentaron cinco individuos pidiéndome los llevase en el cuerpo y trabajase porque los admitiesen de soldados; de estos individuos habían dos jovencitos muy decentes. Yo les expuse que nuestro batallón tenía más gente que la dotación requerida; que no se admitían más que voluntarios decididos y dispuestos a ir a morir por la patria, y no soldados que después se hubieren de arrepentir y quisieran retirarse; y que tenían otros cuerpos donde ingresar. Me contestaron con energía y entusiasmo suplicante que no se arrepentirían jamás; que lo habían pensado mucho y que solo esperaban que llegase el batallón Quillota para enrolarse, pues eran quillotanos, y querían ir a Lima cobijados por nuestro estandarte. Yo les volví a hacer varias otras observaciones, pero todo inútil. Todo esto sucedía delante de un gentío numeroso que nos rodeaba y que aplaudía la determinación de estos nuevos voluntarios. 
Por fin, viendo tanta exigencia aplaudí también este proceder; solo me llevé a cuatro de ellos para presentarlos a mi comandante, dejando uno porque lo consideraba enfermo y débil. ¿Cuál no sería mi sorpresa cuando a bordo del Amazonas me encontré con que se habían agregado al batallón una veintena o más de valientes voluntarios? Dígase lo que se quiera, el batallón ha sido afortunado en todo lo que se ha hecho y en todas partes donde ha estado. ¡Qué le sea también propicia la campaña y entrada a Lima y está dicho y hecho todo!"

Epistolario de Francisco Figueroa Brito, Subteniente del Batallòn Quillota.
Cuaderno de Historia MIlitar Nº 6, Sergio Villalobos y Patricio Ibarra