lunes, 31 de octubre de 2016

"RECEPCIÓN DE LOS HÉROES DE LA COVADONGA" PARTE FINAL

Para concluír estas manifestacuiones, les invitamos a enterarse de todas aquellas muestras de cariño y admiración que por nuestros héores demostraron en aquél día en Valparaíso. Uno se pregunta: ¿por qué Chile no le ha dado a Condell y sus bravos el honor que corresponde?, ¿por qué un segundo y prácticamente  transparente sitial en los los anales de la historia y la actual educación escolar?..
Un capricho?, una hironía? Más bien para mi es una paradoja.
Les dejo entonces con el dulce final de la llegada de nuestros héroes al suelo patrio:


"Luego de los discursos del señor Artemón Frías y el Intendente de Valparaíso, señor Altamirano, la comitiva se dirigió a la Iglesia de los "Doce Apóstoles", por entre arcos triunfales y bajo una no interrumpida lluvia de flores.
Al llegar a la Plaza Victoria, la comitiva se detuvo frente a la casa de la señora Bauchef, dama de la sociedad porteña, esquina del lado del mar. En el extenso balcón de esta casa estaban muchas señoritas y caballeros y al enfrentar a Condell, cantaron con admirable maestría el himno de Yungai. El coro lo variaron en este sentido:

Cantemos la gloria
Del triunfo marcial
Que el buque chileno
Obtuvo en el mar.

Los aplausos atronaban el espacio en cada una de las estrofas.

Al entrar a la iglesia se abrió una granada dejando caer sobre las sienes de Condell flores y coronas. También volaron varios pajaritos adornados con cintas tricolores. El señor gobernador eclesiástico don Mariano Casanova ofició el Te Deum después de recibir en la puerta a Condell.
La iglesia estaba adornada con gusto esquisito. En el altar mayor había un trofeo ostentando en el centro la espada del heroico Prat que habia traído recientemente el comandante del Bolivia.
A. las dos terminó la ceremonia relijiosa y el bravo Condell pudo sustraerse por un momento a las manifestaciones públicas e ir a su hogar donde tantos corazones lo estrecharon con ternura y efusión.
Repetidas veces tuvo que salir a las ventanas ante las exijencias del pueblo. En una de estas ocasiones salió con su tierno hijo i lo mostró al pueblo pronunciando entusiasta el juramento de vencer o morir en la actual guerra.

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Los hijos del Presidente de la República le entregaron una medallado oro que le mandaba junto con una carta el arzobispo electo señor Taforó.
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Una de las hermosas coronas obsequiadas a Condell llevaba una tarjeta con este nombre Julia Solar de Lynch e hijos.
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En el arco de la Victoria habia esta inscripción: «El pueblo de Valparaiso a los héroes de Iquique—21 de mayo: Prat, Serrano, Uribe, Condell, Riquelme, Latorre, Videla, Orella.»
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En los balcones de la Intendencia estaban las familias del Presidente de la República, del señor Intendente Altamirano i otras. También se encontraba el señor Ministro de Hacienda.
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En los altos del almacén de música de Kirsinger llamabanla atención cuatro estandartes de seda lujosamente bordados. Algunas casas ostentaban sus fachadas completamente tapizadas de flores y coronas.
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Los alumnos del liceo obsequiaron una corona a uno de los oficiales que sacó el brazo derecho traspasado por una bala. La corona tenia esta dedicatoria: «Honor a Enrique Reinolds »
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El fotógrafo señor Spencer fué expresamente de Santiago i sacó vistas de la Covadonga cuando entró remolcada por el Loa i vista del aspecto de la plaza de la Intendencia cuando llegó a ella la comitiva.
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Cuan distinta fisonomía presentaba en este dia la ciudad y puerto de Valparaiso. El panorama no pudo ser mas espléndido. Los cielos y la mar— esos infinitos— se disputaban la supremacía para recibir digna i espléndidamente a los héroes. El cielo está azul i sobre su fondo de límpida luz se ostentan los
colores caprichosos i magníficos de la púrpura, del topacio, de gualda i de zafir.
Los caprichosos cambiantes de colores hacian creer que tambien la naturaleza se habia tornado en juguetona, plácida y risueña conforme a las palpitaciones del corazón.
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En el arco del muelle se leía: «A los héroes de Iquique la patria agradecida.»
I en medio de coronas i tules los nombres do Prat, Serrano, Riquelme, Condell, Aldea, Videla.
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Era tanto el deseo de todos los visitantes do la Covadonga por sacar astillas para llevar como recuerdo, que el bravo Condell, esclamó:—Lo que no han hecho los enemigos, lo van hacer los amigos. Me van a dejar sin mi buque.
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El cuerpo de voluntarios bomberos de Santiago llegó a Valparaiso a las 11 iycuarto y su presencia fué una de las mas agradables sorpresas, pues nadie sabia su viaje.
Las variadas i difíciles evoluciones que hizo en la esplanada con tanto lucimiento como corrección, arrancaron aplausos  estruendosos. Oficiales i paisanos felicitaron a porfía al comandante señor Rogers.
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En la noche, Condell fué objeto de nuevas manifestaciones en el teatro, a donde lo condujo una comisión especial presidida por el alealde señor Necochea. Al entrar al teatro toda la concurrencia poniéndose de pié cantó el himno de Yungai.
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En casa de Condell los salones estaban llenos de visitantes
El héroe era calorosa i repetidas veces abrazado.
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La comisión municipal de Santiago líegó a las doce i me dia del domingo. Se componía de los señores Víctor Aldunate, Enrique Gandarillas, José Luis Santa María i Guillermo Eyzaguirre.
No pudieron presentar a Condell la carta de felicitación de la Municipalidad de Santiago por haberla mandado ya el gobierno al norte.
Don Macario Óssa saludó a Condell en nombre de la Municipalidad de la Victoria.

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Obligado por las mil invitaciones que se le había hecho de Santiago, Condell y demás oficiales de la Covadonga tuvieron que trasladarse a ésta lo que hicieron el dia 27.
En Valparaiso los acompañó a la estación una concurrencia inmensa.

OVACIONES EN EL VIAJE.

El viaje de Condell y su oficialidad, de Valparaiso a Santiago, fué una verdadera marcha triunfal. En todas las estaciones los pobladores locales y los de los alrededores habian acudido por centenares, ávidos de ver de cerca a los vencedores de Iquique.
En Limache todo el pueblo acudió a la estación: las señoritas, provistas de ramilletes i coronas de flores, abordaron—por decirlo así—los vagones y a porfía se apresuraban a manifestar a los bravos marinos los sentimientos de admiración que llenaban sus almas de ánjeles.
En Llaillai toda la población se hallaba embanderada; y al llegar el convoi, repetidas salvas de fusilería saludaron su arribo, i los moradores se estrechaban en la estación para admirar de cerca al que tan alto habia levantado el pabellón de la república.
En la estación de Renca se pronunciaron elocuentes discursos dirijidos a los marinos, y se les obsequió con un sinnúmero de coronas i ramilletes.
Condell i sus oficiales, profundamente conmovidos ante esas espléndidas manifestaciones de cariño y
de gratitud, derramaron mas de una lágrima en presencia de ese pneblo chileno que sabe pagar con usura los beneficios que recibe.
El lejendario pago de Chile ha recibido en las estaciones intermedias de Valparaiso a Santiago, un desmentido tan elocuente como el que le ha dado la capital.
El pago de Chile de la ironía ha cedido desde ayer su puesto al pago de Chile de la gratitud i de la justicia."



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