martes, 11 de octubre de 2016

"NUESTROS HÉROES EN LA BATALLA DE TACNA"

Siempre buscamos héroes guerreros en las modas extranjeras, siempre buscamos los más elevados valores en personajes que no son nuestros.
Don Diego Dublé Almeida en su relato nos muestra que el soldado chileno es un guerrero por naturaleza: soldados y oficialidad, juntos con un solo propósito: he aquí "nuestros héroes"...

"Desde el sitio en que se hallaban el General en Jefe y Jefe del Estado Mayor, se habían apercibido de la situación difícil en que se encontraba la 1ª División, y habían dado las órdenes para que cargara la caballería y marchara la 3ª División en su auxilio. Parte de esta también reforzó en el ataque a la 2ª División.
Fui enviado por el General en Jefe a nuestra ala izquierda para informarlo de lo que allí pasaba, y tomar, en acuerdo con el comandante de la 4ª División, coronel Barbosa, las medidas que creyera convenientes.
De aquella división acababa de llegar un ayudante pidiendo, a nombre de Barbosa, municiones para la infantería que estaba próxima a consumirlas. Como el ayudante (mi hermano materno, Diego Millar Almeida), había sido herido al atravesar el campo de batalla, y no se hallaba en estado de mantenerse a caballo, el General en Jefe me ordenó fuese a ponerme a las órdenes de Barbosa. Atravesé a gran galope la extensa línea de batalla y llegué donde se dominaba con claridad la línea enemiga. Le dije a lo que iba, manifestándole que municiones no se le podían enviar, porque el parque aún no llegaba, pero que podía traerle fuerzas de la reserva, que aún no había entrado en combate, en el caso que necesitara de ellas.

En ese momento la situación de esa división era la siguiente:

El Jefe de Estado Mayor de estas fuerzas había logrado colocar la artillería en una altura del otro lado de la quebrada que defendía el ala derecha enemiga, y desde allí nuestros cañones habían causado un efecto terrible en la línea contraria, silenciando la artillería de la fortaleza que había en aquella extremidad.
Los Cazadores del Desierto, salvando grandes dificultades que les oponían las irregularidades del terreno, habían envuelto el ala derecha enemiga y marchaban al ataque con vigor y decisión. Las tropas del Lautaro atacaban oblicuamente y con gran empuje; y Zapadores marchaban de frente, en dispersión, subiendo y bajando los innumerables lomajes de aquel terreno.

Después de observar el campo, el coronel Barbosa, con su semblante lleno de satisfacción, y en el lenguaje familiar que usaba conmigo, me dijo:

“Tu hermano (el Jefe de Estado Mayor de la 4ª División), no sé cómo ha podido colocar la artillería en aquel cerro. Desde allí les ha hecho pedazos el fuerte… ¡Mira! ¡ que viejito tan bravo…!” y me mostraba al comandante Robles, del Lautaro, que, espada en mano y a la vanguardia de las guerrillas de su batallón, subía la ladera que conducía al fuerte. Y tomando en seguida aire y lenguaje de jefe, me dijo:

“Vuelva, señor, donde mi General en Jefe y dígale que si no tengo municiones, ese fuerte lo tomaré a la bayoneta”.



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