lunes, 31 de octubre de 2016

"POEMA AL HERMANO"



En la Guerra del pacífico encontramos a muchos niños que siguieron al ejército, niños de entre 10 y 18 a 20 años. Jovencitos que quisieron acompañar a sus hermanos, a sus padres a sus amigos.
En el diario "El Atacameño", escrito en campaña por la oficialidad del Atacama, encontré un testimonio de un joven muerto en la batalla de Tacna y unos versos escritos por su hermano. En éstos, se retrata el dolor, la rabia y la impotencia al ver morir y perder frente a ti a tu ser más querido:
Con el título de:
"POESÍAS"
A
Manuel Julio Prado
(Muerto en la Batalla de Tacna el 26 de Mayo de 1880)
"También hermano mío, luchando como bueno,
Al grito de "a la carga" te he visto perecer,
Y he visto que en tu cuerpo, el cuerpo de un chileno,
Cebábase el cholaje, con sin igual placer.
Venganza de chacales, inmundos asesinos,
Hicisteis de un niño de candorosa edad,
Que sólo cabe en pechos cobardes, femeninos,
Usar de torpe saña, de saña criminal.
No importa, maricones!, El cuerpo de mi hermano,
En la candente arena yo veo estremecer,
Clamando está venganza i pronto de mi mano,
En Lima corrompida, en Lima la tendréis.
A Lima a Lima iremos, i pobres de vosotros,
Que solo habéis mostrado las iras del chacal,
Allí tendréis leones sangrientos en nosotros,
Que saben ante todo pelear para vengar."
Ascanio Prado, Cabo 1°

"RECEPCIÓN DE LOS HÉROES DE LA COVADONGA" PARTE FINAL

Para concluír estas manifestacuiones, les invitamos a enterarse de todas aquellas muestras de cariño y admiración que por nuestros héores demostraron en aquél día en Valparaíso. Uno se pregunta: ¿por qué Chile no le ha dado a Condell y sus bravos el honor que corresponde?, ¿por qué un segundo y prácticamente  transparente sitial en los los anales de la historia y la actual educación escolar?..
Un capricho?, una hironía? Más bien para mi es una paradoja.
Les dejo entonces con el dulce final de la llegada de nuestros héroes al suelo patrio:


"Luego de los discursos del señor Artemón Frías y el Intendente de Valparaíso, señor Altamirano, la comitiva se dirigió a la Iglesia de los "Doce Apóstoles", por entre arcos triunfales y bajo una no interrumpida lluvia de flores.
Al llegar a la Plaza Victoria, la comitiva se detuvo frente a la casa de la señora Bauchef, dama de la sociedad porteña, esquina del lado del mar. En el extenso balcón de esta casa estaban muchas señoritas y caballeros y al enfrentar a Condell, cantaron con admirable maestría el himno de Yungai. El coro lo variaron en este sentido:

Cantemos la gloria
Del triunfo marcial
Que el buque chileno
Obtuvo en el mar.

Los aplausos atronaban el espacio en cada una de las estrofas.

Al entrar a la iglesia se abrió una granada dejando caer sobre las sienes de Condell flores y coronas. También volaron varios pajaritos adornados con cintas tricolores. El señor gobernador eclesiástico don Mariano Casanova ofició el Te Deum después de recibir en la puerta a Condell.
La iglesia estaba adornada con gusto esquisito. En el altar mayor había un trofeo ostentando en el centro la espada del heroico Prat que habia traído recientemente el comandante del Bolivia.
A. las dos terminó la ceremonia relijiosa y el bravo Condell pudo sustraerse por un momento a las manifestaciones públicas e ir a su hogar donde tantos corazones lo estrecharon con ternura y efusión.
Repetidas veces tuvo que salir a las ventanas ante las exijencias del pueblo. En una de estas ocasiones salió con su tierno hijo i lo mostró al pueblo pronunciando entusiasta el juramento de vencer o morir en la actual guerra.

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Los hijos del Presidente de la República le entregaron una medallado oro que le mandaba junto con una carta el arzobispo electo señor Taforó.
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Una de las hermosas coronas obsequiadas a Condell llevaba una tarjeta con este nombre Julia Solar de Lynch e hijos.
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En el arco de la Victoria habia esta inscripción: «El pueblo de Valparaiso a los héroes de Iquique—21 de mayo: Prat, Serrano, Uribe, Condell, Riquelme, Latorre, Videla, Orella.»
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En los balcones de la Intendencia estaban las familias del Presidente de la República, del señor Intendente Altamirano i otras. También se encontraba el señor Ministro de Hacienda.
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En los altos del almacén de música de Kirsinger llamabanla atención cuatro estandartes de seda lujosamente bordados. Algunas casas ostentaban sus fachadas completamente tapizadas de flores y coronas.
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Los alumnos del liceo obsequiaron una corona a uno de los oficiales que sacó el brazo derecho traspasado por una bala. La corona tenia esta dedicatoria: «Honor a Enrique Reinolds »
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El fotógrafo señor Spencer fué expresamente de Santiago i sacó vistas de la Covadonga cuando entró remolcada por el Loa i vista del aspecto de la plaza de la Intendencia cuando llegó a ella la comitiva.
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Cuan distinta fisonomía presentaba en este dia la ciudad y puerto de Valparaiso. El panorama no pudo ser mas espléndido. Los cielos y la mar— esos infinitos— se disputaban la supremacía para recibir digna i espléndidamente a los héroes. El cielo está azul i sobre su fondo de límpida luz se ostentan los
colores caprichosos i magníficos de la púrpura, del topacio, de gualda i de zafir.
Los caprichosos cambiantes de colores hacian creer que tambien la naturaleza se habia tornado en juguetona, plácida y risueña conforme a las palpitaciones del corazón.
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En el arco del muelle se leía: «A los héroes de Iquique la patria agradecida.»
I en medio de coronas i tules los nombres do Prat, Serrano, Riquelme, Condell, Aldea, Videla.
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Era tanto el deseo de todos los visitantes do la Covadonga por sacar astillas para llevar como recuerdo, que el bravo Condell, esclamó:—Lo que no han hecho los enemigos, lo van hacer los amigos. Me van a dejar sin mi buque.
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El cuerpo de voluntarios bomberos de Santiago llegó a Valparaiso a las 11 iycuarto y su presencia fué una de las mas agradables sorpresas, pues nadie sabia su viaje.
Las variadas i difíciles evoluciones que hizo en la esplanada con tanto lucimiento como corrección, arrancaron aplausos  estruendosos. Oficiales i paisanos felicitaron a porfía al comandante señor Rogers.
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En la noche, Condell fué objeto de nuevas manifestaciones en el teatro, a donde lo condujo una comisión especial presidida por el alealde señor Necochea. Al entrar al teatro toda la concurrencia poniéndose de pié cantó el himno de Yungai.
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En casa de Condell los salones estaban llenos de visitantes
El héroe era calorosa i repetidas veces abrazado.
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La comisión municipal de Santiago líegó a las doce i me dia del domingo. Se componía de los señores Víctor Aldunate, Enrique Gandarillas, José Luis Santa María i Guillermo Eyzaguirre.
No pudieron presentar a Condell la carta de felicitación de la Municipalidad de Santiago por haberla mandado ya el gobierno al norte.
Don Macario Óssa saludó a Condell en nombre de la Municipalidad de la Victoria.

* *
Obligado por las mil invitaciones que se le había hecho de Santiago, Condell y demás oficiales de la Covadonga tuvieron que trasladarse a ésta lo que hicieron el dia 27.
En Valparaiso los acompañó a la estación una concurrencia inmensa.

OVACIONES EN EL VIAJE.

El viaje de Condell y su oficialidad, de Valparaiso a Santiago, fué una verdadera marcha triunfal. En todas las estaciones los pobladores locales y los de los alrededores habian acudido por centenares, ávidos de ver de cerca a los vencedores de Iquique.
En Limache todo el pueblo acudió a la estación: las señoritas, provistas de ramilletes i coronas de flores, abordaron—por decirlo así—los vagones y a porfía se apresuraban a manifestar a los bravos marinos los sentimientos de admiración que llenaban sus almas de ánjeles.
En Llaillai toda la población se hallaba embanderada; y al llegar el convoi, repetidas salvas de fusilería saludaron su arribo, i los moradores se estrechaban en la estación para admirar de cerca al que tan alto habia levantado el pabellón de la república.
En la estación de Renca se pronunciaron elocuentes discursos dirijidos a los marinos, y se les obsequió con un sinnúmero de coronas i ramilletes.
Condell i sus oficiales, profundamente conmovidos ante esas espléndidas manifestaciones de cariño y
de gratitud, derramaron mas de una lágrima en presencia de ese pneblo chileno que sabe pagar con usura los beneficios que recibe.
El lejendario pago de Chile ha recibido en las estaciones intermedias de Valparaiso a Santiago, un desmentido tan elocuente como el que le ha dado la capital.
El pago de Chile de la ironía ha cedido desde ayer su puesto al pago de Chile de la gratitud i de la justicia."



martes, 11 de octubre de 2016

"NUESTROS HÉROES EN LA BATALLA DE TACNA"

Siempre buscamos héroes guerreros en las modas extranjeras, siempre buscamos los más elevados valores en personajes que no son nuestros.
Don Diego Dublé Almeida en su relato nos muestra que el soldado chileno es un guerrero por naturaleza: soldados y oficialidad, juntos con un solo propósito: he aquí "nuestros héroes"...

"Desde el sitio en que se hallaban el General en Jefe y Jefe del Estado Mayor, se habían apercibido de la situación difícil en que se encontraba la 1ª División, y habían dado las órdenes para que cargara la caballería y marchara la 3ª División en su auxilio. Parte de esta también reforzó en el ataque a la 2ª División.
Fui enviado por el General en Jefe a nuestra ala izquierda para informarlo de lo que allí pasaba, y tomar, en acuerdo con el comandante de la 4ª División, coronel Barbosa, las medidas que creyera convenientes.
De aquella división acababa de llegar un ayudante pidiendo, a nombre de Barbosa, municiones para la infantería que estaba próxima a consumirlas. Como el ayudante (mi hermano materno, Diego Millar Almeida), había sido herido al atravesar el campo de batalla, y no se hallaba en estado de mantenerse a caballo, el General en Jefe me ordenó fuese a ponerme a las órdenes de Barbosa. Atravesé a gran galope la extensa línea de batalla y llegué donde se dominaba con claridad la línea enemiga. Le dije a lo que iba, manifestándole que municiones no se le podían enviar, porque el parque aún no llegaba, pero que podía traerle fuerzas de la reserva, que aún no había entrado en combate, en el caso que necesitara de ellas.

En ese momento la situación de esa división era la siguiente:

El Jefe de Estado Mayor de estas fuerzas había logrado colocar la artillería en una altura del otro lado de la quebrada que defendía el ala derecha enemiga, y desde allí nuestros cañones habían causado un efecto terrible en la línea contraria, silenciando la artillería de la fortaleza que había en aquella extremidad.
Los Cazadores del Desierto, salvando grandes dificultades que les oponían las irregularidades del terreno, habían envuelto el ala derecha enemiga y marchaban al ataque con vigor y decisión. Las tropas del Lautaro atacaban oblicuamente y con gran empuje; y Zapadores marchaban de frente, en dispersión, subiendo y bajando los innumerables lomajes de aquel terreno.

Después de observar el campo, el coronel Barbosa, con su semblante lleno de satisfacción, y en el lenguaje familiar que usaba conmigo, me dijo:

“Tu hermano (el Jefe de Estado Mayor de la 4ª División), no sé cómo ha podido colocar la artillería en aquel cerro. Desde allí les ha hecho pedazos el fuerte… ¡Mira! ¡ que viejito tan bravo…!” y me mostraba al comandante Robles, del Lautaro, que, espada en mano y a la vanguardia de las guerrillas de su batallón, subía la ladera que conducía al fuerte. Y tomando en seguida aire y lenguaje de jefe, me dijo:

“Vuelva, señor, donde mi General en Jefe y dígale que si no tengo municiones, ese fuerte lo tomaré a la bayoneta”.



sábado, 8 de octubre de 2016

CARTA DEL CIRUJANO DEL COCHRANE MANUEL F. AGUIRRE

El Combate Naval de Angamos, sublime cuadro en que nuestros buques de guerra detienen por fin al escurridizo "Huáscar".
El "Cochrane" y el "Blanco" quedarán en la historia de nuestras glorias junto a sus inmortales comandantes don Juan José Latorre y Galvarino Riveros.
Leamos una carta enviada a un amigo, por el cirujano del Cochrane Dr. Manuel F. Aguirre, contandole interesantes detalles y pormenores de lo ocurrido aquella mañana del 8 de Octubre de 1879 y de los cuales él fue testigo presencial y ocular de estos hechos:
“Mejillones de Chile, octubre 9 de 1879 .
Señor Pedro Nolasco Carvajal.
Apreciado amigo:
Como le prometí, voi a darle algunas noticias sobre los sucesos de la guerra.
El 6 en la noche, de regreso de nuestra espedicion al norte, tomamos fondeadero en Mejillones Cochrane, O'Higgins i Loa. Al amanecer del siguiente dia se nos juntó el Blanco, Covadonga i Matías. En la tarde del 7 el jefe de la escuadra recibió orden de dijirse a Antofagasta, lo que efectuó en esa misma noche en convoi con Covadonga i Matías. Poco después de la partida de estos buques, el comandante Latorre recibió orden del Ministro de la Guerra de salir a cruzar hasta 20 millas al O. de Mejilloaes con el objeto de cortar la retirada al Huáscar i Union que andaban por el sur cerca do Coquimbo hacia dos dias.
A la 1 ½ A. M. del 8 dejábamos la bahía en compañía del Loa i O'Higgins. A las 4 A. M. nos encontrábamos a poco mas de 20 millas al O. de Punta Angamos. A las 6 ¾ divisamos dos humos al SE. i mui cercanos a la costa, que supusimos ser de buques enemigos, de lo que pronto nos convencimos.
Poco después de haberles puesto la proa para cortarles la retirada, vimos aparecer tres humos mas que también venían del S. Eran el Blanco, Covadonga i Matías que venían en persecución de los buques peruanos, pero a mui larga distancia de ellos.
En esta situación ya conocimos distintamente al Huáscar i a la Union que tomaban directamente rumbo al N. Nosotros, forzando máquinas gobernábamos directamente sobre Punta Angamos, acortándose por momentos la distancia que nos separaba del enemigo.
A las 7 . 50 se tocó zafarrancho. La Union que seguia las aguas del monitor, se puso al habla con éste dejándolo pocos momentos después a toda fuerza de máquina, siempre con rumbo al N. La O'Higgins que venia por nuestro costado de babor i el Loa que venia mucho mas atrás, recibieron orden de cortar la proa i atacar a la corbeta enemiga que se escapaba, mientras el Cochrane atacaba al Huáscar.
Nos encontrábamos frente a la bahía de Mejillones. Eran las 9.10 i distábamos 8,200 metros del monitor cuando éste izó su bandera disparándonos los dos cañones de su torre. Las balas pasaron por encima de nuestro blindado, yendo a caer a alguna distancia, sin dañarlo absolutamente.
Nuestro comandante no dio orden de romper el fuego esperando acortar mas la distancia para tener mas seguridad en las punterías. Cuando nos hubimos acercado 1,000 metros mas, rompimos el fuego, dando el segundo de éstos en la torre del comandante, el que murió en el acto, según nos han asegurado después sus mismos oficiales. Eran las 9 20. Poco después el Huáscar caia sobre estribor; gobernando nosotros paralelamente a él, le hacíamos mui buenos disparos que, perforando su blindaje, le causaban inmensos daños. Lo te níamos a 450 metros i acosado por nuestros proyectiles cuando arrió su bandera que llevaba al pico del palo mayor. Era la única que llevaba. Eran las 10. 10. Sin embargo no paraba su máquina. Algunos instantes después volvia a izar su pabellón. Ambos buques navegaban siempre paralelamente. A las 10.20 caia por segunda vez sobre estribor; el buque no tenia gobierno; dos de nuestros proyectiles, que le habian penetrado por la popa, le habian llevado las cadenas del timón de combate. El timón ordinario habia sido inutilizado también en los primeros momentos de la acción.
Viendo esto, cerramos la caña a babor para embestirle con nuestro ariete; pero el golpe fué errado i la popa del monitor alcanzó a pasar libre de nuestro espolón. Así, acosado por una lluvia de proyectiles, sin gobierno, su casco mui averiado en muchas partes, como también su torre, su primer i segundo comandante muertos, como también algunos otros oficiales i gran número de su marinería, así ya para rendirse definitivamente, llegó el Blanco a tomar parte también en el combate, interponiéndose entre el Cochrane i el Huáscar, de tal modo que tuvimos que jirar rápidamente sobre babor para evitar una colisión. Eran las 10.25. Este incidente vino a prolongar la situación que ya se definía, alejándonos del enemigo a 1,200 metros de solo 200 a que estábamos. Sin embargo, forzando la máquina, volvimos a acortar la distancia algunos momentos después.
Estrechado el enemigo dirijió su proa al Cochrane, pero viendo que nosotros hacíamos la misma maniobra, desistió de su desesperada intención jirando por estribor para pasar solo a cinco metros de nuestro espolón. En este paso le disparamos nuestros cañon. Como siguiera el enemigo cayendo sobre estribor, el Blanco, que había vuelto a quedar tras de nosotros, aprovechó de este movimiento para envestirle nuevamente con su espolón, pero sin conseguir su objeto.
Los fuegos de nuestros blindados continuaban con certeza sobre el enemigo que no pudiendo escapar i ya casi inutilizado, arrió definitivamente su bandera, dirijiéndose al Cochrane.
La toldilla í cubierta del monitor estaba en esos momentos llena de jente que nos llamaban haciéndonos señales con pañuelos blancos. Eran las 10.55 ms. A. M. Al instante se armaron nuestros botes para tomar posesión del buque i auxiliar a sus tripulantes.
Una vez en él, vimos cuadros horribles; mezclados con los destrozos del buque, se veian multitud de cadáveres i de moribundos que exhalaban sus últimos quejidos. La cubierta, tapizada de sangre i restos humanos. La cámara del comandante i la de oficiales, que era la de cirujía, completamente destrozadas i llenas de heridos.
No habia parte del buque que no mostrara charcos de sangre i fragmentos de cadáveres ya en el piso o inscrustados en el techo o en los costados.
Es preciso haber visto aquello para formarse una idea aproximada de tan tristes espectáculos.
A los mas graves les presté los ausilios profesionales en el mismo buque, mandándolos inmediatamente a bordo de nuestra escuadra, donde eran atendidos con todo esmero por mis colegas.
En pocos momentos nuestros botes trasbordaron a sus respectivos buques, primero a los heridos i después a los buenos, quedando solo dos tenientes peruanos a bordo del monitor.
Al abordar el buque, éste hacia mucha agua, tanto por los destrozos causados por nuestras balas, como porque los condensadores i válvulas habian sido abiertas para que éste se fuera a pique. Pero merced a Mr. Werner i señor Romero, injenieros del Cochrane, que con mucha prontitud remediaron estos males, el buque se pudo salvar. Un momento mas sin estos ausilios, el buque se habria perdido inevitablemente.
Otra circunstancia estuvo a punto de perdernos con el buque: Hacia posos momentos que habíamos pisado su cubierta, cuando notamos un incendio causado por la esplosion de un proyectil casi sobre la misma Santa Bárbara. Me ocupaba en hacer sacar a cubierta algunos heridos cuando fui avisado de lo que ocurría por un negro de los mismos marineros del buque, lo que no dejó de alarmarme; felizmente fué estinguido mui a tiempo. Una vez libre de estos inconvenientes i tripulado el buque por chilenos, nos dirijimos al puerto, a donde llegamos algunas horas después. El capitán Peña, segundo del Blanco, es el comandante accidental del monitor.
Me olvidaba decirle que del comandante Grau solo nos fue posible encontrar una pierna i una bota-manga de su levita. Bajaban su cadáver de la torre cuando una bomba lo hizo desaparecer junto con los que lo conducían. Su ropa, espada, charreteras, etc., fueron puestas en manos del jefe de la escuadra.
Hoi se dio sepultura a todos los fallecidos en el combate; les hicieron los honores de ordenanza i fueron acompañados al cementerio por los batallones existentes en este puerto. Al monitor se le está haciendo una media reparación para que pueda hacer su viaje a Valparaiso, el que efectuará en tres dias mas.
Le remito una lista de las averías i bajas habidas en el Almirante Cochrane.
Averías en el buque: Un tiro de la batería a estribor que penetró algunas pulgadas, removiendo la plancha i aflojando sus pernos. Otro en la aleta de estribor que penetró por el camarote del comandante llevándose también la cantina de id., puerta de la cámara de guardia-marinas, cubichetes de la cámara de tenientes, un tubo cohetero, la botica, un puntal, cuarto de banderas, saliendo a popa de la batería de babor, hiriendo lijeramente la boca del cañón número 6.
Un 3° perforó la proa a estribor metro i medio sobre la línea de agua, despedazando la cocina, bote de babor de proa, un ventilador i cayendo después sin hacer esplosion (esta granada se conserva intacta.) El 4° dio cerca de la línea de agua bajo el portalón de estribor sin hacernos daño por haber dado mui oblicuamente. Un 5° se llevó el pescante de la gata a babor.
Las jarcias de trinquete a estribor, un obenque i varios cabos también fueron cortados por los proyectiles. En la jarcia mayor también se cortó un obenque, astas de pico i varios cabos. La jarcia de mesana a babor. Varios tiros de ametralladora en los botes, chimenea i en la cofa de mesana donde hubo dos heridos.
Bajas: Herrero 1° Pedro Espinosa, herido gravemente por astillazos en la pierna, nalga i muslo derecho; grumete, Domingo Yonhson, herido gravemente en el costado derecho i muslo izquierdo (murió en el hospital de tierra hoi a las 2 P.M.); calafate, José María Villarroel, herido de gravedad por astillazos en la cabeza i pierna derecha; carbonero Vicente Diaz, en la pierna izquierda; soldado, José María Jofré, herido en la pierna derecha por bala de ametralladora; soldado, Custodio Segura, gravemente en la pierna derecha; carbonero, José R. Morales, levemente en la cabeza por astillazos. Varios otros con pequeñas heridas que no merecen mencionarse.
Lista de los oficiales peruanos que se encontraron a bordo del Huáscar en el combate de Mejillones:
l.er Comandante, contra-almirante, señor Miguel Grau (muerto al principio del combate.)
Secretario del comandante, capitán de fragata graduado, señor Meliton Carvajal (herido de gravedad en una pierna.)
2° Comandante, capitán de corbeta, señor Elias Aguirre (muerto).
Teniente l°, 3.er comandante, señor Diego Ferré (muerto.)
Teniente 1° graduado, señor Pedro Gárezon.
Id. id., señor José M. Rodríguez (muerto.)
Teniente 2°, señor Enrique Palacios (herido de gravedad en la cara, pié izquierdo i mano izquierda.)
Teniente 2°graduado, señor Jervacio Santillana.
Id. id., señor Fermín Diez Canseco (contuso.)
Alféres de fragata, señor Ricardo Herrera.
Capitán graduado de infantería, señor Mariano Bustamante
Sarjento mayor, jefe de guarniciones, señor José María Ugarteche (herido en la cara.)
Capitán de la columna Constitución, señor Manuel Arellanos.
Aspirantes a guardia-marinas: señores Carlos B. Tizón, Federico Sotomayor, Manuel Elias, Grimaldo Villavicencio, Manuel Villar i Domingo Valle-Riestra.
Cirujano mayor, señor Santiago Távara.
Cirujano de primera clase, señor Felipe M. Rotalde.
Practicante de medicina, señor José I. Canales.
Contador 1°, señor Juan Alfaro.
Superintendente de máquina, señor Tomas Wilkins.
l.er maquinista, señor Manuel Mac-Mahon.
2° id., señor Tomas W. Hugeches.
3° id., señor Richard Trenemann, id. id. Williams Grijjilhs.
4° id., señor Henry Lever, id. id. Ernesto Molina, id. id. Archibaldo Mac-Collum.
Ayudante de máquina, señor Augusto Mateus.
De los 205 tripulantes del Huáscar solo sobrevivieron 147, de los cuales por lo menos 40 a 50 están heridos, muchos de gravedad, habiendo muerto algunos de éstos en tierra.
Tiros dados por el Cochrane al Huáscar
Uno en la popa bajo el portalón del cañón de a 12 que mató a todos los que gobernaban el timón de combate destruyendo las cadenas de gobierno i destrozando la cámara del comandante. Otro en la aleta de estribor a menos de un metro de la línea de agua. Penetró también a la cámara del comandante. Otro a estribor en la línea de agua. Otro a estribor menos de un metro sobre la línea de agua, en la parte que está la máquina, destruyen do los camarotes de injenieros a ambos lados i llevándose también algunas barandas i pequeñas piezas de la máquina, sin causar otro daño en esta. Otro a estribor, metro i medio mas a proa. Uno en el costado de babor. Otro id. en el canto del blindaje. Todos estos perforaron el casco. Uno en el cabrestante dando también en el castillo. Tres en la torre delcomandante perforándola i casi destruyéndola completamente. Cinco en la torre de combate. Uno a estribor que dañó algo el cañón izquierdo matando casi toda la jente de la torre. Otro mas a proa que destruyó la muñonera del cañón de la derecha. Tres mas que no alcanzaron a perforar todo el blindaje por caer oblicuamente. La chimenea completamente inutilizada i varios otros que se llevaron parte de la amurada de babor.
Estos son los datos que le puedo dar sobre el combate del 8 de octubre que ha venido a decidir favorablemente la suerte de nuestras armas en el mar.
Recuerdos a la familia i disponga de su amigo.
Manuel F. Aguirre.
P. D.—Me olvidaba decirle que la O'Higgins i el Loa persiguieron a la Union hasta la noche sin poder darle caza.
—Vale.”

miércoles, 5 de octubre de 2016

RECEPCIÓN A LOS HÉROES DE LA "COVADONGA": PARTE II



"Una comisión compuesta de los capitanes de navios señores Cavieses, Hurtado i Riveros, comandante de arsenales señor Ramón Vidal Gormaz, comandante de la O'Higgins señor Jorje Montt, fué a bordo a invitar a los héroes para que bajasen a tierra.
En el muelle los esperaba la comisión de la Cámara de Diputados compuesta de los señores Ramón Barros Luco, Luis Jordán, Diego A. Elizondo i Gappar Toro, el alcalde de la Municipalidad de Valparaiso señer Necochea, i el de la Municipalidad de la Victoria señor Macario Ossa, i varios caballeros.
Desde el muelle hasta la Intendencia i -calle de la Aduana formaban calle los voluntarios del cuerpo de bomberos armados de Santiago que llegaron a las doce a ese puerto en tren espreso, la artillería i el batallón cívico núm. 1 de Valparaiso al mando del señor Santa María.
En la puerta de la Intendencia los esperaban el señor Intendente Altamirano, la comisión municipal de Santiago, la id. de tipógrafos i muchos otros caballeros.
A la una llegaron a la plaza los alumnos del liceo, conduciendo ramos i coronas. Uno de ellos, Ricardo Lennes, lleva una corona mas hermosa qué las demás. Está destinada al grumete Juan Bravo, que lleva carrera de ser un Juan Bart. Apenas han llegado los niños se oye el redoble del tambor
i las tropas tercian sus fusiles. Se acerca la hora deseada.
Todas las miradas se dirijen al muelle. Se ansia ver a los que con tanta serenidad i valor sostuvieron el honor del pabellón chileno en Punta Grueso.
En el muelle habia un arco triunfal, asi como al llegar a la Plaza de la Victoria. En ellos se leían los nombres de los oficiales que en Iquique conquistaron glorias inmarcesible en la Esmeralda i Covadonga.
A la una i diez minutos todas las bandas de música tocaron la Canción Nacional.
Condell apareció en el arco triunfal del muelle entre dos banderas coronadas. Lo acompañaban los demás oficiales i la tripulación de la Govadonga, formados de a dos en fondo.
Gritos de entusiasmo atronaban el espacio. La multitud parecía ajitada como el mar en tempestad.
Condell i demás llegaron hasta la Plaza de la Intendencia revelando en los semblantes el inmenso jubiló de sus corazones, en visto de tan espléndido recibimiento.
En la Plaza de la Intendencia el señor Agustín Montiel Rodríguez, desde los altos del café Americano dirijió la palabra de felicitación a nombre del pueblo de Valparaiso. Su discurso fué mui aplaudido, sobre todo cuando, señalando la estatua de lord Cochrane, dijo que la inmensa gloria de Iquique
haria estremecer el pedestal del héroe de la Independencia.
Después el niño Ricardo Lennes dirijió las siguientes palabras al bravo grumete Juan Bravo:
«En el menor de los héroes de la Covadonga queremos saludar a los marinos del 21 de mayo, que han dado a la patria un día imperecedero. Digno eres, valiente grumete, de la corona de laurel que con regocijo te presentamos, porque tú has probado que en Chile hasta los niños son leones cuando se trata de la honra nacional.
«Recibe lo que mereces i pejrmite que en un fraternal abrazo estreche tu corazón valiente a nombre de mis compañeros del liceo.
«Gloria a los valientes
«Salud al porvenir!»
Al terminar, colocó una corona sobre las sienes del grumete i le dio un abrazo.
En la puerta de la Intendencia se pronunciaron los siguientes discursos:



El señor Barros Luco (Ramón).—

«Comandante Condell, tripulantes de la Covadonga:
Os saludo a nombre de la honorable Cámara de Diputados. Esta alta corporación ha resuelto asociarse, a nombre de toda  la República a la manifestación que os hace en este dia el pueblo de Valparaiso.
«Habéis dado una pajina brillante a la historia de nuestra marina. «Arturo Prat, Serrano, Riquelme, Aldea, Hyat i muchos de vuestros compañeros de la Esmeralda han muerto pero han muerto como héroes, inscribiendo sus nombres en las pajinas inmortales de la historia.
«Ellos i vosotros habéis probado que el valor i el patriotismo son para el soldado chileno blindaje mas resistente que el fierro i el acero.
«El combate naval de Iquique ha sido, a juicio de los primeros marinos del mundo, un hecho de armas sin precedente en los tastos de las mas gloriosas guerras marítimas.
«Comandante Condell, acabáis de entrar a la bahía con vuestro pequeño buque a remolque i destrozado por las balas enemigas; empero habéis sepultado para siempre en las aguas de Iquique al mas fuerte acorazado de la escuadra peruana.
«La Covadonga pasará a ser el buque reliquia de nuestra escuadra.
«Marinos de la Covadonga, no trascurrirá mucho tiempo sin que volváis a suscar las aguas de Valparaiso a bordo de un buque que tenga escrita con letras de oro esta divisa memorable. (Continuará...)

En la fotografía el señor Diputado Ramón Barros Luco

Capitán de Fragata Carlos Condell