lunes, 22 de agosto de 2016

"CARTA DEL CAPITÁN DONOSO AL PADRE DEL TENIENTE HERNÁNDEZ"

Durante la contienda del Pacífico y en las múltiples batallas de la campaña terrestre, nos encontramos con diversos testimonios de despedida a los relativos familiares de nuestros héroes, que quedaron estampadas en cartas o dejaron como encargo a sus amigos o jefes de armas.
Este es el caso de uno de ellos que, encontrandose en la estación de San Bartolemé, sufrieron el destino de la muerte por heridas de bala en combate.
La carta es del Capitán Nicanor Donoso, perteneciente  al Batallón Buin 1° de Línea, y el combate que duró aproximadamente 9 hrs. y 35 minutos, se llevó a cabo en julio de 1882, en la denominada "Campaña de la Sierra".
Pensemos en lo difícil que debe haber sido para el Teniente Hernández transmitir su mensaje al Capitán Donoso y para éste, transmitirlo, ya aunque fuera escrito.
Sólo hemos de imaginar lo sentido por el padre de este patriota al recibir y leer esta carta. ¿Habrá sido en parte consuelo para él saber que, como miles, su hijo dio su vida en tierras extranjeras, por amor a la patria y a su familia? Tal vez, no lo sabemos;  pero a nosotros nos ha dejado un ejemplo de entereza y patriotismo sin parangón y un legado que no podemos olvidar.
Leamos pues, esta emotiva carta enviada por el noble Capitán al padre del valeroso Teniente Julio Hernández:

"Señor Juan José Hernández, Valparaíso:

Estimado señor:
Mucho le estrañará que le escriba una persona que no conoce; pero me tomo esta libertad porque tengo un encargo imprescindible i sagrado que cumplir:
Señor: soi el capitán que mandó la compañís del Buin en San Bartolomé, i como tal tuve la suerte de mandar a su hijo. Cuando este valiente oficial se encontró con tres heridas de bala, me llamó i me dijo:

-Capitán, sé que usted entró de simple soldado a este batallón i que con su constancia i su valor se ha conquistado los galones, pero también en los campos de batalla ha hecho su aprendizaje, cual es el de conocer a los valientes... Sé que no debo vivir i le quiero ir debiendo un servicio que es el siguiente: Tengo una madre i un padre a quienes mucho he querido, i como no sabrán si su hijo a sido digno de ellos, quiero se sirva decirles el concepto  que a Ud. he merecido.-

Prometí cumplir esta postrera voluntad i paso a decir a Ud. lo siguiente:
Su hijo no sólo se portó como un valiente, sino que su valor fue temerario. Durante la acción, que duró nueve horas, no se rindió uno solo de los soldados que mandaba su valiente hijo, porque con su ejemplo les enseñó cómo deben pelear los buines.
Como a las 12 M, recibió un balazo en la pierna derecha. Le ordené entonces que su pusiera tras de una pirca para que se le amarrara la pierna i no se desangrase, pero me contestó:

-Capitán!, a los valientes como Ud.no se les deja solos cuando el que recibe un balazo puede mantenerse todavía en pie..."

Apenas acababa de pronunciar estas palabras, una bala le atravesó de parte a parte el cuerpo, entrándole por el vientre, pero todavía eso era poco para rendir  al que,  desde San Juan,  conocía el plomo de los peruanos.
Cuando recibió el segundo balazo gritó al que suscribe y a sus soldados:

-Véngueme para morir contento i ninguno se rinda!

Esto dijo i se inclinó i apoyó en un peñásco. En esta actitud lo encontró el tercer balazo, que le perforó el lado derecho de la cara i salió por la boca. Esta herida lo martirizó  horriblemente, porque no lo dejaba hablar con claridad.
Cuando fuimos socorridos por la tropa mandada desde la Chosica i que el enemigo fugó, un tren llevó a los heridos a Lima, donde se les esperaba, i fueron  trasladados al hospital Dos de Mayo, con las más delicadas atenciones, por órden espresa del señor Jeneral.
El señor Coronel García lo trató, durante los momentos que lo visitó, con el cariño de un padre e igualmente los demás oficiales.
Yo, en el momento en que se marchaba a Lima le dije:

-Hernández, entre los que conocemos tan de cerca la muerte, no nos sorprende esta palabra; si mueres, yo, aunque sólo soi capitán, conseguiré hacerte los honores.-

-Le tomo la palabra- me contestó.

Ahora agregaré a Ud. señor, que esta palabra la cumplí.
Mucho más merecía un valiente que se ha sacrificado por su patria, i que con su sangre me ha hecho a mi más merecedor.
Sin otro motivo i dándole mi más sentido i sincero pésame, quedo de Ud. afectísimo servidor.-

Nicanor Donoso"

Según relata don Benjamín Vicuña Mackenna en su Album de la Gloria de Chile, Tomo II:

"...el voluntario del patriotismo encontróse en siete batallas i cinco campañas durante una guerra que duró cinco años: en Pisagua, en San Francisco, en Tacna, en Arica, en San Juan, en Miraflores, en la expedición Lynch, en la expedición Letelier, en la expedición Gana, i por último en el combate de San Bartolomé, donde perdió la vida a los 19 años 6 meses i 19 dias de jenerosa i fugaz existencia."

¡Honor y Gloria al niño soldado!

En la imágen el jóven Julio Hernández.


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