domingo, 7 de agosto de 2016

"ACTA DE RECONOCIMIENTO DEL CADÁVER DEL COMANDANTE DON ELEUTERIO RAMÍREZ"

Tarapacá tiene una característica que lo destaca muy especial, que es de tono espiritual como ningún otro lugar en Chile. Porque ahí, en esos suelos ardientes de sol,  descansan miles de cuerpos que fueron muertos y cuya sangre bañan los valles y el descampado y árido desierto.
Allí lejos, en una quebrada y un pueblito,  en noviembre de 1879, se llevó a cabo la Batalla de tarapacá, tan funesta por las miles de pérdidas humanas y por cuánto error pudieramos haber visto en la comandancia. Ahí sufrimos la pérdida de nuestros más valiosos hombres, los que pusieron el pecho a las balas por ser de los primeros. Allí también perdimos al Comandante Eleuterio Ramírez Molina, de cruel manera, que marcaría un nuevo resentimiento en las tropas, hacia el enemigo. Su cuerpo fue calcinado junto con aquellos que lo acaompañaban, herido,  en una pequeña casita ocupada como hospital de sangre.
Meses después una delegación enviada a inspeccioanr esos lugares dio con el cuerpo de nuestro comandante:

"En Quillaguasa, territorio peruano ocupado por las armas de Chile, los abajo firmados testifican, dan fé haber visto por sus propios ojos i reconocido el cadáver del que fué comandante del rejimiento 2.° de linea, don Eleuterio Ramirez, en una casa de San Lorenzo al sur de Tarapacá.  Está medio carbonizado i existe solo la parte del tronco arriba, menos el brazo derecho. El izquierdo está atado con un pañuelo en forma de venda, pero la cara i el cabello que aun le quedan demuestran claramente, i sin lngar a dudas, sus facciones se reconocerán a primera vista los que lo conocieron en vida. También hemos visto sacar del bolsillo de un pedazo de chaleco de lana que el comandante don José R. Vidanrre encontró entre las cenizas que hizo reconocer en el sitio donde estaba el cadáver, un par de colleras de oro con el anagrama de su nombre i cinco fichas de las que se usan en las oficinas
salitreras. Hemos visto igualmente una brújula de bolsillo, un tirabuzón con pito i una sortija de oro con esta inscripción:
«Recuerdos, 1874.»
El tirabuzón i la brújula fueron entregados por el subteniente don Eduardo Moreno Velasquez i la sortija por el subteniente don Julio A. Medina, quien la tomó del soldado José del Carmen Olivarez que fué el que lo sacó del dedo del finado comandante i los dos objetos restantes encontrados entre los jirones de sus vestidos.El tirabuzón i las fichas fueron reconocidos por el comandante don José R. Vidaurre, quien, antes de descubrirlas cuando el cabo Pedro Pablo Bermedo que abrió el citado bolsillo, por orden de este jefe, dijo que eran cóndores, respondió que eran fichas i enunció el valor de cada una porqne aseguró que él mismo se las habia obsequiado dias antes de su muerte.
A la feliz casualidad de haberse hecho recojer el pedazo de chaleco que ya se iba tapando con las cenizas que se estaban removiendo, se debe el hallazgo de las colleras i de las fichas que testifican suficientemente pertenecer al que fué comandante Ramirez si sus facciones solas no bastaran para reconocerlo.
En fé de lo espuesto firmamos la presente en Quillaguasa, a veinticinco dias del mes de enero de mil ochocientos ochenta.—J. R. Vidaurre.—Juan F. Urcullu.—Julio A. Medina.—David Tagle A.—J.Francisco Vargas.— José Tomas Urzúa.—M. Urízar.—José A. Silva.— Rolan ZUleruelo.— Eduardo Moreno V.—Luis Almarza. —A.EspelU V.—Sofanor Parra,—Juan Astorga.—Antonio León."





1 comentario:

  1. Es increíble que un militar de esa categoría muera en batalla de esa forma tan indigna.Su memoria hace justicia a este desenlace.

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