jueves, 25 de agosto de 2016

"RAFAEL TORREBLANCA: BREVE RELATO"

Rafael Torreblanca alcanzó el grado de Capitán del batallón Atacama cuando estaba en Tacna y sufrió la muerte en el campo de batalla. De sus memorias rescatamos un pequeño párrafo que demuestra su fortaleza y la de la tropa junto a la cual alcanzó la gloria en la Cuesta de Ángeles:

"Alcanzábamos ya la cima del cerro, cuando un enorme cholo se nos planta por delante gritandonos: Quién vive Canija! Uno de los soldados contestó: Yo! Y le descargó al mismo tiempo, su rifle. Eran las 6 1/4 de la mañana. 3/4 de hora bastaron para barrer con los enemigos diseminados en el curso.
Nos descolgamos enseguida como una avalancha sobre las trincheras. Llegados a distancia conveniente, todos nuestros cornetas tocaron ataque y todos nos lanzamos a la bayoneta. Una bandera chilena izada a mi espalda, flameó bien pronto sobre el muro enemigo."



Rafael Torreblanca, en la Cuesta de los Ángeles.

lunes, 22 de agosto de 2016

"CARTA DEL CAPITÁN DONOSO AL PADRE DEL TENIENTE HERNÁNDEZ"

Durante la contienda del Pacífico y en las múltiples batallas de la campaña terrestre, nos encontramos con diversos testimonios de despedida a los relativos familiares de nuestros héroes, que quedaron estampadas en cartas o dejaron como encargo a sus amigos o jefes de armas.
Este es el caso de uno de ellos que, encontrandose en la estación de San Bartolemé, sufrieron el destino de la muerte por heridas de bala en combate.
La carta es del Capitán Nicanor Donoso, perteneciente  al Batallón Buin 1° de Línea, y el combate que duró aproximadamente 9 hrs. y 35 minutos, se llevó a cabo en julio de 1882, en la denominada "Campaña de la Sierra".
Pensemos en lo difícil que debe haber sido para el Teniente Hernández transmitir su mensaje al Capitán Donoso y para éste, transmitirlo, ya aunque fuera escrito.
Sólo hemos de imaginar lo sentido por el padre de este patriota al recibir y leer esta carta. ¿Habrá sido en parte consuelo para él saber que, como miles, su hijo dio su vida en tierras extranjeras, por amor a la patria y a su familia? Tal vez, no lo sabemos;  pero a nosotros nos ha dejado un ejemplo de entereza y patriotismo sin parangón y un legado que no podemos olvidar.
Leamos pues, esta emotiva carta enviada por el noble Capitán al padre del valeroso Teniente Julio Hernández:

"Señor Juan José Hernández, Valparaíso:

Estimado señor:
Mucho le estrañará que le escriba una persona que no conoce; pero me tomo esta libertad porque tengo un encargo imprescindible i sagrado que cumplir:
Señor: soi el capitán que mandó la compañís del Buin en San Bartolomé, i como tal tuve la suerte de mandar a su hijo. Cuando este valiente oficial se encontró con tres heridas de bala, me llamó i me dijo:

-Capitán, sé que usted entró de simple soldado a este batallón i que con su constancia i su valor se ha conquistado los galones, pero también en los campos de batalla ha hecho su aprendizaje, cual es el de conocer a los valientes... Sé que no debo vivir i le quiero ir debiendo un servicio que es el siguiente: Tengo una madre i un padre a quienes mucho he querido, i como no sabrán si su hijo a sido digno de ellos, quiero se sirva decirles el concepto  que a Ud. he merecido.-

Prometí cumplir esta postrera voluntad i paso a decir a Ud. lo siguiente:
Su hijo no sólo se portó como un valiente, sino que su valor fue temerario. Durante la acción, que duró nueve horas, no se rindió uno solo de los soldados que mandaba su valiente hijo, porque con su ejemplo les enseñó cómo deben pelear los buines.
Como a las 12 M, recibió un balazo en la pierna derecha. Le ordené entonces que su pusiera tras de una pirca para que se le amarrara la pierna i no se desangrase, pero me contestó:

-Capitán!, a los valientes como Ud.no se les deja solos cuando el que recibe un balazo puede mantenerse todavía en pie..."

Apenas acababa de pronunciar estas palabras, una bala le atravesó de parte a parte el cuerpo, entrándole por el vientre, pero todavía eso era poco para rendir  al que,  desde San Juan,  conocía el plomo de los peruanos.
Cuando recibió el segundo balazo gritó al que suscribe y a sus soldados:

-Véngueme para morir contento i ninguno se rinda!

Esto dijo i se inclinó i apoyó en un peñásco. En esta actitud lo encontró el tercer balazo, que le perforó el lado derecho de la cara i salió por la boca. Esta herida lo martirizó  horriblemente, porque no lo dejaba hablar con claridad.
Cuando fuimos socorridos por la tropa mandada desde la Chosica i que el enemigo fugó, un tren llevó a los heridos a Lima, donde se les esperaba, i fueron  trasladados al hospital Dos de Mayo, con las más delicadas atenciones, por órden espresa del señor Jeneral.
El señor Coronel García lo trató, durante los momentos que lo visitó, con el cariño de un padre e igualmente los demás oficiales.
Yo, en el momento en que se marchaba a Lima le dije:

-Hernández, entre los que conocemos tan de cerca la muerte, no nos sorprende esta palabra; si mueres, yo, aunque sólo soi capitán, conseguiré hacerte los honores.-

-Le tomo la palabra- me contestó.

Ahora agregaré a Ud. señor, que esta palabra la cumplí.
Mucho más merecía un valiente que se ha sacrificado por su patria, i que con su sangre me ha hecho a mi más merecedor.
Sin otro motivo i dándole mi más sentido i sincero pésame, quedo de Ud. afectísimo servidor.-

Nicanor Donoso"

Según relata don Benjamín Vicuña Mackenna en su Album de la Gloria de Chile, Tomo II:

"...el voluntario del patriotismo encontróse en siete batallas i cinco campañas durante una guerra que duró cinco años: en Pisagua, en San Francisco, en Tacna, en Arica, en San Juan, en Miraflores, en la expedición Lynch, en la expedición Letelier, en la expedición Gana, i por último en el combate de San Bartolomé, donde perdió la vida a los 19 años 6 meses i 19 dias de jenerosa i fugaz existencia."

¡Honor y Gloria al niño soldado!

En la imágen el jóven Julio Hernández.


martes, 16 de agosto de 2016

"EL SARGENTO ALDEA HERIDO EN IQUIQUE"

Pocas veces se cuentan los detalles de lo ocurrido a nuestros héroes luego de los combates y batallas a los que se han enfrentado y tal es el caso de la gesta heróica del 21 de mayo.
Luego de terminado el combate, los cuerpos de quienes fallecieron asesinados en la cubierta del Huáscar, fueron llevados a tierra y puestos  sobre unas tablas estuvieron durante largo rato recibiendo la burla, el desprecio y el odio del pueblo peruano. La caridad vino del extranjero, que, como neutral, no dudó en socorrer a los heridos y dar sepultura a los difuntos. Es así como Prat y Serrano fueron llevados por miembros de la colonia española e italiana en Iquique, a un lugar en el cementerio, y Aldea al hospital pues venía herido.
Les presentamos a continuación, dos  breves relatos  pertenecientes  a   testigos de los hechos, un jóven español que se encontraba en el lugar del suceso y don Adolfo Gariazzo:

"Serían las 7 u 8 de la noche del día 21 de Mayo, cuando atracaron  varias embarcaciones menores al muelle al muelle de la Aduana de Iquique; en ellas, no se en cuál, pero si que fue una del Huáscar, vinieron los cadáveres de Prat y Serrano y el moribundo Aldea. Los pusieron en un carrito de los que tiene dicho muelle y empujándolos  los dejaron en el mismo carro frente a la puerta de la Aduana.
Un amigo de los  soldados de policía que pusieron de guardia, descubrió la cabeza de Prat, que estaba tapada con un pañuelo blanco y vi entonces que le faltaba toda la parte de la cara desde las cejas y de la cabeza hasta la nuca. Prat tenía barba  algo rubia y vestía un traje azúl marino, era más grueso y aún me parecía más chico.
Aldea hablaba. Preguntéle quién era y me dijo que saliente de la Esmeralda. ¿Dónde tiene la herida?, "Aquí", me dijo, queriendo incorporarse, y me señala al mismo tiempo con la mano, el mismo. Vestía terno oscuro de soldado y kepís."

Por su parte don Adolfo Gariazzo nos cuenta lo siguiente:

"Ese día estaba en el muelle y entonces vi que llegó cerca de la Aduana uno de los carros que se conducen mercaderías, sobre el cual descansaba un herido.
Era el sargento segundo Juan de Dios Aldea. Me acerqué a él y al preguntarle qué se le ofrecía me dijo: "Hágame el favor de un poquito de agua". Inmediatamente busqué agua,a la cual agregué un poco de coñac a indicación del mismo herido y se la di, bebiéndosela, casi  de un sorbo. Debo decir de paso que el herido vestía su uniforme de sargento segundo y se hallaba de espalda sobre el carro, con la gorra caída y la visera sobre el rostro.
Al verlo en ese estado, hicímoslo colocar sobre una camilla y lo llevamos al hospital de la ciudad acompañándolo los señores Hilario Maino, José Picconi y José Pulneri."


Los cuerpos de nuestros queridos Teniente Serrano y Capitán Arturo Prat Chacón fueron enterrados en el cementerio de I quique.
El valeroso y leal sargento Aldea agonizó durante tres días y el 24 de mayo muere a causa de sus heridas y amputación de su brazo. Es enterrado en una fosa común junto con los demás marineros y soldados de la Esmeralda.
Años más tarde su cuerpo sería exhumado y traído de vuelta a la patria, donde descansa en sempiterno sueño junto a sus jefes en la Cripta Heróica de los Héroes de Iquique.



Fuente: "Heróico Iquique: Crónicas de Aceros y Veriles" (Edgardo Villalobos Chaparro:Coronel de Aviación)


 Momento en que el Sargenta Aldea junto al Capitán Prat, abordan el monitor Huáscar, el 21 de Mayo de 1879.



Lugar final de reposo del Sargento 2° Juan de Dios Aldea, en la cripta de los héroes bajo el "Monumento a los Héroes", en Plaza Sotomayor, Valparaíso.


miércoles, 10 de agosto de 2016

"MUERTE DEL TENIENTE CORONEL TOMÁS YÁVAR"

Un Veterano de Tres Guerras, de Guillermo Parvex, es un libro escrito en base a las memorias de José Miguel Varela, alférez de Granaderos a Caballo y que tuvo participación en la Guerra del Pacífico, la Pacificación de la Araucanía y la Guerra Civil de 1891.
Al leer sus recuerdos nos adentramos en los  sucesos que se suscitaron en cada uno de estos conflictos bélicos y nos entrega inéditos e interesantes datos que no encontramos en otros textos y es porque estuvo en el momento preciso y el lugar correcto. Es así que en esta ocación nos describe en la famosa y ya mítica carga del Granaderos en Chorrillos,  el deceso de su comandante, el Teniente Coronel Tomás Yávar. 
La sangre derramada de nuestros hombres, no puede pasar desapercibida por la historia,  ni su lugar de reposo en Santiago de Chile:

"De pronto el aprendíz de sastre-de quién me había olvidado durante lo que llevábamos de combate- me grita que mire hacia mi izquierda. No entendí qué es lo que quería mostrarme, pero de pronto vi a la distancia un caballo que corría desbocado hacia el noroeste, directamente hacia las líneas enemigas, llevando a su jinete colgando por la grupa, agarrado de un estribo y, tras el corcel enloquecido, dos oficiales al galope tendido, a los que reconocí como los capitanes Contreras y Villagrán. Cuando el caballo con su jinete caído estaba por embestir a un batallón enemigo, uno de los oficiales logró tomarlo de las riendas iniciándo el regreso al galope hacia donde combatía el Tercer Escuadrón.
No tardó mucho en correrse la noticia a gritos. El caído era el Coronel Yávar."

Un Veterano de Tres Guerras
Pag. 174



domingo, 7 de agosto de 2016

"ACTA DE RECONOCIMIENTO DEL CADÁVER DEL COMANDANTE DON ELEUTERIO RAMÍREZ"

Tarapacá tiene una característica que lo destaca muy especial, que es de tono espiritual como ningún otro lugar en Chile. Porque ahí, en esos suelos ardientes de sol,  descansan miles de cuerpos que fueron muertos y cuya sangre bañan los valles y el descampado y árido desierto.
Allí lejos, en una quebrada y un pueblito,  en noviembre de 1879, se llevó a cabo la Batalla de tarapacá, tan funesta por las miles de pérdidas humanas y por cuánto error pudieramos haber visto en la comandancia. Ahí sufrimos la pérdida de nuestros más valiosos hombres, los que pusieron el pecho a las balas por ser de los primeros. Allí también perdimos al Comandante Eleuterio Ramírez Molina, de cruel manera, que marcaría un nuevo resentimiento en las tropas, hacia el enemigo. Su cuerpo fue calcinado junto con aquellos que lo acaompañaban, herido,  en una pequeña casita ocupada como hospital de sangre.
Meses después una delegación enviada a inspeccioanr esos lugares dio con el cuerpo de nuestro comandante:

"En Quillaguasa, territorio peruano ocupado por las armas de Chile, los abajo firmados testifican, dan fé haber visto por sus propios ojos i reconocido el cadáver del que fué comandante del rejimiento 2.° de linea, don Eleuterio Ramirez, en una casa de San Lorenzo al sur de Tarapacá.  Está medio carbonizado i existe solo la parte del tronco arriba, menos el brazo derecho. El izquierdo está atado con un pañuelo en forma de venda, pero la cara i el cabello que aun le quedan demuestran claramente, i sin lngar a dudas, sus facciones se reconocerán a primera vista los que lo conocieron en vida. También hemos visto sacar del bolsillo de un pedazo de chaleco de lana que el comandante don José R. Vidanrre encontró entre las cenizas que hizo reconocer en el sitio donde estaba el cadáver, un par de colleras de oro con el anagrama de su nombre i cinco fichas de las que se usan en las oficinas
salitreras. Hemos visto igualmente una brújula de bolsillo, un tirabuzón con pito i una sortija de oro con esta inscripción:
«Recuerdos, 1874.»
El tirabuzón i la brújula fueron entregados por el subteniente don Eduardo Moreno Velasquez i la sortija por el subteniente don Julio A. Medina, quien la tomó del soldado José del Carmen Olivarez que fué el que lo sacó del dedo del finado comandante i los dos objetos restantes encontrados entre los jirones de sus vestidos.El tirabuzón i las fichas fueron reconocidos por el comandante don José R. Vidaurre, quien, antes de descubrirlas cuando el cabo Pedro Pablo Bermedo que abrió el citado bolsillo, por orden de este jefe, dijo que eran cóndores, respondió que eran fichas i enunció el valor de cada una porqne aseguró que él mismo se las habia obsequiado dias antes de su muerte.
A la feliz casualidad de haberse hecho recojer el pedazo de chaleco que ya se iba tapando con las cenizas que se estaban removiendo, se debe el hallazgo de las colleras i de las fichas que testifican suficientemente pertenecer al que fué comandante Ramirez si sus facciones solas no bastaran para reconocerlo.
En fé de lo espuesto firmamos la presente en Quillaguasa, a veinticinco dias del mes de enero de mil ochocientos ochenta.—J. R. Vidaurre.—Juan F. Urcullu.—Julio A. Medina.—David Tagle A.—J.Francisco Vargas.— José Tomas Urzúa.—M. Urízar.—José A. Silva.— Rolan ZUleruelo.— Eduardo Moreno V.—Luis Almarza. —A.EspelU V.—Sofanor Parra,—Juan Astorga.—Antonio León."





lunes, 1 de agosto de 2016

"BATALLA DE TARAPACÁ: PARTE DE SOTOMAYOR"

La Batalla de Tarapacá: ¿triunfo o derrota?...Lo que sí nos queda claro, es que fue cruenta y lapidaria. Una de las batallas más duras que nos ha tocado en la Guerra del Pacífico. De este hecho de armas surgen preguntas, dudas, acusaciones, pero Tarapacá es nuestra; dejada ahí por el enemigo que ha puesto pies en polvorosa.  Nuestros hombres y mujeres que estuvieron ese día, vieron venir la muerte más rápida y fulminante que nunca.

He aquí un parte esclarecedor:


"(A las 7.20 P. M.)

Iquique, diciembre 5 de 1879.

Señor Ministro de la Guerra:

La división que atacó la fuerza enemiga de Tarapacá se componía de 2,300 hombres de las tres armas bajo las órdenes del coronel Arteaga. Según los datos que se tenian suponíamos que habria de dos a tres mil peruanos, pero en realidad habia como seis mil.
El combate duró ocho horas, habiéndose retirado nuestras tropas, por habérseles agotado las municiones i estar mui fatigados, a las 6 P. M,  La retirada se hizo con todo orden i en presencia de las fuerzas enemigas que no intentaron perseguir. Dos horas mas tarde principiaron la retirada las tropas peruanas, abandonando ciudad, muertos, heridos, ambulancias i dejándonos dueños de todo, de lo cual se tomó posesión al dia siguiente.
Nuestras bajas son: del 2.° de linea: muertos: comandante Eleuterio Ramirez, 2.° id. Bartolomé Vivar; capitanes, Diego Garfias Fierro, Ignacio Silva, José Antonio Garreton; teniente, Jorje Coktton Wiliams; subtenientes. Teiésfbro Guajardo, Belisario López, Clodomiro Bascuñan, Telésfor Barahona, José Tobías Morales i Francisco 2.° Moreno.
Heridos: capitanes: Bernardo Necochea, Emilio Larraín i Abel Garreton; subtenientes: Víctor Lira Errázuriz, Pedro Párraga, Manuel Larrain, Ricardo Bascuñán, Enrique Tagle Castro, Emilio Herrera, Luis Olmedo i Domingo Jofré.
Del segundo Rejimiento de Artillería: herido: teniente, Filomeno Besoain.
De Artillería de Marina: heridos i contusos: capitanes Carlos Silva Renard, Félix Urcullu, subteniente, Benjamin Gómez.
De Zapadores: muertos: subtenientes, Amadeo Mendoza. Froilan Guerrero, Francisco Olivares, Ricardo Jordán, Francisco Silva B., Heridos: Belisario Zañartu, capitán; contuso, Alejandro Baquedano, capitán.
Batallón Chacabuco: muertos: sarjento Mayor, Polidoro Valdivieso; tenientes, Martin Frías, Pedro Urriola, Jorje Cuevas; i heridos: capitán, Carlos Campos; subteniente Ramón Soto Dávila; contusos: teniente, Francisco Lira; subteniente, Pedro Fierro Latorre.
Individuos de tropa muertos en la jornada: 468; heridos 18o; prisioneros, 56, según noticias, no del todo seguras; total bajas, 710.
Estas cifras pueden sufrir alguna alteración, porque todavía quedan algunos soldados dispersos.
Se han mandado 500 hombres de caballería para que persigan sin cesar la marcha del enemigo, cortándole los recursos, i aun para atacarlo si se presenta la oportunidad.
Sus pérdidas se estiman en 800 muertos de tropa i mas de 300 heridos. En las ambulancias se tomaron 178 heridos, entre los cuales hai muchos jetes i oficiales. De éstos han muerto en el combate 66.
Loa anteriores datos me han sido comunicados por el Jeneral en Jefe.

Dios guarde a US.

R, SOTOMAYOR."