martes, 5 de julio de 2016

"EL ILTMO. OBISPO DE LA SERENA"

Uno de los sacerdotes que se destacó en la Guerra del Pacífico fue el presbítero Florencio Fontecilla.
Los historiadores de la época rescatan a este guerrero de la fe quien  sufrió junto a los soldados en los campos de batalla.
Mostró su valentía y devoción, al concurrir al centro mismo de los combates y batallas a acompañar y dar consuelo en sus últimos minutos a muchos valientes que expiraban en las condiciones más desastrozas. El presbítero Fontecilla, así como otros de su vocación, se dio por entero a la causa de su patria.
Encontramos el obituario de Florencio Fontecilla en la Revista Zig Zag de marzo 6 de 1909. Ahí se describe su carácter y misión en breves palabras:

Revista Zig Zag, Marzo 6, 1909

"Ha dejado de vivir uno de los prelados más ilustres del clero de Chile, el Ilustrísimo Obispo de La Serena, doctor don Florencio Fontecilla.
Miembro de la Iglesia desde el año 1876, su vida entera de sacerdote es un ejemplo: por sus virtudes, amor al trabajo y abnegación.
En la campaña del 79', monseñor Fontecilla, que aún no había sido elevado al episcopado,  acompañó al ejército expedicionario en el carácter de Capellán General.
En este puesto de  peligro y de misión tan elevada, monseñor Fontecilla fue la imágen de la caridad y el consuelo de nuestros soldados.
En medio del fuego de los combates, exponiendo segundo por segundo su vida, siempre se veía la silueta del sacerdote Fontecilla corriendo de un lado a otro, ya para dar con la señal de la cruz la vida eterna a un moribundo, o para emitir palabras de consuelo  a los oídos de un herido desesperado.
Elevado a la dignidad de Obispo el año de 1890, entró a seceder en la diócesis de La Serena, al Iltmo.
señor Orrego.
En este nuevo cargo, monseñor Fontecilla no solamente fue un pastor de almas,  sino también un hombre de verdadero trabajo. Organizó de una manera acabada todo lo relacionado con la administración de su diócesis, y formó uno de los santuarios más hermosos de América.
Minado desde hacía largo tiempo por la cruel enfermedad que lo ha llevado a la tumba, la soportó a pesar de ello, con la más pura y entera resignación cristiana.
El duelo que hoy aflije a la Iglesia chilena, no es tan solo para ella, sino también para todos los que lo conocieron de cerca, pues monseñor Fontecilla, encarnaba el alma de un verdadero discípulo de Cristo."



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