domingo, 12 de junio de 2016

"SÓLO MUERE A QUIEN OLVIDAMOS"

DON CARLOS LÓPEZ: ABANDERADO DEL BATALLÓN NAVAL

En su libro "El Álbum de la Gloria de Chile", el escritor e historiador  Benjamín Vicuña Mackenna nos relata las vidas de gran parte de la oficialidad y soldados chilenos que participaron en la Guerra del Pacífico. Es así como leemos las variadas biografías de vida de estos valerosos y arrojados patriotas  y su  respectivo paso por el ejército. Muchos de ellos eran muy jóvenes, debido a que la edad de la mayoría de ellos era entre los 18 y 35 años. 
En esta ocación compartiremos con ustedes la vida del jóven abanderado del navales, don Carlos López:


"En cuanto a este denodado oficial, que pidió con gaje de batalla la bandera de su cuerpo i que sus camaradas, por su tipo árabe, llamaban el "zúlu", sólo  sabemos que fue digno de morir asido a la asta sagrada del pabellón chileno, que alli, com el del Coquimbo en Tacna, perdió integra toda su escolta.
Era el abanderado López natural de Valparaiso, i abandonando voluntarianiente en Tacna la subtenencia del batallón Naval que le habia cabido en suerte, hizose porta-estandarte para morir amortajado en sus gloriosos pliegues.  Una brevisima relación inédita de su corta vida, tributo de fiel amistad, encierra aquella en estas solas i sentidas palabras: "El abanderado López era hijo de don Carlos López Aguirre i de la sefiora Leonor Echánez i Freire.
Fue apenas un soldado de diezinueve años, pues habia nacido el 24 de novienibre del 61, que cayera como héroe en su primer bautismo de fuego i de sangre. Nombrado subteniente abanderado del Batallón Naval a fines de julio del 80, su vida militar no comprende mucho espacio de tiempo pero basta a su gloria narrar la heroicidad de su muerte i de su sacrificio. La campaña  de Lima, iniciada después de Tacna i de Arica, hizo estallar el entusiasmo del adolescente, i dejando sus labores de oficina en el Banco Mobiliario, separóse de los suyos i de sus amigos para ir a realizar su patriótica cuanto noble aspiración de desplegar el pabellón victorioso sobre los muros de la ciudad limeña. Mas el adverso destino negóse al cumplimiento de esta aspiración, i el subteniente López debia sucumbir entre los primeros en Miraflores, abrazado a su estandarte, el que costara no poco arrancarlo de sus manos."


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