lunes, 6 de junio de 2016

"EL PUENTE DE CIMBRA Y "LAUTARO", EL PERRO DEL BATALLÓN

El jóven Arturo Benavides Santos, en su libro "Seis Años de Vacaciones" nos relata lo vivido durante su servicio en el Batallón Lautaro, durante la Guerra del Pacífico. Habiendole correspondido estar presente en batallas y combates, el jóven  Lautarino nos relata además su paso por la sierra peruana. Allí nuevamente tendrá que combatir, pero esta vez será contra un enemigo muy superior, que sumado a la montonera feróz y al rebelde ejército de Andrés A. Cáceres, no dará tregua a nuestros bravos: me refiero a la brutal geografía y clima.
En este relato que comparto con ustedes a continuación, veremos lo sacrificado de la etapa que les correspondió vivir, pero la viveza y chispeza del roto que no se rinde, sino que se la juega por entero. Además de un pequeño homenaje  a un gran y fiel amigo del Batallón:  "Lautaro", perro que acompañó en innumerables situaciones a nuestros protagonistas.
Habiendo sido llevado a Lima a reponerse de su cuasi congelamiento en las alturas de la sierra, nuestro héroe, tras una larga convalecencia en el hospital 2 de Mayo, vuelve a incorporarse a su batallón:

"Cuando me incorporé al batallón en Huancayo, se hablaba de la necesidad de efectuar una expedición a batir a los montoneros que se divisaban al otro lado del río, invadeable por lo caudaloso y encajonado.
En cierta parte del río este se juntaba hasta quedar como de treinta a cuarenta metros, en cuyo punto había antes un puente de cimbra, que los montoneros cortaron.
En ese preciso sitio se proyectó construír otro puente y se comisionó para ello al Lautaro. Para efectuarlo,  se designó una compañía, la que comenzó por armar una ramada cerca del sitio elegido, y organizar un campamento en forma. También se trasladó a ese punto un pequeño cañón de artillería con la tropa  necesaria para servirlo, e instalada la compañía constructora del puente, se iniciaron las faenas.
Un soldado muy nadador, que se ofreció para la dificil misión, se desnudó y lanzó al río, llevando atado a la cintura un cordel y como compañero a "Lautaro". Al poner pie en tierra, en la ribera opuesta, recogió el cordel, al cual se ató un grueso cable que el desnudo y solitario soldado amarró a un árbol cuando llegó a sus manos; y del lado opuesto tiraron con fuerza para dejarlo bien tirante. "Lautaro" retorna entonces trayendo el cordel atado a su cuerpo, conservando el soldado desnudo una de sus extremidades.
Sobre el cable se puso un lazo de cordeles para que funcionara a modo de andarivel y a él se amarraron los largos cordeles, a fin de que uno estuviera en manos del soldado desnudo y el otro en el de uno de la compañía.
Se ensayó si el lazo se deslizaba sin dificultad sobre el cable tirante, que por sobre el río unía ambas riveras, y cuando se comprobó que facilmente se deslizaba en una y otra dirección, se sentó sobre él, como en un columpio, un soldado que, además de su arma y equipo, llevaba un atado con la ropa del soldado desnudo. Para efectuar el escurrimiento, éste tiraba el cordel atado al lazo-andarivel y el soldado que en él iba sentado, ayudaba con sucesivos movimientos de suspensión, a fin de que se escurriera sobre el cable con relativa facilidad.
Sin dificultades de importancia llegó a la ribera opuesta.
Se devuelve el lazo y a él sube otro soldado, llevando, además de su arma, la del primero que pasó nadando, y maniobrando en igual forma que el anterior llega a la otra orilla. ¡Había ya tres soldados chilenos vestidos y armados en la ribera del río donde hasta entonces pululaban los montoneros peruanos! Y "Lautaro" que patrullaba en las inmediaciones.
Estos se dieron cuenta de las maniobras que se efectuaban, pero no formalizaron ataque, pues cuando lo intentaron, se les hizo una descarga por la compañía, río por medio, y se les disparó un cañonazo.
A presenciar las emocionantes y peligrosas operaciones concurrimos casi todos los oficiales.
Ese día durmieron 25 Lautarinos, con las clases correspondientes al mando de un oficial, en la ribera del río que hasta entonces había sido ocupada exclusivamente por peruanos.
Al día siguiente  se continuó la tarea de pasar más soldados y diferentes materiales, alimentos y todo lo necesario para  una compañía destacada independiente; y como a los quince días el puente de cimbra "Lautaro", así se le denominó, prestaba servicios. Durante esos días "Lautaro" sirvió de correo. En un tubo de lata que se le ataba al pescuezo se ponía la correspondencia."





2 comentarios:

  1. ¡Qué emocionante! Valiente y diestro el primer soldado que desnudo llevó la cuerda en la cintura. Muy asustados deben haber estado observando los peruanos e indios que se creían seguros al otro lado del río.

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  2. Seguro, para ellos debe haber sido impresionante ver la destreza de nuestros bravos lo que debe haber aminalado en un gran porcentaje su ánimo de continuar dañándolos...ya que terminaron el puente y lo atravesaron sin mayor novedad. Saludos!!

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