sábado, 11 de junio de 2016

"EL CAPELLÁN FRAY JOSÉ MARÍA MADARIAGA"


Tuvo una vida dedicada a la orden Franciscana y en el año 1879  fue nombrado capellán del Regimiento Coquimbo en la Guerra del pacífico. Sus acciones lo llevaron a ser considerado héroe, por lo cual sus restos mortales se encuentran sepultados en el Regimiento 21 de Arica de la ciudad de La Serena.
En su libro "Asalto y Toma de Pisagua", Nicanor Molinare nos relata el episodio emocionante de la toma del ex bastión peruano, en el que resalta una figura joven y fuerte en la fe, apoyando en todo momento a los soldados; es el fraile franciscano José María Madariaga.


"...y para no olvidar a nadie en esta reseña de Pisagua y de su Ejército, allá va también un recuerdo para nuestros capellanes de tierra y mar: Para Camilo Ortúzar, el capellán Hurtado y Ruperto Marchant Pereira, para fray Juan C. Pacheco, del Bulnes, y para el padre Madariaga qué fraile más bravo nadie podría imaginar, a no ser recordamos aquí tambien a Javier Valdés Carrera, que fama de tal dejó asimismo. Florencio Fonteeilla, que ocupó la Sede Episcopal de La Serena años después, ejercía de capellán Mayor y por su empleo estaba cerca del General en Jefe . El capellán Camilo Ortúzar, venerable sacerdote, vive también a bordo, donde deja gratos recuerdos; es amigo de todos, especialmente de los aspirantes. Otra figura curiosa, atrayente, que descolló con tonalidades propias en esta acción, fue la de fray José María Madariaga, padre franciscano que ejercía su santo ministerio en el Ejército, en calidad de capellán, y que en Antofagasta había llamado sobre sí la atención por su clarísima inteligencia y caridad sin limites. En los campos de instrucción y de los hospitales militares, fray José María se babia dado a conocer como sacerdote ilustrado, y sobre todo, había demostrado una caridad evangélica, una constancia digna de elogios, para amar a nuestros soldados, consolarlos y confortarlos. De palabra fácil, de purísimas costumbres, llano en su trato, vivía con nuestros hombres de guerra y hacía con ellos vida de campamento. Al iniciarse la Campaña de Tarapacá, el padre Madariaga era un sacerdote muy conocido y de gran ascendiente en todos; sin vacilaciones se embarcó y partió a Pisagua.
Durante la travesía, nuestro capellán pasó su tiempo, como la generalidad, deseando vivamente llegar al térnino de la jornada, para pisar tierra peruana, batirse y vencer a los enemigos de su patria o morir. Al fin llegó el ansiado 2 de noviembre; a la hora convenida se inició el desembarco, y desde su comienzo todo el mundo pudo ver al padre Madariaga, en medio del fuego, de pie en la proa de una de las  lanchas, con un Cristo en la mano derecha, desafiando el peligro, alentando con arengas fervientes para que altivamente cumpliesen su deber. ¡Que hermoso era ver a aquel joven franciscano, desafiar impávido la muerte en medio de aquel diluvio de proyectiles absolver a los moribundos, y sobre todo, con frases de fuego, llenas de ardoroso patriotismo, enardecer a nuestros infantes y lanzarlos contentos a morir por Chile, por su religión y por su fe."

En otro relato acerca del mismo episodio encontramos las siguientes líneas dedicadas a Fray Madariaga:

 "Una bellísima figura se destaca en la proa de una lancha: de pie con el crucifijo en la izquierda, bendice y  absuelve con la diestra a los que caen heridos de muerte; perora a la vez a la tropa, exhorta a los remeros y llama a sus conciudadanos al cumplimiento del deber. Su voz potente domina el reventar de las granadas y  descargas de fusilería. Es el R.P. de la Orden de los Mendicantes, fray José Maria Madariaga , Illapelino que ejercita su ministerio.
"Con el hábito perforado en varias partes, salta a tierra sin cuidado de las balas; corre donde cae un combatiente, lo auxilia. lo exhorta y lo traslada a lugar seguro, abrigado del peligro".


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