martes, 17 de mayo de 2016

"DOS AMIGOS RIVALES DE UN AMOR"

Los tenientes de Zapadores Roberto Montalbán y Julio Hidalgo se embarcaron en Antofagasta con el grueso del Ejercito expedicionario que desembarcaría en Pisagua el 2 de noviembre de 1879.
El zarpe se efectuó el 28 de octubre y  demoró tres días en llegar a destino.
Al iniciarse las acciones del desembarco, llama la atención el arrojo tanto de Atacameños como de Zapadores, su valentía y desición. Todos en una carrera frenética para lograr su objetivo.
Al Capitán Rafael Torreblanca, del Atacama,  le cupo enarbolar la bandera nacional en las alturas del bastión peruano, y al Teniente Montalbán le correspondió su parte al llegar a la cima.
Una vez el enemigo estuvo fuera de la vista de nuestras tropas y hubo concluído la batalla, se inició la cuenta de muertos y heridos.
Los tenientes Hidalgo y Montalbán eran amigos y Roberto lo primero que hizo, luego de clavar el pabellón patrio, fue preguntar por su amado amigo Julio. La respuesta lo dejó cabisbajo, pero resuelto a darle honrosa sepultura fue guiado adonde fue visto con vida  por última vez.
Este episodio nos revela una historia imposible dejar de lado.

Dos amigos rivales de un amor:

"...Luego de darle sepultura a su amigo, Roberto Montalbán, teniente de Zapadores, leyó una carta a sus compañeros escrita por Julio, la cual se hallaba entre sus ropas, en un sobre que decía:  "A Roberto Montalbán".
La carta decía lo siguiente:

"Mi querido Amigo:

Te escribo momentos antes de entrar en combate.
Siento que voy a morir en la acción i me siento alegre, por ti en primer lugar, i por ella, que van a ser felices; i en seguida por mi también que voy allá donde no hay celos ni rivalidades.
En un momento de ciego delirio nos dejamos arrastrar hasta el duelo, que entre nosotros era un verdadero crimen. Eso pasó ya. ¿No es verdad que mi recuerdo será siempre para ella i para ti, el de un buen hermano?

Julio"

Luego de haber leído la carta de su amigo,  el teniente Montalbán sacó otra carta, esta vez de su bolsillo la que tenía como destinatario "A Julio Hidalgo".
La carta decía lo siguiente:

"Hermano mío, si alguna bala me hiere, como es casi seguro, yo la bendigo desde luego, porque con ella compro tu felicidad i la de Laura. Piensen alguna vez en mi, i ese cariñoso recuerdo hará más dulce la tranquilidad de mi sueño.

Roberto"

Para concluír este relato de dos buenos amigos diremos que lo que el amor de una dama separó, el amor a la patria  unió. Pero al separarlos terrenalmente les dio la paz a cada cual según su porción. Pues la Patria le dio la gloria a uno y el amor terrenal al otro.


¡Honor y Gloria!



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