miércoles, 27 de abril de 2016

"ACERCA DE MANUEL JOAQUÍN ORELLA ECHÁNEZ"

"...Su afición a la mar, al alquitrán i a todo lo que se relaciona con el arte del marinero, eran sus verdaderas inclinaciones; no había cosa marinera que él no supiese hacer con sus propias manos; los botes a la vela los manejaba con verdadera maestría, dándole con razón todo ese conjunto la fama de buen marinero, i como en ello mezclaba también su buen ojo para dar en el blanco, se le tenia por buen artillero.
Cuando se iniciaron las hostilidades de la guerra del Pacífico, a Orella le tocó trasladarse al norte en la corbeta "Esmeralda" bajo las órdenes del Comandante Thompson, i a principios de Mayo, cuando Williams preparaba su espedicion al Callao, Orella fué trasbordado a la «Covadonga», bajo las órdenes del Comandante Condell, buque que le sirvió de arena i para desplegar en él el ímpetu de su valor i demostrar públicamente la sinceridad de su aquilatado patriotismo.
El 21 de Mayo, cuando la «Covadonga», perseguida por la «Independencia», daba vuelta rozando las piedras de la isla para seguir rumbo al sur, se inició entre esos dos buques una lucha en estremo desigual: era el elefante persiguiendo a la hormiga, para anonadarla  en el primer momento en que lograse llegar a su contacto. Pero en esa hormiga habia hombres de temple de acero i en sus corazones la sangre bullía de patriotismo, i con su chivateo supieron mantener hasta lo último el mismo entusiasmo i decidida resolución.
Ese chivateo no debe existir en un buque de guerra, como no existió en la «Esmeralda»; pero con el carácter jovial, alegre i casi de un niño, que siempre caracterizó a Condell, no sólo toleró sino que fomentó con su actuación, i quizas en ello hacia bien, pues así no dejó por un momento que se adormeciera ni aconchase ese espíritu, sino que por el contrario, lo supo mantener siempre en continua ebullición.
Cuando la «Independencia» palpaba la ineficacia de su artillería, largada por andanadas de uno u otro lado, parece que se enfurecía i se lanzaba a fondo para ultimar de una estocada a su pequeño e insolente contendor.
Pero los defensores de la goleta, al ver casi encima a este jigante, jadeante i rabioso, mas se entusiasmaban, i en esos momentos se veia a Condell desenvainar su espada, afilarla en los pasamanos del puente para en seguida amenazar al encastillado Moore del «Independencia».
Orella, a su vez, sin largar la rabiza de su cañón i mientras se cargaba nuevamente la pieza, con su vozarrón hacia saber a Moore i sus tripulantes, en lenguaje bien franco i castizo, la clase de enemigos
con quienes se las tenían que ver. Cuando la ineptitud de Moore dio al diablo con su poderoso blindado, la goleta volvió sobre sus pasos, hasta que a cañonazos  obligó a su enemigo a cambiar por blanca la bicolor bandera, que antes tremolaba con tanto orgullo en su pico de mesana.
Orella, en este delirio, desenvaina su espada, blandiéndola de gusto, i en un descuido hiere a uno de sus marineros en la cara, i como la sangre principiase a manar, Orella lo abraza i pide mil perdones,
sin fijarse que él se ensangrentaba su rostro con la sangre del marinero.
Restablecida la calma, Condell llama i reúne en consejo a sus oficiales para resolver lo que debían hacer viéndose solos, averiados i con el «Huáscar» que salia de Iquique en su persecución después
de haber hundido a la gloriosa «Esmeralda». Condell, Estanislao Lynch, Eduardo Valenzuela i Sanz, opinaron por hacerse inmediatamente mar afuera, para con la noche despistar a su perseguidor. Orella, radiante i. desenvainando su espada, protesta i dice: «Ya que la suerte está con nosotros, yo soi de opinión que salgamos al encuentro del «Huáscar» i nos lo tomemos al abordaje.»
Por supuesto, la mayoría se impuso, i Orella, mal que mal que le pesase, tuvo que envainar nuevamente su victorioso sable, para ocuparse de poner en salvo su averiada goleta."

Crónicas de la Marina Chilena
Alberto Silva Palma

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