sábado, 31 de octubre de 2015

EN EL CAMPAMENTO DE CHORRILLOS



En su diario de campaña don Diego Dublé Almeida cuenta que su regimiento, el Atacama,a quien él comandaba, se había tenido que ubicar en un cementerio para poder acampar. Habiendo dejado a sus hombres bien protegidos de los peruanos que aún atacaban y dispuesto a dirigirse a Chorrillos a ver la situación junto a otros oficiales, se encontró con el siguiente cuadro:

" Después de colocar centinelas a la puerta, y habiendo sabido que dentro de la ciudad estaban los dispersos de varios cuerpos bebiendo y siendo víctimas de los peruanos que todavía se defendían allí, comisioné a varios oficiales para que fuesen a sacar a los atacameños. Me disponía a marchar con ellos y con mi hermano, cuando me llama la atención cierto tumulto y bulla dentro del cementerio.

Averiguando el origen, supe que los atacameños veían que por la falda del cerro que hay a la derecha del cementerio venía bajando una parte del regimiento Talca. Me pidieron permiso para salir a avivarlo, lo que les concedí; y cuando aquel regimiento pasaba por nuestro frente, se sintió un prolongado ¡Viva el Talca! ¡Vivan los compañeros! Con cuyos gritos saludaban los atacameños a sus camaradas y dignos émulos en los combates de la mañana. Los talquinos correspondieron el saludo con gran entusiasmo y continuaron su marcha para acampar en un lugar cercano."


Foto de los Capitanes chilenos Alberto Chaparro y Alejandro Concha, del Batallón Civico Movilizado "Talca".

jueves, 22 de octubre de 2015

EN EL VALLE DE SAMA



Diego Dublé Almeida relata que el Ministro Sotomayor, se internó en el campamento a observar el actuar de los soldados. Sin ser reconocido y pasando por un civil más, pudo notar la chispeza del chileno, la cual, luego de encontrarse con la oficialidad, les pasó a comentar:


"Habiendose acercado a un grupo numeroso de soldados que encontró durante su recorrido, vio que allí había tirados boca abajo en el suelo como una docena de soldados, alrededor de un plano de la ciudad de Lima; en otra línea otro círculo de soldados de rodillas, y más afuera una multitud en pie. Entre estos se colocó el ministro sin ser reconocido, creyéndolo uno de tantos “cucalones” que andan en el Ejército. Uno de los soldados daba explicaciones a los demás sobre el plano que tenía extendido en el suelo. Probablemente era uno de los expulsados del territorio peruano al principio de las hostilidades, y con seguridad conocía bien a Lima, a juzgar por las explicaciones sobre la ciudad, que daba a sus compañeros:
“Esta es la plaza de la Exposición, decía; este el palacio de la Exposición; se sigue por esta calle y se llega a la plaza de Armas; aquí está la “catreal”; aquí vive el gobierno, la casa es viejasa, mejor es la “Monea”;
aquí están los portales; aquí hay una gran joyería grandaza”, “¿Onde?”, observa uno de los que están de pie. “Aquí, aquí”. “Hácele una cruz, oh, pa saber onde está”, replica otro.
Y siguen las explicaciones:
“aquí está el río y aquí está el puente de alicanto, esta calle es lo mesmo que la calle del Puente de Santiago, y está lo mesmo que la calle de la Nevería; las dos van a la plaza y al río. Aquí está el cerro de San
Cristóbal; en Lima no hay Santa Lucía, aquí pelean los toros…”
Y seguían las explicaciones haciendo siempre comparaciones entre Lima y Santiago."

En la imagen: Sgto. del regimiento Buin

RECORDANDO A NUESTROS VIEJOS ESTANDARTES..




Don Diego Dublé Almeida hizo una detallada observación a nuestros soldados mientras estaba en campaña. A horas de la Batalla de Tacna, el comandante observa en su diario de vida:
"...No obstante las fatigas de la marcha, los soldados se manifestaban contentos deseando encontrar al enemigo lo más pronto posible. Durante los descansos se les oía hacer comentarios sobre la próxima batalla, y cada uno esperaba tener ocasión de distinguirse, preparando la bandera para el caso de necesitar de ella. 
Respecto a la bandera nacional ocurre entre los soldados algo muy curioso. En el campamento se la ve flamear en todas partes; colocada en una caña, en las tiendas, en los pabellones de armas, en las bayonetas de los fusiles. Es muy raro encontrar un soldado que no tenga una bandera chilena. Muchas mal hechas, con los colores cambiados, vueltas hacia abajo, estrellas de variado número de picos; pero el soldado tiene una bandera de su propiedad, que en el campamento la coloca como ya queda dicho, en marcha en su fusil, y en combate envuelta en el cuello o en la cintura. Además del cariño natural que todos los rotos tienen a su bandera, la razón principal para que todos la lleven en campaña es que cada uno tiene la esperanza de ser el primero en llegar a un reducto, a una trinchera, a un puesto tomado al enemigo, y hacer flamear allí la bandera chilena; hecho que nuestra ordenanza militar considera como acción distinguida, y por consiguiente, premiada."

viernes, 2 de octubre de 2015

"EN EL VALLE DE SAMA"


“Un hecho doloroso ocurrió en esos días. Como carecíamos de legumbres, dió autorización el comandante para que fueran a buscarlas, internándose en el valle cuatro soldados a las órdenes del sargento Washington Cavada, joven copiapino, muy querido en el batallón, y cuyo ascenso a subteniente ya había sido solicitado por el jefe. Ordenes le fueron dadas de no cometer atropello, respetar el sexo, pagar lo que adquirieran y regresar el mismo día. Entre los acompañantes iba Bruno Cepeda, roto ladino y muy competente en esta suerte de merodeos.No regresaron en el día ni al siguiente, despertando suma intranquilidad en el batallón. Al cuarto día volvió, Bruno Cepeda con una herida en un brazo, a pata pelada, y contando una historia espeluznante.Refería que como nada encontraron el primer día de excursión, acordaron no regresar al campamento, y se internaron valle adentro hasta la cercanía de un pueblo. Pernoctaron sobre un cerro, y al amanecer encontráronse rodeados de miles de cholos, armados de escopetas, trabucos y garrotes. Poco a poco fueron estrechándolos con grandes gritos y amenazas hasta que los tomaron prisioneros, siéndoles imposible mayor resistencia. Les quitaron los rifles, les sacaron los zapatos y les amarraron las manos por la espalda.Así fueron conducidos hasta el pueblo, al que entraron en medio de una grita espantosa, y de una multitud enardecida por el odio, que los insultaba y quería lincharlos inmediatamente. La gente acudía en tropel a ver a los chilenos, seres que la fantasía popular y el miedo revestían de caracteres extraordinarios, especie de fieras o demonios. En el trayecto los niños les arrojaban piedras, singularizándose las mujeres por una odiosidad agresiva, porque los insultaban y como furias se les acercaban y les escupían e intentaban arañarlos: “comernos cruos” decía Bruno Cepeda. Introducidos a presencia de las autoridades y otros peruanos caracterizados de la localidad, se les interrogó primeramente sobre las fuerzas que contaba el ejército chileno, en las tres armas, y les inculparon en seguida sus crímenes, diciéndoles, por último, que se les iba a procesar, anticipándoles que todos serían condenados a muerte.Las fechorías que nos achacaban, decía Bruno, eran puras mentiras, inventadas para matarnos.Entre tanto, la gente numerosa que llenaba la plaza, agolpándose a la puerta de la sala, en que tenía lugar la audiencia, gritaba, enardecida: Chilenos ladrones; rotos bandidos. Échenlos afuera para matarlos a palos, como a perros.Enseguida fueron encarcelados, quedando Bruno en un cuarto, solo y con un centinela a la puerta. A media noche, consiguió, dándole un puñado de plata, que el centinela le trajese una botella de cañazo, (alcohol de caña de azúcar) Pa la pena y pa morir a gusto. Ambos pusiéronse a beber, quedando borracho y dormido el peruano y fugándose el chileno, no sin que de atrás le disparasen varios tiros, hiriéndolo en un brazo.¿Qué suerte habían corrido los otros? preguntábanle los oficiales del Atacama:

Ya los habrán muerto a todos, aseguraba Bruno."
Las Cuatro Campañas de la Guerra delPacìfico
Francisco A. Machuca

jueves, 1 de octubre de 2015

OBRA TEATRAL "LA CONCEPCION"

LA OBRA TEATRAL “LA CONCEPCION” (COMPAÑÌA DE TEATRO HISTÒRICA DE CHILE) RELATA LOS HECHOS OCURRIDOS EN EL PUEBLO “CONCEPCIÒN”, UBICADO EN LA SIERRA PERUANA. AHÌ UN GRUPO DE 77 CHILENOS JUNTO A 3 MUJERES Y DOS NIÑOS FUERON MASACRADOS POR  TROPAS Y MONTONERAS PERUANAS QUE ALCANZABAN UN TOTAL DE CERCA DE 1000, ESTO CON ALGUNAS VARIACIONES HISTORICAS. EL HECHO ES QUE ESTE ATAQUE A LA PEQUEÑA GUARNICION SE LLEVÒ A CABO JUSTO ANTES QUE LLEGARAN LOS REFUERZOS.

LA OFICIALIDAD DE ESTE GRUPO DE BRAVOS ESTABA CONFORMADA POR EL CAPITÀN IGNACIO CARRERA PINTO, NIETO DEL PRÒCER JOSÈ MIGUEL CARRERA, Y  SUB TENIENTES JULIO MONTT SALAMANCA,  LUIS CRUZ MARTÌNEZ Y ARTURO PEREZ CANTO, QUIENES JUNTO A 76 “CHACABUCANOS” Y UN “LAUTARO” OFRENDARON SUS VIDAS SIN RENDIRSE. LAS MUJERES Y LOS NIÑOS SUFRIERON LOS VEJÀMENES DE LA MONTONERA FURIOSA. LOS CORAZONES DE LOS OFICIALES YACEN EN UN ANFORA EN LA CATEDRAL METROPOLITANA, EN SANTIAGO DE CHILE. LOS CUERPOS DE NUESTROS SOLDADOS QUE QUEDARON EN LA CONCEPCIÒN FUERON SEPULTADOS EN LA IGLESIA DE ESE POBLADO PARA QUE NO FUERAN MÀS INTERVENIDOS POR EL POPULACHO, SIN EMBARGO SE CUENTA QUE FUERON SACADOS DE ESE LUGAR Y TIRADOS A UN RÌO POR LOS MISMOS HABITANTES DEL PUEBLO.

EN CHILE LE LLAMAMOS “EL COMBATE DE “LA” CONCEPCIÒN”, AUNQUE ES CONCEPCIÒN A SECAS.

EN NUESTRO PAÌS LA DISTINGUIMOS ASÌ DE OTROS COMBATES Y BATALLAS QUE SE LLEVARON A CABO EN LA CIUDAD DE CONCEPCIÒN, CHILE, DURANTE LA GUERRA POR LA INDEPENDENCIA.




















FOTOGRAFÌAS DE INGRID DÌAZ CHAMORRO

ALGO DE LIVIANO HUMOR DE LA EPOCA

Un poquito de humor y galanterìa de la època.

Las damas, muchas de la alta sociedad, ayudaban a los soldados cuando estos eran llevados a las ciudades de vuelta por sus heridas de combate...

Encontrado en el libro de Paz Larraìn "Presencia de la Mujer Chilena en la Guerra del Pacìfico

DOÑA ROSA ALDUNATE DE WAUGH



Rosa Aldunate de Waugh, nieta del general Carrera, fue otra de las damas que la prensa de la época destacó. Ella trabajó principalmente en organizar rifas, fiestas y otros menesteres para así ir en ayuda a los niños huérfanos debido a la guerra.
Fue definida como una "obrera infatigable de la guerra y de la paz. Día y noche estuvo atenta para contar los latidos de la patria para atender a los heridos y para suministrar recursos a sus familias".
Trabajó asiduamente en "la confección de primorosos bordados para venderlos o rifarlos y aliviar con el producido a los huérfanos"
y de dar crecidas sumas a la Protectora.
El gobierno le reconoció sus méritos en la ayuda durante el conflicto
expresando que la "señora Rosa Aldunate de Waugh realizó conciertos, bailes y bazares públicos .
También la prensa le dedicó un poema:
"Señora doña Rosa Aldunate de Waugh
¿Quien es la que allí se halla la primera
en el deber sirviendo presurosa
y nunca hallando en su misión barrera?
es la nieta ilustrada, altiva, hermosa
del general José Miguel Carrera
La perla de Peñaflor".

Paz Larraìn, Presencia de la Mujer Chilena en la Guerra del Pacìfico

ACERCA DE LOS PROBLEMAS SOCIALES EN EL PERU A LA LLEGADA DEL EJERCITO CHILENO

"Tomada ya Lima, nombrado gobernante del Perú Patricio Lynch, es lógico y natural que el centro de la Junta Secreta de Resistencia Peruana fuera la familia Elias. De remoto origen morisco-andaluz, pertenecían a la más vieja estirpe colonial peruana. Estaban ligados a toda la aristocracia limeña virreinal. Además, a toda la actividad mercantil peruana. Los amigos más asiduos de la Casa Elias eran el Arzobispo del Valle y el Obispo Tordoya. Una Elias era esposa del Vicepresidente y Almirante Montero. Otro Elias, Domingo, era el mayor contratista guanero del Perú. Un tercero, el más grande propietario de fincas azucareras. Todos, los mayores consumidores de culíes de América.
Una guerra significa en general para la nación vencida, la agudización de sus contradicciones sociales. Todo se precipita a la crisis. En el caso peruano, tanto se profundizó el odio de clase que Lima se transformó en un infierno. Apenas fue derrotado el Ejército, se produjo el caos. Los negros y mulatos, los quechuas y aimarás, vieron la oportunidad de castigar las humillaciones seculares.
Hubo asaltos, saqueos, violaciones. Un testigo militar chileno. Narciso Castañeda, capitán del Batallón Victoria, narra que al entrar en Lima: "Divisamos una gran polvareda y mucha agitación en un enorme grupo de gente peruana, que decían: | ¡Ya vienen los chilenos!! ¡¡Esta es la buena!! Exclamaciones semejantes, las proferían hasta con risa miles de negros!
Si la población popular —indígenas, negros, mulatos- tenía odio a la aristocracia peruana, mayor era el odio a los mercaderes menores. Los comerciantes chinos constituían el objeto inmediato de su odio. El saqueo del comercio chino fue completo. El furor popular unido a la excitación general, produjeron más de 300 muertos entre los comerciantes chinos. El Alcalde de Lima, don Rufino Torrico, debió solicitar a la Jefatura Militar Chilena su intervención." (
Boletìn de la Universidad de Chile, 1967). 
En la foto el Capitàn Narciso Castañeda, del Batallòn Victoria. Testigo presencial del caos en la capital peruana.