sábado, 18 de julio de 2015

JUAN JOSE DE LA CRUZ SALVO
"Nacido en Santiago en 1849, cumpliò con una brillante carrera militar hasta alcanzar el cargo de jefe de la III Divisiòn y el grado de General de Divisiòn en 1906, un año antes de retirarse.
Antes del conflicto de 1879 comenzò su especializaciòn en artillerìa, efectuando estudios y observaciones que le permitieron publicar un Manual de Artillerìa de Campaña y otro referente a las piezas alemanas Krupp. Sobre la base de sus estudios jurìdicos -obtuvo el tìtulo de abogado en septiembre de 1879-escribiò Jurisdicciòn Militar y tuvo a su cargo ademàs, la redacciòn de la Revista Militar y el periòdico El Cìrculo Militar.
En 1868 formò parte de la comisiòn encargada de repatriar las cenizas del general Bernardo O'Higgins.
Tuvo actuaciòn en las campañas de la incorporaciòn definitiva de la Araucanìa entre 1861 y 1870, encontrandose al mando de la artillerìa en varios encuentros.
Su apariciòn en la Guerra del Pacìfico se iniciò con la ocupaciòn de Antofagasta. Tuvo a su cargo uno de los fuertes de ese puerto, a cuyo frente combatiò al monitor Huàscar cuando bombardeò las instalaciones militares del lugar. En la campaña de Tarapacà tuvo varias intervenciones muy meritorias: desembarcò en la caleta de Junìn con la artillerìa. Combate de Agua Santa y Batalla de San Francisco. En esta ùltima el cuerpo de artillerìa que dirigìa tuvo un destacado papel en el ala izquierda
de la lìnea chilena atrincherada en los faldeos del cerro San Francisco y allì debiò contener el avance peruano boliviano tras la lucha cuerpo a cuerpo debido a la mala disposiciòn tàctica adoptada por el coronel Emilio Sotomayor.
Incursionò luego en la quebrada de Tarapacà despuès de la problematica victoria chilena, para asegurar posiciones, socorrer a los heridos y tomar los cañones y armas dejadas por los peruanos. Tuvo un papel muy activo en la campaña de Tacna, en la batalla del mismo nombre y en el asedio al morro de Arica.
En esa ocaciòn tuvo un interesante desempeño como parlamentario para ofrecer la rendiciòn al jefe peruano, coronel Francisco Bolognesi. Salvo fue elegido para esa misiòn por su preparaciòn y manejo sobresaliente del idioma, que gustaba lucir con ànimo no exento de ironìa. Segùn las versiones , la reuniòn transcurriò con respeto y gran dignidad, habiendo rechazado Bolognesi, la proposiciòn, con gran determinaciòn y el respaldo de los jefes que le acompañaban. Al final de la lucha, sin embargo, la mayorìa se rindiò, incluìdo Bolognesi, pese a ello muchos fueron muertos por la soldadesca enfurecida.
Desde Tacna incursionò en Moquegua con un destacamento de las tres armas para amagar al enemigo acantonado en SArequipa y hacer sentir el peso de la dominaciòn. La campaña se realizò en perfecto orden, impuso un cupo de 60 mil soles a los vecinos de Moquegua y requisò 400 animales, todo lo cual fue puesto a disposiciòn de la Comisarìa del Ejèrcito.
Concurriò a las Batallas de Chorrillos y Miraflores al mando de la artillerìa de la I Divisiòn y, ocupada la ciudad de los virreyes fue designado gobernador y comandante de armas de Arica. Allì organizò una expediciòn a Mollendo con una divisiòn y el apoyo de tres buques de la Escuadra, dispersando exitosamente al enemigo de la localidad.
En servicio de la Patria perdiò el brazo derecho.

Con posterioridad a la Guerra del Pacìfico desempeñò cargos de alto nivel: Jefe del estado Mayor del Ejèrcito del Sur, Intendente de Malleco, profesor de geografìa militar de la Academia de Guerra y subdirector de la misma, comandante de diversas unidades de artillerìa, fiscal militar de la guarniciòn de Santiago, jefe del Departamento de Justicia y Comandante en Jefe de la III Divisiòn. El 1906 obtuvo el grado de general de brigada y un año màs tarde obtuvo su retiro.
Salvo era un hombre culto y con gracia. Sabìa disfrutar de la facundia y la desplegaba en los pequeños incidentes de la vida. Refiere una anècdota, escuchada por el autor de estas lìneas en su niñèz, que en una oportunidad se dirigìa de Concepciòn a Florida para ver a una dama de sus afectos. Cansado del camino, se encontrò con un pobre campesino y con gran estilo le expresò:
"Decidme rùstico habitante de la selva, ¿tenèis por fortuna un briosos corcel que me lleve donde mis ilusiones se dirigen?"
El buen hombre quedò perplejo y a continuaciòn escuchò la traducciòn:
"Un caballo, un jaquito cualquiera pa ir a la Florida a ver la Fodisa..."


Cuaderno de Historia Militar Nº 9
Fotografìas Museo Historico Nacional
fotografiapatrimonial.cl

1 comentario:

  1. "Incursionò luego en la quebrada de Tarapacà despuès de la 'problematica' victoria chilena"
    ¿?

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