martes, 21 de julio de 2015

IMPUESTO DE GUERRA EN MOQUEGUA

"Se iba a proceder a percibir el impuesto cuando una numerosa concurrencia de señoras salía de una casa vecina y dirigiéndole la palabra al Comandante (Salvo) la señora Dominga Llosa de Durán se expresó, más o menos en los siguientes términos:

“Señor, nuestros acongojados semblantes más bien que nuestras palabras demostrarán a Vd. la tristísima situación en que nos encontramos. Tiene Vd. la fuerza y con ella la suerte de este pueblo, su fortuna y su vida; pero esperamos que su corazón magnánimo y generoso que, inspirándose en nobles sentimientos, en el recuerdo de su esposa e hijos, conceda un lugar de refugio para la vida de nuestros hijos para el honor de nuestras hijas. Hemos dado todo cuanto tenemos; el dinero destinado a nuestro alimento, las alhajas que conservábamos con cariño; estamos dispuestas a dar más, todo lo que tengamos; nuestras propiedades y nuestros muebles, pero que el honor y la vida de los inocentes y débiles quede salvaguardado de los desórdenes de la tropa. Pedimos un lugar de asilo para nuestros hijos. Pedimos mayor plazo para cumplir la obligación impuesta al pueblo; y todo esto pedimos por lo más santo y sagrado que haya en su corazón.”

El comandante escuchó con respeto esas palabras y a las cuales contestó:

“Señora: he escuchado con profundo respeto y emoción las nobles palabras que Vd., a nombre de las distinguidas señoras de esta ciudad me acaba de dirigir. Representante, no de mi voluntad, sino de una voluntad superior yo no soy aquí sino el mero representante de las disposiciones del gobierno de Chile; tengo el honroso mandado de mi patria, y en su nombre, y dejando a un lado los impulsos personales que me motivan a alterar mi línea de conducta me es doloroso, profundamente doloroso, no poder acceder a todo lo que Vd. Señora, me pide.  Las hostilidades del Ejército de Chile se dirigen contra los que hacen hostilidades contra Chile; no contra las mujeres, niños y hombres indefensos; las contribuciones de guerra pesan sobre todos los habitantes de los pueblos; al hacerlas efectivas las propiedades y las cosas deben servir para satisfacerlas; no las personas. Puedo asegurar a Vds. Señoras, que ni un cabello de persona alguna de este pueblo será tocado por nuestros soldados; Vds. pueden reposar tranquilas. No necesitan lugar alguno de asilo. En cuanto a prolongar el término para el pago de la contribución, me es absolutamente imposible hacerlo. He fijado un término fatal; y no está en mi ánimo alterarlo. Lo siento; pero no puedo hacer más.”

La Sra. María Noel de Tezano, adelantó con notable firmeza estas palabras:
“Es justo y necesario, Señor, que ya que Vd. significa, que se harán hostilidades en la población, si no se alcanza a completar el impuesto, es indispensable que Vd. indique qué es lo que hará. Tenemos el derecho de saberlo; porque como madre tenemos la obligación de cuidar nuestros hijos y trataremos de ponerlos en salvo. Espero, se sirva Vd. contestarme qué hará Vd.”

El comandante Salvo dijo:

“Repito, señora, no tienen Vds. que preocuparse de la seguridad de las personas; su vida y su honor están seguros bajo las armas de Chile.”

Otra señora expuso que había individuos sin corazón que viendo la angustia de los suyos no contribuyeron con la parte que les correspondía en el impuesto ¿Qué debía hacerse son ellos? - “Eso es cosa, dijo el Comandante que corresponde a los representantes de la autoridad local de este pueblo; a mi juicio, serán Vds. un trabajo ímprobo e innecesario; ocho o diez vecinos pudientes deberían satisfacer íntegramente la contribución; las autoridades la repartirían equitativamente después, entre todos. Así como el Perú, haciendo justicia a sus conciudadanos deberá integrar a Moquegua y demás pueblos a los cuales se hubieren impuesto contribuciones, esos valores, para que se repartan en definitiva, y por iguales partes, entregados a los habitantes del Perú.”. Volvieron las señoras a ocuparse de la necesidad de la hora presente por tiempo: para poder pagar, sin obtener otro resultado que el de que ya se ha hecho mérito...

El total de lo percibido en este día llegó a $ 27.420.50.- (de $60.000 solicitados)

El resto se cobrò de la siguiente manera:

"El mayor condujo 100 hombres del Valdivia, 100 del Caupolicán y 20 Carabineros a las órdenes de un oficial, hasta la plaza principal que ocupó con su tropa. Acto continuo, despachó seis comisiones, cada una compuesta de un oficial, un sargento, 3 soldados con la orden de hacer registrar todas las propiedades y retirar de ellas todas las armas y animales vacunos y caballares que hubieren; en el desempeño de su comisión debían pedir la venia de los dueños de casa y proceder con moderación y tino para evitar todo conflicto. Así, se verificó el registro y regresó la tropa a las 4 p.m. sin novedad, y sin un reclamo del pueblo. En este delicado procedimiento los habitantes quedaron reconocidos a la cortesía de los oficiales y a la estricta disciplina de los soldados. Se llevaron al Alto de la Villa los animales siguientes: 38 caballos. 26 mulas, 26 llamas. 58 yeguas. 22 vacas y terneros. 6 crías de pie. 79 borricos. Estos animales fueron inventariados por el teniente Nieto; las mulas de esta captura como las de del capitán Soto Salas pasaron a cargo de arreo de artillería; los demás animales al del Sr. Encina. En cuanto a armas se extrajeron unas escopetas y un sable, se retuvo este y se devolvieron aquellas a sus dueños."

. EXPEDICIÓN CHILENA SOBRE MOQUEGUA. EN OCTUBRE DE 1880. DIARIO LLEVADO POR ORDEN DEL JEFE DE LA EXPEDICIÓN SR. JOSÉ DE LA CRUZ SALVO.
CUADERNO DE HISTORIA MILITAR Nº 9

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