sábado, 18 de julio de 2015

HONORES AL TENIENTE CORONEL BARTOLOMÈ VIVAR 2º JEFE DEL REGIMIENTO 2º DE LINEA HÈROE DE TARAPACÀ



Nació en San Fernando en 1832.

En 1851 ingresó a la Escuela de Cabos y el 16 de abril de 1852 ingresó al ejército como Cabo 2º del Batallón 2º de Línea.
En 1857 ascendió a Sargento 2º y participó en la guerra civil de 1859 apoyando al gobierno de Manuel Montt. Luchó en la batalla de Cerro Grande el 29 de abril de 1859 y el 1º de octubre de ese año ascendió a Subteniente. Participó en las campañas de la Araucanía y en 1865 ascendió a Teniente.
En 1868 ascendió a Capitán y en 1873 ascendió a Sargento Mayor. El 28 de marzo de 1877 ascendió a Teniente Coronel Graduado y participó en la guerra del Pacífico.
Luchó en el combate de Calama el 23 de marzo de 1879 y el 28 de marzo de 1879 fue nombrado Segundo Comandante del Regimiento 2º de Línea. Luchó en la toma de Pisagua el 2 de noviembre de 1879 y luchó heroicamente en la batalla de Tarapacá el 27 de noviembre del mismo año. Fue herido de gravedad en esta batalla y falleció el 2 de diciembre de 1879.

*Cortesía Manuel Espinoza
laguerradelpacifico.cl
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"...Iniciado este de una manera repentina y violenta por los peruanos, a quienes se había dado tiempo de apercibirse. Vivar adelantóse a todos i, poniéndose a la cabeza de tres compañías (las de los dos hermanos Garretón i la del capitán Necochea) lanzóse con ímpetu de chileno por el fondo de la quebrada sobre la aldea enemiga, en cuyas callejuelas habìa comenzado el combate, i en pocos minutos adueñòse de ella.
Pero los peruanos, esta vez mucho mejor dispuestos conforme a la estratejia, trepáronse a los cerros i desde la altura comenzaron a arrojar
sobre los asaltantes tan espesa lluvia de plomo, que en pocos minutos el suelo quedó empapado de sangre, como si ésta hubiese caído del cielo,
al paso que las compafiías chilenas que habían marchado en avance tornábanse, sin retroceder un palmo i como por efecto de un hórrido huracán, en montones de cadáveres.
El bravo Ramìrez avanzò entonces con la compañìa del Capitàn Silva, i, surjiendo el rayo del fondo de la tormenta de fuego, redujo a tizones las nobles efijies de aquellos sacrificados combatientes. Setecientos chilenos sobre dos mil quedaron en el campo maldito. ¿Cuando hubo victoria sin mayor matanza?
Menos afortunado el comandante Vivar, había visto perecer a su lado a los capitanes Garfias-Fierro, Garretón, Valenzuela i a todos sus soldados, casi sin escapar uno solo; pero el plomo no le había perdonado en el primer momento sinó para imponerle una humillación superior a la muerte para corazón tan levantado como el suyo.
Herido en efecto, al principio de la acciòn, como Ramírez, en un brazo, había como èl continuado batiéndose hasta que una segunda atravesóle el bajo vientre en parte tan vital como la vida misma; i sentándose entonces en una piedra del camino, púsose a aguardar el desenlace de la batalla i de su propia existencia con esa estoicidad que, después del valor temerario es la condición mas caracterizada del soldado chileno.
No tardaron los peruanos en envolverlo en su línea de avance, i llevado a la presencia del coronel Bolognesi (el de Arica), denostóle èste con más brutalidad que justicia, porque siendo jefe había entrado a la batalla disfrazado de simple soldado.. . .
-iiAsí se pelea, cobarde, díjole el coronel peruano, mostrándole sus relucientes presillas de jefe sobre sus anchos hombros!!
A lo que el pundonoroso jefe chileno repiclò explicando al jefe peruano con voz tranquila la aventura de la calichera el día de la víspera ( su guerrera se quemò y consiguiò otra con un soldado).
Noble soldado perdido tan prontamente para la patria i fundido en el molde de las màs nobles heroicidades antiguas ¿Què màs digna respuesta cabìa al reto aleve del peruano que mostrarle en silencio tu erguido busto perforado por dos balas?
Abandonado aquella misma noche el pueblo de Tarapacà por los que se decían vencedores i continuaban su fuga, el comandante Vivar quedò encomendado a la ambulancia peruana dejada por el jeneral Buendia a cargo de sus propios heridos i segùn el testimonio de èstos el moribundo sobreviviò tranquilo durante algunas horas al daño mortal que de prisa le postraba. ptraba. Como era hombre fuerte i de músculos tan recios como el tejido moral de su alma, Ilegò aùn a creer que podrìa volver a visitar los
,iiin a creer que pcdría vol ve^ a visitar los patrios lares, i en el calor de la fiebre pùtrida que invadìa rápidamente sus descuidadas heridas, hablaba sus vecinos de lecho i de dolor en la ambulancia enemiga de las frescas cascadas que embalsamaban las selvas de Arauco, donde èl, mediante su trabajo i una rìjida economìa, habìa logrado labrarse un selvàtico cortijo.
La agonìa siguiò empero la ilusiòn, i al segundo día del abandono en la quebrada, no amanecìa bajo el cobertor de sangre sino el yerto cadaver de quien en el cuartel i en el campo de batalla había sido un cumplido capitàn chileno.
Sepultado a la lijera en la pequeña i derruìda iglesia parroquial del pueblo por aquellos de sus compañeros de armas que llegaron entre los primeros al rescate, guardòle allì la indiferencia que no tiene deudos poderosos, hasta que un hermano, humilde de un convento de Santiago, adelantandose a la obra de reparaciòn, que es obra esclusiva de la patria, obtuvo a virtud de esfuerzos i gastos personales la traslaciòn de sus cenizas en setiembre ùltimo hasta su claustro, donde hoi descansan.

La autoridad militar asocióse sin embargo, en nombre de la fraternidad de las armas, a la obra de la fraternidad de la naturaleza, i siguiendo los pasos del piadoso monje franciscano, dispuso los honores debidos a sus manes, a su rango i a su martirio en una orden del dìa que asì decìa, con fecha 3 de setiembre de 1883:
"Debiendo llegar a esta capital los restos mortales del teniente coronel, segundo jefe del rejimiento 2º de línea, don Bartolomé Vivar, que sucumbió gloriosamente en la batalla de Tarapacá el 27 de noviembre de 1879, esta Comandancia Jeneral dispone se le hagan los honores
fúnebres en Ia forma siguiente:

"El miércoles 5 del corriente, a las ocho i media de la maiiana, se encontrarán formados en la estacidn del ferrocarril del norte la brigada
movilizada de Artillería número 2 con su armamento menor i la banda de música del rejimiento de Cazadores a caballo, desmontada, que
acompañrá a dicho cuerpo, i medio batallòn del Cliillán 8º de línea con su respectiva banda de mùsica, para acompañar de ahí hasta el templo
de San Francisco, los restos del mencionado jefe.
Un piquete montado del rejimiento de Cazadores a caballo, compuesto de un cabo i seis soldados al mando de un sarjento, irán de guardia
a los lados del carro mortuorio. Al depositarse los restos en la mencionada iglesia, el medio batallòn del 8º de Lìnea harà los honores fùnebres prevenidos en el artìculo 42, tìtulo 82 de la Ordenanza Jeneral del Ejèrcito.
Las espresadas fuerzas seràn mandadas en jefe, por el Teniente Coronel don Ramòn Perales, sirviendoles de ayudantes los del cuerpo de su mando.
Para el referido acto se invita a los jefes y oficiales francos de esta guarniciòn.

Lagos"

Fieles, los ùltimos al deber, en las filas comoen la tumba, marcharon en la hora fijada al encuentro del compañero mártir i del jefe que, en el primer aciago encuentro, habìa levantado tan alto su erguida cabeza, que desde entonces logrò servir de enseña i de divisa.

Los coroneles Barcelò, Cortès i Martìnez, levantaron en sus hombros, el dìa de su ùltimo paso por la tierra, que es el canto fùnebre de los sacerdotes sobre el sarcófago de los cristianos, el liviano puñado de cenizas que éste aun guardaba; i al depositarlos en el sitio del postrer descanso humedecieronse los ojos de aquellos camaradas que, camaradas que, como el comandante Arrate i el mayor Necochea, lo habían visto pelear i caer en la horrible grieta del desierto peruano, a que nos arrastrò en un momento de vèrtigo una carnicera imprevisiòn.
¡Quisiera el cielo que esa hubiese sido la ùltima!"

El Album de la Gloria del Ejèrcito/Benjamìn Vicuña Mackenna
Fotografìa de Bartolomè Vivar MHN
Fotografìas de mi autorìa:  "En Memoria" en la Iglesia y Convento San Francisco, Santiago.

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