domingo, 21 de junio de 2015

VETERINARIA




"Los caballares y mulares padecieron en el desierto màs que el hombre mismo; su adaptaciòn al medio les fue difìcil y lenta.
Por ello, pese a la preocupaciòn que se tuvo, la capacidad de maniobra de la caballerìa se vio restringida; el caballo se fatigò mucho con la rarefacciòn del aire y el fuerte sol; el fino polvo salitroso secaba e irritaba sus narices y gargantas y se introducìa hasta los pulmones, lo que le ocacionò ciertos trastornos respiratorios.El forraje debiò llevarse casi siempre a lomo de la propia cabalgadura, recargando el peso del equipo, lo cual entrabò sus movimientos, especialmente e las cargas a ".
El empleo del ganado en un terreno quebrado, cubierto de cascajos, produjo tambièn consecuencias negativas, puesto que gran parte de èl sufriò enfermedades en las extremidades y su recuperaciòn obligò a mantenerlo en reposo por largos perìodos, invalidando a la caballerìa, en especial, para la ejecuciòn de sus misiones caracterìsticas, afectando su rendimiento en las marchas, lo que muchas veces impuso la disminuciòn de la extensiòn de ellas.
Desembarcados en la playa de Pisagua, los animales al subir hasta la meseta de Hospicio, se enterraban en la arena hasta los corvejones.
Si bien es efectivo que la mayorìa del ganado pudo forrajear pasto fresco, hubo hubo muchas ocaciones en que finalizados los fatigosos dìas de campaña, el caballo extenuado e incluso afectado de puna no pudo abrevar, a pesar que existìa agua, pues debìa permanecer obligadamente toda la noche amarrado al ronzal, para evitar las emboscadas que le tendìa el enemigo.
Ya hemos dicho que el servicio de veterinaria organizado como tal, no existiò durante la guerra, de modo que las enfermedades equinas y mulares quedaron libradas al azar o a los rudimentarios y "caseros" conocimientos de sus jinetes, los huasos chilenos."
Asì Vivieron y Vencieron 1879-1884
Arturo Sepulveda Rojas
Tte. Crnl. (R) of. de E:M












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