viernes, 12 de junio de 2015

EL SARGENTO ALDEA: GLORIA DEL 21 DE MAYO

"Cabe a la ciudad de Chillan el alto honor de haber sido cuna del lejendario héroe del pueblo que aguerrida y abnegadamente secundó en el combate naval de Iquique al sublime, al inmortal comandante Prat en su abordaje a la enemiga nave. El gloriosísimo sarjento de artillería de marina Juan de Dios Aldea, cuya brabura y cuyo probado patriotismo reconoce y agradece Chile, han sido meritoria, forzosamente adornados por la leyenda, a causa del profundo afecto que el pueblo profesa a su simpática memoria. Tenía en  su sangre, mezcla de nobleza y de popular y misterioso amor; porque nació como las aves, y como el ilustre don Bernardo O'Higgins, de un cariño espontáneo y natural . . . Era hijo del pueblo, sí, pero tradiciones de familia elevaban su alcurnia hasta la alcurnia de un Ministro de Estado, y, por eso, decían ancianas lenguas, su abuelo paterno usaba ¡verdadero lujo! nada menos que medias... aunque no tenía medios...
Aldea vino al mundo en 1853, con toda la sal y la suerte de un chillanejo afortunado. Si don José Manuel Aldea y doña Urzula Fonseca le querían con el natural cariño de padres, don Juan de Dios Aldea y su esposa doña María Antonia Contreras le idolatraban y mimaban como chochísimos abuelos, disputándose su infantil cariño y todo esfuerzo para criarle y darle educación. Porfiaron los abuelos y lograron tenerle a su lado durante ocho sucesivos años, es decir el tiempo de toda su primera infancia, hasta que el padre creyó necesario instruirle y le llevó a las aulas de una escuela que él mismo regentaba y que era su propio hogar y su casa habitación. El niño era apuesto y expresivo, y demos traba tanta gracia como inteligencia. Adquirió entonces a manejar magnífica letra de escritura inglesa; pero fué tenaz para retener en la mente los conocimientos que no se adaptaban a la nerviosidad de un carácter impetuoso. Todas sus inclinaciones daban á conocer al hombrecito que, con decisión y energía, sabría probar, cuando llegase el caso, que dos y dos son cuatro y, principalmente,, hasta con puños, cuántas en realidad son cinco. Desde esa época, en efecto, acostumbróse, el que había de ser más tarde brabísimo, sarjento, a pelear a puño limpio, sacando en más de alguna ocasión hasta el famoso "chocolate" a sus condiscípulos, que con él se portaran mal, y á demostrar su temperamento de patriota y de guerrero, gritando al frente de improvisados e infantiles soldados ¡viva Chile! disputando bulliciosa e inarmónicamente con "tarros" o cajas de "latas" su marcial eco a los tambores.
A los doce años de edad dejó la escuela y por tal circunstancia la compañía de su padre, para vivir en la intimidad de unos primos de su misma edad, hijos de doña Petronila Aldea de Gutiérrez, que también se lo disputó para sí, que riendo á porfía darle un nuevo hogar, ya que nuestro héroe, era por entonces un héroe de cariñosas disputas. Con el ejemplo de sus primos y mil otras circunstancias en su nueva vida, se acentuó más y más su carácter y tendencias a que estaba como predestinado . Grandecito ya, pero aún imberbe, quiso en una ocasión asistir con algunos amiguitos a una reunión política, en tiempo de elecciones; pero observóle alguien que a ese acto no podían ellos asistir porque no estaban calificados y en consecuencia no tenían voto. Aldea replicó en el acto: — ¡Vaya, pues! ¿y qué importa que no estemos calificados? Tenemos en cambio buenos puños para defender  nuestras ideas.
El bozo entretanto, comenzaba a sombrear  graciosamente su labio y quien en su niñez había sido tan disputado, en un arranque de entusiasmo se disputó a sí mismo y huyó del hogar para enrolarse como soldado en la artillería de marina. En el batallón era apto para todo, principalmente para guisar su rancho, pues como cocinero le hacía competencia a la más buena peladora de papas y porotos de su ciudad natal. Su viva inteligencia como su buen comportamiento y la correcta escritura que le enseñara su padre, le atrajeron la simpatía de sus superiores y en poco tiempo ascendió. á cabo, pero injustamente; creemos que nó como ranchero. . .
Cuando estalló la guerra del Pacífico era ya sarjento, grado que él en Iquique,  como el famoso sarjento Rebolledo en Chorrillos, supieron engrandecer y hasta glorificar.
A las órdenes de Prat, en la memorable "Esmeralda", demostró Aldea ser tan patriota como digno subalterno de su heroico jefe.
Tenía entonces apenas veintisiete años no cumplidos. Era grueso, bien formado, más bien alto, rostro simpático y moreno, ojos expresivos é inteligentes, bigote y poblada pera negras. Al empezar el combate naval de Iquique el 21 de Mayo de 1879, en que la gloriosísima corbeta chilena "Esmeralda" tuvo que luchar sola contra el blindado monitor peruano "Huáscar", el sarjento Aldea que en un principio estaba a cargo de la tropa que hacía guardia a la bandera, al encontrarse con el oficial don Juan Agustín Cabrera Gacitúa, exclamó: —"¡Señor, aquí tenemos todos que morir! Pero, qué hacerle. . . Somos chilenos, y si se nos llega la hora, debemos dar nuestra vida por la patria! ..." Poco después estaba al lado de su invicto comandante, y cuando Prat gritó, sublimemente: 

— ¡Al abordaje! —siguióle heroico al sacri ficio, en medio del retumbar de los cañones, del choque de las naves, del humo denso de la pólvora y del resplandor bellísimo de la gloria! 


Cabo Moya
Revista Corre y Vuela, Mayo de 1908

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