jueves, 28 de mayo de 2015

EL 4º DE LINEA

"Si este cuerpo llegó a conquistarse durante la guerra del Pacífico el nombre de "Arica" por su incomparable arrojo en el asalto al famoso e inespugnable morro, así denominado; en Chorrillos, atacando otro morro, el "Solar" último baluarte de las fuerzas enemigas, cimentó su fama de valiente y cooperó con eficacia al triunfo de las armas nacionales. Su avance fué de frente a las trincheras y tan aguerrido se mantuvo que marchó impertérrito, sin disparar un solo tiro, en cumplimiento de órdenes, hasta mui cerca del enemigo que le lanzaba una verdadera e incesante lluvia de balas. Su valiente jefe, don Luis Solo Saldívar, iba al frente, espada en mano. Todo el Rejimiento seguia su ejemplo de valor en el cumplimiento del deber. — ¡Adelante! ¡adelante! ¡Viva Chile! eran las voces que salían en esos momentos de todos los pechos. Saltando fosos, destruyendo pircas, derramando sangre, todos, jefes y soldados, jadeantes, se lanzaban, ahogados por el humo y ensordecidos por el estridente y continuo tiroteo al asalto audaz de las formidables obras de defensa.
Así, el 4ª  de línea como el "Chacabuco" y otros cuerpos, se tomó, a costa de grandes sacrificios, reducto tras reducto, para lograr llegar, después de largas horas de refriega, hasta la sima del temible morro Solar, poderosamente fortificado. En esta acción, el 4o. se conquistó, evidentemente, pajinas de gloria.
Hubo un instante en que, colocado en una posición difícil, separado del resto de la división, casi fué diezmado. Una retirada, para acercarse a los otros cuerpos fué entonces necesaria,  pero los soldados estaban locos, locos de gloria. Uno de ellos, heroico insubordinado, esclamó entonces: — ¡Un soldado del 4.o no se retira; siempre avanza adelante, y muere! — y en efecto, abrazado a su rifle, el sublime roto cayó acribillado de balazos.
Hermosa pajina es la que se refiere a la defensa del estandarte del rejimiento. El piquete que lo escoltaba fué esterminado, cayendo heridos uno tras otro sus decididos defensores. El enemigo hizo cuantos esfuerzos pudo por arrebatar la preciada insignia. Pero el rejimiento entero habia jurado morir antes que verla mancillada. El primero en caer en su defensa fué el subteniente abanderado don Miguel Bravo, que no desmintió ser digno del significado de su propio nombre. Herido, bañólo con su sangre jenerosa, cubriéndolo con su cuerpo para salvarlo de la persecución tenaz de que era objeto. Acudió en su ausilio el cabo l.o don Estanislao Jara que, como abanderado, fué un verdadero león. Cayó, también, a su turno, en la contienda. Recibió entonces la sagrada insignia, un soldado Ortiz que la entregó al teniente don Marcos A. López, quien, a su vez, la puso en las manos del subteniente don Manuel Ovalle Prieto. 'El fuego era continuado, los peligros inmensos y el estandarte era la mas ansiada codicia, en esos instantes, de los tenaces enemigos. No tardó, pues, en caer también en su defensa el bravo subteniente Ovalle Prieto. Los héroes se sucedían a los héroes. El estandarte se salvaría. En efecto, saltó a protejerlo el capitán don Casimiro Ibañez que lo alzó arrogante con sus hercúleas manos. La defensa, sin embargo, era difícil, casi imposible. Los enemigos eran numerosos y envolvían al rejimiento entero, y los proyectiles se desprendían como granizo. — ¡Viva el 4.o! ¡Viva el 4. o! gritaba el capitán Ibañez. Y saltaba fosos, y traspasaba palizadas, e invadía trincheras, y despreciaba la muerte. — ¡Viva el 4.o! ¡Viva el 4.o! repetían innumerables voces. " De súbito ¡Viva Chile! esclama el heroico abanderado, estrecha formidablemente ente sus brazos el estandarte y cae de bruces, muerto instantáneamente. Ortiz, que obtuvo el grado de sarjento, proteje entonces el sagrado pendón y logra la satisfacción de ser su último y afortunado defensor. El lo condujo hasta la sima del morro, en cuya fortaleza, descansó esa noche, el bizarro rejimiento.
He aquí ahora, para concluir, una anécdota del 4º.  Cayó herido en un pie, al saltar la segúnda trinchera, un soldado de apellido Espíndola. Imposibilitado para seguir al rejimiento en su impetuoso avance, se sentó al lado de un colega enemigo que pataleaba con los últimos estertores de la muerte. Espíndola le miró un rato y luego se le fué a la cartuchera. — ¿Qué hacís, oh?— gritóle entonces un compañero en su avance. — ¿No vis que estos son mui malditos? contestó Espíndola. Los cholos son capaces hasta después de muertos de hacernos una traición. . . . — ¿Por qué no te trei el muerto entonce. pu? le replicó otro. — ¿No vis que estoi herío? dijo Espíndola, y agregó: — ¿Echaba de ver hermanito ¡que di otra laya yo m'iba a quear di ocioso?"

Revista Corre y Vuela
Enero de 1908
www.memoriachilena.cl

No hay comentarios:

Publicar un comentario