viernes, 29 de mayo de 2015

LIMA: LA CIUDAD DE LOS VIRREYES

CHORRILLOS Y MIRAFLORES
(Lima, enero 21 de 1881)
Señor Don Anselmo Soto,
Santiago.
Querido padre:
¡Por fin se cumplieron mis deseos i se realizaron mis esperanzas! Me encuentro en la ciudad de Lima, en la soberbia capital que nos amenazara tanto tiempo con sus formidables trincheras i sus inaccesibles alturas erizadas de cañones. El entusiasmo que me domina por tan fausto acontecimiento es tal, que no se si pueda coordinar cual quisiera mis pensamientos, encerrados en esta carta portadora de un saludo patriótico que envía a usted su hijo i un fuerte abrazo a mis queridos hermanos.
A Lima! A Lima! Eran las palabras que repetían ayer los labios de todo chileno: la ciudad de los virreyes es para nosotros lo que Jerusalén para los cruzados de la Edad Media.
Yo, mi buen padre, he cumplido con mi deber, coadyuvando en algo a la libertad i defensa de nuestra patria.
Ojalá pueda ver dentro de poco la prosperidad y el engrandecimiento del suelo que me vio nacer; de ese Chile por el cual se han sacrificado en tantas gloriosas batallas millares de sus hijos, peleando como verdaderos espartanos.
Aunque a los bravos Cazadores a Caballo no les cupo en suerte, como tanto lo deseábamos, recojer los laureles de eterna gloria que se conquistaron en Calama i Agua Santa, no fue, sin embargo, tan despreciable el rol que tuvo la honra de desempeñar la primera compañía del primer escuadrón a que pertenezco. A poco de haberse roto el fuego por una i otra parte, cuando la batalla o sorpresa de Miraflores, me tocó ir en una mitad mandada por mi teniente don Miguel 2º Rios, con el objeto de observar a la caballería peruana que intentaba flanquear el ala derecha de nuestro ejercito. Anduvimos con mucha suerte; pues, por mas que se opuso el teniente, nosotros aleccionados por el 1º. De mi compañía, don Gregorio Rios, nos fuimos a la carga, a poca distancia al norte del cerro de San Juan, por donde se nos vino encima un escuadron peruano, que, al juzgar por el terreno que ocupaba, no podía tener menos de cien hombres. Estos se dividieron en dos porciones: una de ellas, avanzó- ¡ qué descaro!. A quitar una cuantas cargas de municiones que bajaban en ese momento de los cerros de Lurin. Cayeron heridos dos arrieros, i los demas volvieron atras a lo que daban sus mulas.
Ver esto y lanzarnos a la carga, con un chivateo infernal, fue todo uno. Las espadas hicieron algo, pues dejamos en el campo seis o siete muertos, i tomamos unos cuantos prisioneros. ¡Si hubiera visto, padre, a mis compañeros en aquel instante del ataque, qué hombres y qué leones! En fin, algo es algo, aunque todavía no nos podemos conformar con que los Granaderos y los Carabineros nos aventajaran, respectivamente, en San Juan y Miraflores.
En Chorrillos tuvimos que correr como rayos, tras los derrotados, que emprendían la fuga por los potreros i las calles del pueblo.
Yo siento mucho que mi coronel Soto Aguilar- lo que no es estraño en los jefes- haya dado cuenta al general en jefe de aquel hacho atribuyendo la gloria al alférez Harrington, tal vez por ser extranjero; no ha tenido siquiera una palabra de elojio i estimulo para el 1º Rios i sus compañeros. Esto me hace recordar lo que ha dicho Vicuña Mackenna: ¡ el pago de Chile!
La entrada de nuestro ejercito vencedor por las calles de Lima se efectuó en el mayor orden i con toda solemnidad i decoro. Mientras la marcha, tanto las tropas vencedoras como pueblo vencido que nos contemplaba, guardaban el mas profundo silencio. Aquel acto fue el más solemne i grandioso que haya presenciado jamás.
Enviemos, cariñoso padre, en nombre de la patria un sentido adiós a los que murieron por ella: justo, aunque modestísimo homenaje tributado a los héroes que en premio de sus hazañas se conquistaron la gloria i la inmortalidad.
Salvador Soto
Oficial del Escuadrón Cazadores a Caballo

jueves, 28 de mayo de 2015

EL 4º DE LINEA

"Si este cuerpo llegó a conquistarse durante la guerra del Pacífico el nombre de "Arica" por su incomparable arrojo en el asalto al famoso e inespugnable morro, así denominado; en Chorrillos, atacando otro morro, el "Solar" último baluarte de las fuerzas enemigas, cimentó su fama de valiente y cooperó con eficacia al triunfo de las armas nacionales. Su avance fué de frente a las trincheras y tan aguerrido se mantuvo que marchó impertérrito, sin disparar un solo tiro, en cumplimiento de órdenes, hasta mui cerca del enemigo que le lanzaba una verdadera e incesante lluvia de balas. Su valiente jefe, don Luis Solo Saldívar, iba al frente, espada en mano. Todo el Rejimiento seguia su ejemplo de valor en el cumplimiento del deber. — ¡Adelante! ¡adelante! ¡Viva Chile! eran las voces que salían en esos momentos de todos los pechos. Saltando fosos, destruyendo pircas, derramando sangre, todos, jefes y soldados, jadeantes, se lanzaban, ahogados por el humo y ensordecidos por el estridente y continuo tiroteo al asalto audaz de las formidables obras de defensa.
Así, el 4ª  de línea como el "Chacabuco" y otros cuerpos, se tomó, a costa de grandes sacrificios, reducto tras reducto, para lograr llegar, después de largas horas de refriega, hasta la sima del temible morro Solar, poderosamente fortificado. En esta acción, el 4o. se conquistó, evidentemente, pajinas de gloria.
Hubo un instante en que, colocado en una posición difícil, separado del resto de la división, casi fué diezmado. Una retirada, para acercarse a los otros cuerpos fué entonces necesaria,  pero los soldados estaban locos, locos de gloria. Uno de ellos, heroico insubordinado, esclamó entonces: — ¡Un soldado del 4.o no se retira; siempre avanza adelante, y muere! — y en efecto, abrazado a su rifle, el sublime roto cayó acribillado de balazos.
Hermosa pajina es la que se refiere a la defensa del estandarte del rejimiento. El piquete que lo escoltaba fué esterminado, cayendo heridos uno tras otro sus decididos defensores. El enemigo hizo cuantos esfuerzos pudo por arrebatar la preciada insignia. Pero el rejimiento entero habia jurado morir antes que verla mancillada. El primero en caer en su defensa fué el subteniente abanderado don Miguel Bravo, que no desmintió ser digno del significado de su propio nombre. Herido, bañólo con su sangre jenerosa, cubriéndolo con su cuerpo para salvarlo de la persecución tenaz de que era objeto. Acudió en su ausilio el cabo l.o don Estanislao Jara que, como abanderado, fué un verdadero león. Cayó, también, a su turno, en la contienda. Recibió entonces la sagrada insignia, un soldado Ortiz que la entregó al teniente don Marcos A. López, quien, a su vez, la puso en las manos del subteniente don Manuel Ovalle Prieto. 'El fuego era continuado, los peligros inmensos y el estandarte era la mas ansiada codicia, en esos instantes, de los tenaces enemigos. No tardó, pues, en caer también en su defensa el bravo subteniente Ovalle Prieto. Los héroes se sucedían a los héroes. El estandarte se salvaría. En efecto, saltó a protejerlo el capitán don Casimiro Ibañez que lo alzó arrogante con sus hercúleas manos. La defensa, sin embargo, era difícil, casi imposible. Los enemigos eran numerosos y envolvían al rejimiento entero, y los proyectiles se desprendían como granizo. — ¡Viva el 4.o! ¡Viva el 4. o! gritaba el capitán Ibañez. Y saltaba fosos, y traspasaba palizadas, e invadía trincheras, y despreciaba la muerte. — ¡Viva el 4.o! ¡Viva el 4.o! repetían innumerables voces. " De súbito ¡Viva Chile! esclama el heroico abanderado, estrecha formidablemente ente sus brazos el estandarte y cae de bruces, muerto instantáneamente. Ortiz, que obtuvo el grado de sarjento, proteje entonces el sagrado pendón y logra la satisfacción de ser su último y afortunado defensor. El lo condujo hasta la sima del morro, en cuya fortaleza, descansó esa noche, el bizarro rejimiento.
He aquí ahora, para concluir, una anécdota del 4º.  Cayó herido en un pie, al saltar la segúnda trinchera, un soldado de apellido Espíndola. Imposibilitado para seguir al rejimiento en su impetuoso avance, se sentó al lado de un colega enemigo que pataleaba con los últimos estertores de la muerte. Espíndola le miró un rato y luego se le fué a la cartuchera. — ¿Qué hacís, oh?— gritóle entonces un compañero en su avance. — ¿No vis que estos son mui malditos? contestó Espíndola. Los cholos son capaces hasta después de muertos de hacernos una traición. . . . — ¿Por qué no te trei el muerto entonce. pu? le replicó otro. — ¿No vis que estoi herío? dijo Espíndola, y agregó: — ¿Echaba de ver hermanito ¡que di otra laya yo m'iba a quear di ocioso?"

Revista Corre y Vuela
Enero de 1908
www.memoriachilena.cl

LOS HERMANOS DUBLÈ ALMEYDA

"Marzo 5 de 1879

Hoy han llegado del sur los tenientes coroneles Joaquín Cortés y Bernardo Gutiérrez. También 107 voluntarios de Copiapó que han venido a ofrecer sus servicios. Estos han marchado a reforzar la guarnición de Caracoles. El 25 de febrero se crearon los batallones cívicos Nº 1 de Caracoles, que lo mandará Víctor Pretot Freire, y el 2 de Antofagasta, al mando de Matías Rojas. La mayor parte del personal que en este territorio está sobre las armas carece de instrucción militar. Para darla con la rapidez que la situación requiere, los jefes y oficiales no tienen descanso; trabajan de un modo extraordinario sin darse más tregua que muy poco tiempo para comer y dormir. El mismo ímprobo trabajo se dan los jefes y oficiales del Cuartel General y Estado Mayor para organizar y echar las bases de un ejército que tendrá que ser numeroso. Hoy se carece de todo, pues en Chile nunca ha habido cuidado de preparar nada para la guerra. Nos llegan partidas de reclutas y voluntarios de todas partes. Hay que instruirlos y prepararlos para lo que pueda venir. Hoy ha partido para Caracoles el coronel Sotomayor, acompañado del sargento mayor Baldomero Dublé Almeida, con el objeto de estudiar aquella localidad y tomar medidas para la defensa de ella. Es, además, el punto de partida para las operaciones militares que se realicen, ya sea sobre Calama o cualquier otro punto de esa región del territorio boliviano."

Diario de las campañas al Perúy Bolivia. 1879-1884. “Lo queyo he visto”
Diego Dublè Almeyda

Fotografìa: Museo Historia Nacional

EL BRAVO CORONEL BARCELÒ

"El coronel Barceló, sordo a las balas, el pantalón a la rodilla y aferrándose a la crin de su montura como un novel jinete, llegaba a galope... Quiso hablar, pero los soldados lo interrumpieron, desafiándolo a que él pasara primero. Por toda respuesta, el anciano coronel, clavando su caballo lo lanzó por un boquete. Y aquella cabeza blanca..., solitaria en medio del peligro, levantó el regimiento devolviéndonos a todos el legendario valor del roto chileno."

Un corresponsal de guerra relata la actuación de Francisco Barceló Bravo en la guerra del Pacífico.
Fotografìa del Coronel Barcelò: Museo Historia Nacional
Fotografìas sepultura Cementerio general: Ingrid Dìaz Ch.

"LA CANTINERA IRENE MORALES"

"Ya muriò la cantinera, llamada Irene Morales; 
soldados y generales lloran a su compañera.
Muriò la humilde mujer, muriò la valiente Irene 
de la cual la historia tiene, mucho que hacer ver;
no hubo humano poder que a su enfermedad venciera;
la monja de cabecera ha hecho lo que podìa;
de una horrible pulmonìa ya muriò la cantinera.
Apenas oyò el clarì, abandonò su cabaña,
e hizo toda la campaña desde el principio hasta el fìn;
del uno al otro confìn cruzò por cien arenales,
se batìa con gran gloria.
¡Adiòs mujer meritoria, llamada Irene Morales!
Gusto y sentimiento daba verla, al fin en la refriega
como a montaña griega, que a los heridos curaba;
a todos los consolaba en sus dolencias y males;
les cuidaba por iguales con solicitud y esmero,
al mèdico y bagajero, soldados y generales.
En un caso necesario cuando un soldado caìa,
ella misma se batìa con valor extraordinario,
era en fin un relicario, de la Repùblica entera,
por amor a la bandera abandonò sus hogares;
con razòn los militares lloran a su compañera.
Segùn lo que se me ha dicho, con muchìsima atenciòn
se levanta subscripciòn para levantarle un nicho;
la muerte con su capricho la pillò en el hospital,
si no se asegura mal en el llamado San Borja,
y ya con amor se forja su làpida sepulcral".

Ròmulo Larrañaga

AHORA REGIMIENTO

1879 - Decreto

domingo, 24 de mayo de 2015

LA REGIÒN DE VALPARAÌSO EN LA GDP

"Ministerio de Guerra y Marina 
Lima, Febrero 21 de 1881

Señor:
Me cabe el honor de enviar a V.S en pos de la noticia del triunfo completo de nuestras armas, que ha electrizado a esa patriòtica poblaciòn, los restos gloriosos del cuerpo de infanterìa que la provincia de Valparaìso ha enviado al teatro de la guerra.
Vuelve a esa el Batallòn de Artillerìa Naval, compañero de fatigas del Batallòn Valparaìso en e campamento de Antofagasta, como lo fue de tenàz heroìsmo en los altos de Tacna.
En sus filas han quedado desgraciadamente, despuès de la terrible pelea de Miraflores, muchos claros en los puestos que ocuparon, antes de a batalla jòvenes intrèpidos y robustos obreros, pero està intacto en el hermoso batallòn el levantado espìritu que le ha distinguido, durante dos años a esa ciudad, emporio de prosperidad comercial, y al mismo tiempo foco de orgulloso patriotismo.
El Regimiento de Valparaìso, organizado apenas hace ocho meses con elementos salidos de las entrañas de la sociedad porteña, perdiò casi la mitad de su fuerza efectiva al recibir un doble bautismo de fuego y de sangre en lo màs recio de las batallas de Chorrillos y Miraflores. Antes de la època en que los cuerpos completan de ordinario su instrucciòn militar, el gallardo regimiento manifestò que habìa aprendido a morir heroicamente, y cerca de sus mejores soldados, entre ellos el valeroso e inolvidable comandante don Josè Marìa Marchant, rindieron la vida al pie de su bandera en el campo de dos grandes triunfos chilenos.
El Batallòn Quillota, que se incorporò al ejèrcito en vìspera de la ùltima batalla, despuès de haber impuesto respeto al enemigo en las gargantas por donde corre el rìo de Pisco, regresa tambièn honrosamente mutilado y llevando a sus hogares la reputaciòn de severo centinela del derecho de Chile en las guarniciones y de bravo defensor de su honra en la batalla.
Marcha por ùltimo al sur, en el ùltimo convoy que està listo para zarpar del Callao, el Regimiento Veterano de Artillerìa de Marina, que Valparaìso sustenta casi exclusivamente con su sangre y su espìritu, y cuya huella ha quedado noblemente estampada desde Antofagasta hasta Lima, desde Chipana hasta el Callao, en todo el largo y àspero camino que el ejèrcito y la escuadra de Chile han recorrido en estos dos años, hasta llegar a los dos centros del poder militar y de la opulencia del Perù. Diezmado en Tarapacà, acudiendo en Tacna con la victoria enlazada en su estandarte en auxilio de los cuerpos porteños comprometidos en lucha desigual; sucumbiendo heroicamente con al Esmeralda, el Loa y la Covadonga; concurriendo por fin eficazmente al triunfo de Angamos, Chorrillos y Miraflores, esta aguerrida tropa merece el honor que Valparaìso acostumbra entregar a sus uenos hijos y toda la gratitud que el pueblo porteño es capàz de sentir y de manisfestar.
En adelante solamente el Regimiento Lautaro representarà en cuerpo en el ejèrcito a la noble provincia que V.S gobierna; pero Valparaìso puede descansar en a seguridad de que la reputaciòn de su juventud y de sus obreros, custodiada por ese regimiento, que es rival de los màs veteranos por su disciplina, su solidèz y su bravura, desplegadas desde Tacna y Torata en todos los combates de a guerra, no sufrirà mengua en el campo de batalla o en la vida de guarniciòn.
Acepte V.S y por organo, la Ilustre Municipalidad de Valparaìso , las felicitaciones que envìo a la provincia en nombre del gobierno y del ejèrcito, digna encarnaciòn de a naciòn chilena en armas frente a sus enemigos.
Dios guarde a V.S

J. F. Vergara

Al señor Intendente de Valparaìso "

LA IRENE MORALES

"En circunstancias que un numeroso grupo de manifestantes desfilaba por la calle Santa Cruz (hoy Condell), grupo en el cual iban muchas mujeres del pueblo, enarbolando banderas nacionales, irrumpiò de las filas una mujer de viril postura y de aire resuelto, incitando a los demàs manifestantes a romper el escudo de Bolivia ubicado en el frontispicio de la casa en que funcionaba la Prefectura del Departamento, edificio que se encontraba ubicado en Calle Condell.
A la incitaciòn sucede el hecho, pues los mismos manifestantes hìzanla en sus brazos hasta la altura de la puerta, y ella procede entonces a coger el escudo, despedazàndolo en seguida, en medio de frenèticos aplausos.
Irene Morales era el nombre de esta bizarra mujer, la cual acompañò, posteriormente, como “cantinera”, a las tropas organizadas en esta ciudad, en su campaña hasta la batalla de Huamachuco, destacàndose por su bravura y coraje, mèritos que, unidos a los servicios que prestara al ejèrcito chileno en la campaña de 1879, la han hecho figurar en las narraciones històricas de estos sucesos y tambièn como protagonista de leyendas y novelas patriòticas.
Con su actitud, Irene Morales creyò vengar la muerte de su marido, el cual fue fusilado por las autoridades bolivianas, meses atràs, acto que levantò airadas protestas de los habitantes de Antofagasta; y, sobre todo, entre los chilenos residentes aquì, pues se le juzgò un acto cruel e injusto"

Narraciones Històricas de Antofagasta 
Isaac Arce. R.

LA CARMEN VILCHES




"Carmen fue cantinera del Batallón Atacama, y al igual que Filomena Valenzuela tuvo una destacada participación en el combate de Los Angeles, ascendiendo hasta la cima "sin demostrar cansancio ni vacilación" . En el parte oficial del combate, el comandante del Atacama, Juan Martínez, informó al General Baquedano:

"Creo un deber de mi parte, hacer presente a Ud. que los méritos contraídos por la cantinera Carmen Vilches, durante la penosa jornada del Hospicio al Valle, dando agua y atendiendo a los que caían rendidos por la fatiga, como igualmente peleando en el asalto de la cuesta de Los Angeles con su rifle e infundiendo ánimo a la tropa con su presencia y singular arrojo, obligan nuestra gratitud y la hacen acreedora a un premio especial" .


Gonzalo Bulnes, aunque pocas veces menciona mujeres en su obra, con Carmen Vilches hace una excepción al señalar que entre los primeros que llegaron a la cumbre del picacho en el combate de Los Ángeles deben destacarse "... el jefe del cuerpo, Martínez; Torreblanca y una heroica mujer, llamada Carmen Vilches, cantinera del cuerpo, que subió asistiendo con su caramañola con aguardiente a los más fatigados" .
En la lista de heridos del Batallón Atacama en Los Angeles, figuró la cantinera Vilches con una contusión en la mano izquierda , siendo "ejemplo de gran valor, trepando con los atácameños la empinada cuchilla y haciendo fuego sobre el enemigo con su rifle, como cualquier otro soldado" .

Su hazaña no pasó inadvertida por la opinión pública; prueba de ello es la carta que se publicó en el diario El Constituyente, donde se insinuaba que se le tributara un homenaje porque "ayudó a detener a los peruleros"."

Presencia de la Mujer Chilena en la Guerra del Pacìfico.
Paz Larraìn Mira

sábado, 23 de mayo de 2015

CARTA DE ABRAHAM QUIRÒZ A SU PADRE

Calama, Octubre 22 de 1879

Señor Luciano Quiròz
Quillota

Apreciado padre: me alegrarè que al recibo de èsta, se encuentre gozando  de una completa salud usted y mis hermanos. Yo por acà quedo bueno, sòlo con el deseo de verlos.
Por el contenido de mis cartas anteriores Ud. se habrà enterado de nuestra marcha, que fue bastante penosa. Ahora entrarè a darle un pequeño detalle de lo que es actualmente Calama. Esta se encuentra situada en un gran valle cerrado por los dos cerros y bañada por el rìo Loa. La cordillera se encuentra como a 9 leguas de distancia y se divisa un volcàn de donde le entra agua salada y la descompone ponièndola salobre. Al lado Norte se dirige un camino que va a dar a las ricas minas del Inca. Antes de llegar al camino del cerro, y como a una legua de la poblaciòn, se pone una avanzada, el otro camino que viene del Sur es el que tiene que pasar  por el puente donde se pone el destacamento y no deja pasar a nadie sin pasaporte. Las casas parecen ramadas y no tienen forma las pocas que quedaron paradas cuando tuvo lugar el combate. Casi todas quedaron demolidas.

Aquì no se encuentran màs fuerzas que nosotros. Las Compañìas de la Brigada de Marina partieron para Tocopilla; y la compañìa de Bulnes, partiò para Antofagasta. El general Campero se sabe que està con tres mil hombres, pero se encuentra como a 90 leguas de aquì.
Me hace el favor de escribirme cada seis u ocho dìas, porque si se pone a esperar la contestaciòn se demora como 18 dìas.

Sin màs que esto quedo a sus ordenes atento y S.S., Su hijo.
Abrahàm Quiròz  
Muchas expresiones a mis hermanos y demàs conocidos.





PARTE DEL CORONEL EMILIO SOTOMAYOR: TOMA DE CALAMA


"Marzo 25 de 1879.-

Se ha recibido del coronel Sotomayor, dirigida al ministro de Guerra, la siguiente comunicaciòn fechada en Calama el 23 de marzo:
"Despuès de tres dìas de penosa marcha por el desierto llegamos a la vista de Calama el 23 a las 6 de la mañana.
La primera descubierta compuesta de 25 hombres de Cazadores a Caballo recibiò los primeros fuegos del enemigo, situado este tras paredones, bosques de chilca y otros matorrales, defendiendo el paso de Topàter.

La compañìa Cazadores del 4º de Lìnea atacò este punto con vigor y desiciòn hasta consumir cien cartuchos, saliendo herido levemente su bizarro capitàn San Martìn. Al mismo tiempo la compañìa de esta misma clase del 2º, pasando por un puente provisorio que se tendiò en el rìo por el teniente coronel Arìstides Martìnez, con toda desiciòn batiò al enemigo palmo a palmo hasta derrotarlo completamente. El Comandante Ramìrez fue el conductor de sus cazadores en este hecho distinguido.
Hasta este momento, 10 a.m. tengo sòlo conocimiento de la muerte del soldado de Cazadores a Caballo Rafael Ramìrez y tres heridos del mismo cuerpo.

Todas las fuerzas que tomaron parte en esta acciòn de guerra son dignas de recomendaciòn, muy especialmente sus jefes y oficiales, de los que hasta este momento no tengo noticias hayan sido heridos, o sufrido lesiòn alguna, con excepciòn del capitàn San Martìn, ya mencionado, que merece toda consideraciòn; es un valiente.

Las autoridades bolivianas han escapado, unas para Chiu Chiu y otras para Cobija. Lo que tengo el honor de comunicar a U.S. para su conocimiento."

Diario de las Campañas al Perù y Bolivia 1879-1884 "Lo que yo he Visto"
Diego Dublè Almeyda

INTRODUCCIÒN

Los registros de la època de la Guerra del Pacìfico, nos han dejado un gran testim onio de lo que vivieron nuestros soldados antes, durante y despuès del conflicto. A ellos debemos en gran parte nuestra personalidad geogràfica, asì como la que todos llevamos dentro. "Lucharon como leones" dijo Josè Miguel Varela, quien da testimonio de la fiereza del soldado chileno en el campo de batalla pues èl "siempre asì lo vi", como relatarìa en sus memorias.
Todo el material de este blog es parte de una gran colecciòn que se encuentra publicada en la web y que es de dominio pùblico.
Honrar a nuestros hombres, mujeres y niños que lucharon por la causa patriota entre los años 1879-1884, es nuestro propòsito.