sábado, 15 de julio de 2017

"QUINTÍN QUINTANA Y LOS CHINOS DE CERRO AZÚL EN LURÍN"

En la última etapa de la Guerra del Pacífico, antes de entrar a Lima, el ejército expedicionario se encontró en su camino a una gran población de chinos en casas de ricos hacendados peruanos, sirviendo en calidad de esclavos. Este es un hecho indiscutible y de ello dan testimonio los historiadores de la época.
Estos hechos ocurrieron previo a las batallas de Chorrillos y Miraflores, específicamente durante la expedición Lynch por tierra hacia Lurín (finales de 1880/enero de 1881).
De esta gran cantidad de chinos destacó uno en especial: Quintín Quintana, quien no era esclavo, pero al igual que sus compatriotas se unió a la causa chilena por agradecimiento a la liberación de sus hermanos de las terribles condiciones en que se encontraban.
Muchas versiones hay de lo ocurrido con los chinos y su encuentro con la División Lynch y posteriores acciones, pero hoy lo aclararemos con el relato del teniente coronel Francisco Machuca, quien nos entrega una breve relación de los acontecimientos ocurridos en aquellas circunstancias:
"Quintín Quintana, chino afincado de Ica y comerciante con tiendas surtidas en Ica y Pisco, recibió a los chilenos con la gratitud que inspiran los libertadores de sus compatriotas, sumidos en la más cruel servidumbre en los cañaverales, y víctimas de un tratamiento cruel e inhumano. Quintana hospedó en su casa a los jefes chilenos, los agasajó, sirvió de guía a los destacamentos e hizo cristiano a sus hijos. El coronel Amunátegui sirvió de padrino a uno de ellos. Al evacuarse a Ica, no puede quedarse en la población; los nativos le habrían hecho pagar caro su chilenismo. Envía a bordo a su familia, y él a la cabeza de sus hermanos libertos, sigue a la División Lynch, prestándole importante servicios, en la conducción de bagajes, transporte de heridos, y provisión de agua, leña y verdura para el rancho de la brigada. Se internan centenares de kilómetros en los valles vecinos en busca de víveres; algunos no vuelven; unos chinos menos, y nada más. Durante el trayecto, se pliegan los esclavos de las haciendas de caña, riquísimas en aquella zona, de suerte que Lynch llega con unos 1.500 a Lurín, a donde acuden más compatriotas de las heredades vecinas.
Quintín implanta en sus subordinados la más estricta disciplina; divididos en centurias y decurias, obedecen militarmente a los decuriones y centuriones que a su vez siguen ciegamente a su general. El 10 de Enero en la tarde, les reúne en las ruinas del templo de Pachacamac Nuevo, cercano del campamento de Barboza, en número de unos 2.000.
Después de una peroración oída con religioso respeto, se procede a las complicadas ceremonias de juramento de fidelidad a Chile, en el altar de los sacrificios, en el cual se inmola un gallo, se bebe la sangre caliente aun y se presta el juramento, que es terrible y sólo se exige en circunstancias muy solemnes. El perjuro queda sujeto a la suerte del gallo, a que su sangre sea bebida por los concurrentes.
Con la mano derecha en alto, los chinos juran seguir a Quintín Quintana, servir al General en jefe, y obedecer ciegamente “si se ordena trabajar, trabajar si matar, matar; si incendiar, incendiar; si morir, morir”.
Terminada la ceremonia se dirigen en perfecta formación, en filas de a cuatro, a ratificar su promesa ante el General en jefe, que se presenta en los balcones a recibirlos.
Quintín se adelanta y dirige al señor General esta alocución:
“Mi General:
He vivido durante veinte años en el Perú; he conseguido por mi trabajo y acierto, los medios de vivir; los caballeros se han portado bien conmigo y mi familia; no tengo ningún odio personal; pero me lleva a sacrificar mi fortuna y hacer lo que hago, mi cariño por estos infelices cuyos sufrimientos no podría nadie imaginar.
Hay aquí hermanos que durante ocho años han estado cargados de cadenas sin ver el sol, y los demás han trabajado como esclavos. No quiero para ellos nada más que la comida y la seguridad de que no sean abandonados en esta tierra maldita; que el general los lleve donde quiera, que yo los mando a todos”.
El General les hace saber por su ayudante, teniente don Domingo Sarratea, que tendrán todo lo que desean. Los chinos reciben esta declaración con gritos de alborozo; luego forman en la plaza, dirigido por su Jefe Supremo, Quintín, un segundo, cuatro divisionarios, doce centuriones y veinte jefes de decurias.
Se procede en seguida al reparto del personal para los diversos servicios: 500 de los más jóvenes y resueltos pasan a los pontoneros del capitán Villarroel, destinados a hacer saltar las minas, bombas automáticas y cortar los hilos de las baterías eléctricas.
Esta sección saluda con entusiasmo al nuevo jefe, que les habla en su lengua nativa.
300 van a las ambulancias para ayudar al transporte de heridos en el campo de batalla.
900 al parque destinados a embalar municiones.
100 al bagaje para distribuir forraje y cuidar del ganado.
300 a la Intendencia General, para formar cargas para las mulas, transportar bultos, coser sacos y demás trabajos propios del movimiento interno de bodegas y almacenes.
El resto al mando de Quintana, disponibles, a las órdenes de las autoridades superiores.
Muchos pasan a ayudantes de los asistentes y aun de asistentes titulares de clases y soldados.
Y todos contentos y felices, con kepí y uniforme de brin, y botas de tropa, proporcionadas por la Intendencia."


martes, 16 de mayo de 2017

"LA ESCUADRA DE REGRESO DE EL CALLAO: MAYO DE 1879"

La pregunta es: ¿se enteró la escuadra chilena, que había navegado a El Callao, acerca del Combate Naval de Iquique? Y si así fue ¿bajo qué circunstancias habrán recibido tales noticias?...
Recordaremos pues, que nuestras queridas goleta "Covadonga" y corbeta "Esmeralda", se hayaban bloqueando el puerto de Iquique mientras la escuadra, comandada por el Contra Almirante Juan Williams Rebolledo, viajaba a El Callao en busca del "Huáscar" y la "Independencia". Al llegar a ese puerto la noche del 22 de mayo y a la mañana del 23 descubrir que los buques de guerra peruano ya no se encontraban, decidieron emprender el regreso rapidamente, pero esto le tomó varios días puesto que se encontraban en ascuas e incomunicados de lo que pudiera ocurrir en Iquique. Sólo conjeturas y una gran ansiedad.
Es recién el día lunes 26 de mayo que la escuadra chilena, luego de un largo viaje, se entera de los sucesos acaecidos el pasado día 21:

"Como a las cinco se avistó un vapor que navegaba cerca de la costa, i se dio orden a la Magallanes de ir a reconocerlo, mientras la escuadra esperaba noticia.
La cañonera se lanzó en persecución del buque sospechoso,
i después de una larga caza le dio alcance entrada ya la noche. Poco después, habiendo comunicado con él, puso señales de «noticias importantes.»
Inútil es ponderar la ansiedad que causó en todos los buques este anuncio.
Traído el capitán a bordo, dio sumariamente las noticias del combate de Iquique, anunciando la pérdida de la Etsmeralda i de la Independencia i la escapada de la Covadonga.
Esta noticia fué confirmada en todas sus partes por un pasajero i dos marineros, que componían toda la tripulación.
El capitán del vapor era un señor Sauri, oficial de la marina peruana, i había salido de Huanillos el 23.
Su vapor se llamaba Belletas, siendo una pequeña embarcación que se ocupaba en hacer el comercio de cabotaje entre el Callao i los puertos del Sur. Aunque llevaba bandera inglesa, sus papeles no estaban en regla, porque la
tomó después de la guerra i porque el capitán no era de nacionalidad británica, como lo exije la lei inglesa, siendo oficial de marina peruana por añadidura. Pero se le dejó en libertad, sin duda en premio de la noticia.
A las ocho de la noche, después de recibidas i comentadas estas noticias, nos pusimos de nuevo en movimiento con rumbp al Sur.
En la mañana de este dia (27 de mayo)se comunicó a los demás buques la noticia del combate en estos términos:
«Por el vapor se ha sabido que el Huáscar i la Independencia
habían tenido un combate con la Esmeralda i la Covadonga en Iquique. La Esmeralda a pique con gloria.
La Covadonga escapó a Antofagasta. La Independencia persiguiendo al Covadonga, se varó en Punta Gruesa, perdiéndose completamente.»

"Cartas de la Escuadra"
Pascual Ahumada Moreno

En la imagen una postal del Puerto El Callao, donde la Escuadra pensaba encontrar y atacar a los buques enemigos.




"LOS ANÓNIMOS DE LA GESTA DE IQUIQUE"

Gracias a recientes investigaciones encargadas a personal de la Armada de Chile, tenemos la nómina oficial de la tripulación de la "Esmeralda", que sucumbió rodeada de gloria aquella mañana de mayo de 1879.
En esta investigación se recabaron los nombres de cada uno de los marinos, soldados y personal de los distintos puestos que tuvieron participación del Combate Naval de Iquique.
En esta ocación les traemos a uds. los nombres de quienes tuvieron uno de los trabajos más anónimos y duros en la vieja embarcación y es que trabajar en la sala de máquinas al calor del fuego y el hollín del carbón es una tarea pesada y más aún aquella mañana en que las esperanzas para nuestra querida y vieja mancarrona se veían apagadas por el fuego enemigo.
Leamos con atención y sumo respeto los nombres de los fogoneros y carboneros de la fragata "Esmeralda":
"Carboneros
Candelario Apablaza
Hijo deJuan Apablaza y Mercedes Vega, al momento de su filiación en la Armada se declaró católico y soltero. Aparece inscrito el 20 de febrero de 1879, contratado para servir como carbonero por un año a bordo de la "Esmeralda". Tenía 19 años. Falleció en el transcurso del combate.
José Abdón Figueroa
Hijo de José Figueroa y Rosario Beltrán, al momento de su filiación se declaró católico y soltero. Se contrató el 20 de febrero de 1879 para servir como carbonero por un año a bordo de la corbeta "Esmeralda". Tenía 20 años. Murióen el transcurso del combate.
José Manuel Ramírez
Hijo de Pedro Ramírez e Isabel Urtubia, al momento de su filiación se declaró católico y soltero. Se contrató el 20 de febrero de 1879 para ser carbonero porun año en la corbeta "Esmeralda" Tenía 20 años. Falleció poco después del segundo espolonazo del "Huáscar", al estallar una granada en el compartimento de la sala de máquinas.
Roberto Vergara
Hijo de Tadeo Vergara y Mercedes Abarca, al momento de su filiación se delaró católico y soltero.Se contrató el 20 de febrero de 1879 para servir como carbonero por un año en la corbeta "Esmeralda". Tenía 18 años. Falleció en el transcurso del combate.
Fogoneros
Carlos Araneda
Hijo de Manuel Araneda y María de los Santos Torres. Se contrató el 20 de febrero de 1879 para servir a la Armada como Fogonero 2° por un año y fue destinado a la corbeta "Esmeralda". Tenía 27 años. Falleció en el transcurso del combate.
Rosso Bartolomeo
Natural de Italia, hijo de Jacomo Bartolomeo y Ana María Rossi. Fue contratado el 28 de febrero de 1879 para servir como fogonero 2° por una año en la corbeta "Esmeralda".
Católico y soltero. Tenía 28 años de edad. Sobrevivió al combate y fue recogido por el Huáscar y hecho prisionero en Iquique. Vuelve a Valparaíso junto a la liberada tripulación, y recibe todas las condecoraciones correspondientes. Luego de esto se pierde su rastro.
Ramón Díaz
Hijo de Juan Bautista Díaz y Josefa Castillo. Nacido en Ovalle. Al momento de su filiación se declaró católico y casado. Se contrató para servir como fogonero 2° por un año en la corbeta "Esmeralda". Tenía 31 años. Falleció en el transcurso del combate.
Desiderio Domínguez
Hijo de Juan Domínguez y Tiburcia Navarrete.Al momento de su filiación se declaró católico y casado.Se contrató el 21 de febrero de 1879 para servir por un año como fogonero 2° a bordo de la corbeta "Esmeralda". Este porteño logró salvar con vida de la inundación de la sala de máquinas que se produjo en el tercer espolonazo del monitor "Huáscar". Estuvo prisionero en Iquique y volvió a Valparaíso donde recibió todas las condecoraciones y honores correspondientes.
Volció al servicio en 1880 y estuvo embarcado en el vapor Abtao como fogonero 2°.
Falleció en Valparaíso en 1866. Su familia quedó indigente y la Intendencia organizó una colecta pública la cual también recibió apoyo de la viuda de Prat, doña Carmela Carvajal, quien "sufría por la ingratitud nacional hacia los pobres héroes".
José Donaire
Fogonero 2° de la corbeta Esmeralda. Sobrevive al combate y recibe los honores correspondientes en Valparaíso. Como gran parte de los sobrevivientes se embarcó en el monitor "Huáscar" participando en los combates de Arica y de El Callao, en su mismo puesto. Se licenció en 1883 y fijó su residencia en Iquique.
No hay más datos deeste tripulante.
Pedro Estamatópoli
Natural de Grecia, hijo de Anastasio y Caterina. Se declara soltero y de religión griega. Fue contratado como fogonero 1° el 28 de febrero de 1879 para servir por un año a bordo de la "esmeralda". Tenía 24 años. Sobrevivió al combate. Vuelve a Valparaíso y recibe todos los honores y condecoraciones correspondientes. Se reincorporó para servir a bordo del Monitor Huáscar y participó en los combates de Arica y El Callao.
En 1880, y al igual que los otros sobrevivientes que se encontraban a bordo del Huáscar solicitó y obtuvo la pensión que otorgaba la ley. Luego de esto, al parecer, se licenció.
Alejandro Horvath
Natural de Alemania, al momento de su filiación se declaró hijo de Dionisio y Teresa Horvath, católico y soltero. Se contrató el 28 de febrero para servir por un año a bordo de la corbeta "Esmeralda", pero ya antes había servido como fogonero en el "Cochrane" en el año 1876. Tenía 26 años. Falleció en el transcurso del combate.
Bartolo Mesa
Hijo de Bruno Mesa y Lorenza Núñez,. Católico y soltero. Fue contratado el 20 de febrero de 1879 para servir por un año como fogonero 2° a bordo de la corbeta "Esmeralda". Tenía 31 años. Falleció cuando la santabárbara se inundó, luego del segundo espolonazo del Huáscar.
Nicasio Miranda
Hijo de Antonio Miranda y María Uribe. Católico y soltero. Se contrató el 28 de febrero de 1879 para servir como fogonero 2° por un año a bordo de la corbeta "Esmeralda". Tenía 25 años. Falleció en el transcurso del combate.
Andrés Pavez
Hijo de Andrés Pavez y Juana Sepúlveda. Casado y católico, tenía 49 años. Se contrató por una año para servir a bordo de la "Esmeralda" como fogonero 2°. Sobrevivió al combate y fue tomado prisionero. El 3 de diciembre regresó a Valparaíso junto a los otros tripulantes y recibe los honores y condecoraciones correspondientes. Se embarca en el "Huáscar" y se encuentra presente en los combates de Arica y El Callao. En 1880 obtuvo la pensión y beneficios consedida por la ley a los sobrevivientes.
Estuvo embarcado en el "Huáscar" hasta marzo de 1883, fecha en que seún disposiciones de la Comandancia vuelve a tierra por enfermedad.
Según investigaciones, pavez, a fines de siglo XIX, vivía en Santiago.
Juan Bautista Segura
Hijo de Francisco Segura y Victoria palomino. Católico y soltero. Se contrató el 20 de febrero como fogonero 2° para servir a bordo de la "Esmeralda" por un año. Tenía 28 años. Falleció en el transcurso del combate.
Francisco Ugarte
Servía a bordo de la corbeta "Esmeralda" como fogonero 2°. Fue herido y falleció en el hospital de Iquique el 9 de agosto de 1879.
Según investigaciones Ugarte pudo haber formado parte del grupo que saltó con Uribe al abordaje,puesto que el único herido recogido por el "Huascar" fue el grumete Agustín Coloma. Lo que lleva a la conclusión que se encontraba a bordo del Huascar al momento del hundimiento de la corbeta "Esmeralda". Fue sepultado en una fosa común en el cementerio de Iquique. Hoy su nombre se encuentra escrito en un monolito en el Cementerio N° 1 de Iquique.
Gabriel Urra
Fogonero 1° de la corbeta Esmeralda. Falleció en el transcurso del combate.
No hay más información acerca de este tripulante."
Fuente: "La Dotación Inmortal"
"En la imagen vemos una recreación de cómo pudo haber sido la sala de máquinas de la "Esmeralda. En esta podemos ver al ingeniero, que vigila la máquina de biela invertida y de doble expansión, se ve, la gran caldera y algunos hombres transportando carbón. Después del segundo espolonazo, esta sección se inundó rápidamente. El agua fría del mar, en contacto con la caldera, debe haber producido, una gran nube de vapor que atrapó a muchos."
(Historia Ilustrada del Célebre Combate Naval de iquique/Edición Argentina)


"DIARIO DE LA COVADONGA"

Un extracto del diario de la "Covadonga", en el cual detalla con perfecta exactitud los hechos que le acontecieron a dicha embarcación en el transcurso del Combate Naval de Iquique, el 21 de Mayo de 1879, y cuyo esfuerzo y tezón fueron premiados con la gloria de la victoria.
No debe haber sido fácil para la tripulación, comandada por Carlos Condell, recibir la persecución de la "Independencia"; pero los hombres de mar que son curtidos a través de fuertes tempestades marinas no cejarían, hasta conseguir un resultado menos adverso.Quizás habrían sufrido la misma suerte que la "Esmeralda", y al leer su informe pareciera que así sería, pero el destino quizo contar otra historia y hoy podemos conmemorar su triunfo tal cual ellos lo hicieron aquel mediodía ya lejano:
"Dia 21.—
De 12 a 4 A. M. amarrados en la boca del puerto en 25 brazas de fondo con un anclote i 60 brazas de espías. Entre las 4 i 8 A. M. limpieza ordinaria con la jente de guardia. A las 6 A. M. se llamó la otra guardia i se mandó levar.
A las 6.15 minutos se avistaron dos buques al Norte i se pusieron señales de aviso a la Esmeralda. Se disparó un cañonazo momentos después que fueron reconocidos los buques enemigos Huáscar e Independencia i se gobernó al Norte como un cuarto de hora para efectuar el reconocimiento i luego viramos en demanda del fondeadero, acercándonos a 600 metros de la Esmeralda i cambiamos las señales: «¿almorzó tripulación? Reforzar las cargas.»
A las 7 salimos en convoi los dos buques i fuera del puerto a una i media millas nos pusimos al habla. El comandante
Prat de la gloriosa corbeta dijo: «Seguid mis aguas, resguardarse con la población i cumplamos con nuestro deber.» El comandante de la Covadonga contestó: «All right» i nuestra jente aplaudió con tres hurras i vivas a Chile, llena de entusiasmo, que a la vez fué una plegaria en recuerdo de nuestra amada patria. Al terminar esa patriótica manifestación, la Covadonga, gobernó por la proa de la Esmeralda i uno i otro buque rompieron sus fuegos sobre el Huáscar, viendo que la Independencia también nos hacia fuego.
Mas o menos, una hora nos batimos con ese buque, mientras tanto el señor comandante gobernó i tomó los bajos de la isla, que fué nuestra salvación. En esa posición la Independencia, peruana se nos vino encima i fué rechazada por nuestra artillería i también porque vio que no podia llegar a nosotros. Desde ese momento, las 9 de la mañana, continuamos al Sur navegando de reca en roca i contestando los fuegos del enemigo con la presteza que nos era posible. La Independencia se mantuvo dos veces a 1,500 i 2,000 metros de nuestro costado i nos hizo fuego por baterías i otras dos veces intentó darnos un golpe de espolón, pero tuvo que renunciar por temor de irse a la playa. Mientras tanto el comandante gobernaba su buque de tal suerte, que sin dejar su importante i estratégica posición, gobernaba ya de un lado o de otro lo necesario para dar tiro a nuestros cañones.
Mas de una vez creímos el buque perdido ya por las balas como también por los bancos de piedras. Recibíamos cada tres minutos una descarga cerrada por batería de la Independencia, que ya nos presentaba un costado i luego el otro, haciéndonos un fuego muí nutrido, felizmente poco certero.
A las 11.40 la Independencia, que indudablemente había
recibido muchos tiros, gobernó a nosotros a darnos el golpe de gracia con su espolón, i haciéndonos fuego muí nutrido hasta tomarnos de enfilada i consiguió acercarse a la menor distancia de 300 metros que nos permitió dispararle cuatro tiros muí bien acertados. A las 12 la Independencia se varó i arrió botes. La Covadonga gobernó entonces i dio una vuelta por el O. al NO., poniendo proa al S. en medio de locos vivas de gloria. El enemigo, mientras tanto, arrió su pabellón de guerra, que izaba al palo mayor i también su bandera, izando después la bandera de parlamento. Estando a 200 metros de distancia, el comandante de la Independencia nos dijo con bocina: "no me tiren mas, estoi rendido, mándenme un bote.»
Nuestro comandante resolvió continuar al Sur inmediatamente,
deseando conservar el buque, librándonos del Huáscar, que mui luego vino a seguirnos. Después de dos horas nos dejó i cruzó hacia la Independencia, que luego la vimos arder. El Huáscar intentó seguirnos, pero luego volvió al Norte.
Murió el señor doctor.
Lanzamos velas para aprovechar el viento; mucha vijilancia. Se distribuyó el servicio i hasta las doce de la noche no hubo novedad. El buque haciendo mucha agua..."
Fuente: Libro "Guerra del Pacífico" de Pascual Ahumada Moreno
Óleo de Tomás Sommerscales del Combate de Punta Gruesa


"TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE"

Cuando comenzaron a llegar los primeros cables con noticias del Combate Naval de Iquique, la información, en Valparaíso y Santiago, no se manejaba con exactitud. Los únicos que algo habían visto eran los barcos extranjeros y el Lamar, que se encontraban observando los sucesos que acontecían en la rada de Iquique. Los sobrevivientes de la "Esmeralda" que se hayaban prisioneros, recibieron permiso para poder escribir a Chile, a sus seres queridos, acerca de las experiencias que vivieron en tan memorable fecha. De estas cartas podemos extraer los relatos de lo que con exactitud ocurrió.
Uno de esos sobrevivientes fue el Teniente Francisco 2° Sánchez Alvaradejo:
Nacido en Ancud el 4 de octubre de 1851, Francisco Sánchez ingresa a la Escuela Naval de Valparaíso en 1862, ya que su familia se había trasladado a esa ciudad.
Participó en la guerra contra España en el Combate Naval de Abtao como guardiamarina a bordo de la goleta "Covadonga".
Durante las campañas de la Araucanía lo vemos como miembro de la tripulación del vapor "Ancud".
En el año 1870 Sánchez es trasbordado a la corbeta "O'Higgins" y participa de un viaje de instrucción de cadetes de la Escuela Naval y aprendices de grumete a la Isla de Pascua.
En febrero de 1879, siendo teniente, es nombrado oficial instructor de artillería de la corbeta "Esmeralda", siendole asignada la batería de estribor, que tuvo como misión contrarestar el ataque recibido desde tierra aquel 21 de mayo.
Como todos los tripulantes de nuestra querida y añorada mancarrona, Sánchez no abandonó su puesto hasta el fin y luchó junto a sus compañeros valerosamente.
Fue rescatado de las aguas y hecho prisionero y es en este estado que en junio de 1879 escribe una carta a su hermano contando los hechos que acontecieron aquella mañana en que la "Esmeralda" se hundió para siempre. En ellos el teniente aclara los puntos que la prensa desconocía:
Extracto:
"Como estamos completamente incomunicados, rodeados de centinelas, solo hemos podido obtener mui pocas noticias respecto a la opinión de la prensa chilena. Por una casualidad, entre la ropa que mandábamos comprar, nos llegó un pedazo del Mercurio del 30 i nos sorprendió que en nuestra patria crean que la Esmeralda sucumbió en el momento que nuestro comandante Prat pasó a la cubierta del Huáscar con el sarjento de la guarnición Juan de Dios Aldea, que fué el único que alcanzó a acompañarle, cayendo herido con siete balazos.
El valiente comandante Prat abordó al enemigo en el primer espolonazo que tuvo lugar, mas o menos, a las 11:00 A.M. i nuestro buque desapareció de la superficie a la 1 1/2 P. M.
Se deduce de aquí que nos hemos batido sin nuestro comandante con poca diferencia dos hora.
Cuando recibimos el primer choque, habíamos perdido poca jente, i el Huáscar se retiró con tanta precipitación que a pesar que lo recibimos en la aleta de la guardia de bandera formada en la toldilla, precisamente en el lugar del espolonazo, solo uno, que fué el sarjento, alcanzó a saltar. Muchos dirán ¿cómo es que no se tomó alguna providencia para asegurar el abordaje? En la guerra marítima el combate con espolón era casi desconocido.
En esos supremos momentos toda la jente estaba en sus puestos de combate. Nuestra artillería sostenía un fuego nutrido i era mayor la excitación del combate a medida que avanzaba el enemigo. Por otra parte, los tiros de fusilería ayudados de los rifleros de las cofas, agregados a los disparos de los cañones del enemigo i sus ametralladoras, formaban un conjunto aterrador. En medio de ese inmenso eco del combate, de los gritos de los heridos, etc., nuestro comandante tuvo la inspiración de abordarlo, i acto continuo dio la voz de «al abordaje,» voz que no fué oída sino por los que estaban mui cercanos.
La pérdida del comandante produjo en la tripulación una profunda impresión. La idea de la venganza se apoderó de todos i cada uno quiso ser un héroe para imitar su ejemplo.
Valor inútil: nada podíamos hacer sino esperar la muerte con resignación. En efecto, momentos después de este primer choque, el Huáscar a toca penoles nos arrojaba su gruesa artillería, i las bajas en nuestra jente se sucedían con suma rapidez. Envidia nos daba ver caer muerta nuestra jente. Los sufrimientos para éstos habian terminado. Desgraciados
eran los que caían heridos. Eran espantosos los gritos de estos infelices i no podia prestárseles ningún ausilio. El cuerpo médico era insuficiente para atender a tantos heridos, asi es que todo lo que se hacia con ellos era hacerlos a un lado para que no estorbaran a la artillería. Sabíamos que todos teníamos que morir momentos después.
Habia cadáveres que quedaban divididos i cauterizados. A cada momento se encontraban piernas i brazos que no se sabia de quienes eran. No creo que haya otros ejemplos de un combate tan horrible. El fuego continuaba con la misma viveza por ambas partes, i el enemigo a setecientos metros se preparaba para darnos la segunda embestida.
Muerto el capitán Prat, Uribe tomó su puesto i yo el de Uribe. Nos reunimos luego que fué posible con el teniente Serrano para conferenciar sobre la determinación que debíamos tomar, si echar a pique el buque para evitar derramar mas sangre, pues creo que no bajarían de 40 a 50 los muertos i heridos, o continuar combatiendo hasta sucumbir. Resuelto esto último, volvimos a nuestros puestos; pero yo quedé siempre en la batería por ser allí mas útiles mis servicios.
Era el instructor de la artillería i conocía la jente, i por consiguiente podia llenar las bajas con los individuos mas aptos para las vacantes que quedaban.
Era curioso lo que pasaba en mi imajinacion i creo que lo mismo sucedía a los otros. Del mismo modo que los trabajadores esperan los dias domingos para descansar, yo miraba con cierta satisfacción, que no sé cómo esplicarla, la segunda venida del enemigo. Sabia que un segundo espolonazo no podríamos resistirlo i de un solo golpe daria fin con todos i descansaríamos por consiguiente de presenciar tantas desgracias.
En el momento del segundo choque, veo a Serrano que se dirije a proa, i al acercarse me dice: "Amigo Sánchez,estamos", i continuó su camino. Grande fué mi sorpresa cuando lo veo saltar a la cubierta del Huáscar con diez a doce hombres que también murieron. Este es otro hecho que demuestra el arrojo hasta el sacrificio de Serrano i los que le acompañaban. Serrano fué mui valiente desde los primeros momentos del combate. Una serenidad admirable unida a un valor que dio a conocer a cada momento. Si el capitán Prat se ha inmortalizado por su valor, igual cosa debe acontecer con el amigo Serrano.
El enemigó se retiró hasta la distancia de seiscientos metros mas o menos. Concluimos de quemar los últimos cartuchos. La Santa Bárbara se inundó completamente, ahogándose los que se encontraban dentro. Solo el condestable alcanzó a salvarse por haber un momento antes subido al entrepuente. La máquina dejó de funcionar. El agua subió hasta los fuegos i concluyó el vapor. En las mesas de la sala de amputación, que era la antecámara de guardias marinas, habian muchos heridos de gravedad. De los encargados de los pasajes de balas, granadas i los de pólvora, muchos habian sucumbido. Desde este momento nada nos restaba que hacer. Un silencio profundo reinaba a bordo i solo era interrumpido por los disparos de algunos rifleros i los lastimeros quejidos de los heridos. Nos cruzamos de brazos i esperamos.
Yo me subí a la toldilla i me junté con Uribe i otros compañeros. El enemigo pone su proa a nosotros á la una i media, mas o menos. En estos momentos se ve salir humo por la escotilla de la cámara de guardiamarinas. Una granada, penetrando por la botica, puso fin a la existencia de los injenieros Mutilla, Manterola, Gutiérrez, dos mecánicos, dos carpinteros, el sangrador i varios otros i concluyó con los heridos.
Luego que vimos con la fuerza que venia el enemigo, nos desnudamos i en este estado me bajé a esperar en el cañón sétimo estribor. Otra granada destrozó la rueda del timón i cuanto encontró por delante, muriendo todos los que habian cerca i especialmente los del timón.
Esta vez me escapé mui bien, estando tan sumamente cerca. Todavía tenia que bañarme. El cabo Cortés tomó la corneta, pues su dueño habia muerto, i tocó a degüello en los momentos que se habría el buque i desaparecía de la superficie. El último disparo ordenado por mí lo quemó el guardiamarina Riquelme. Riquelme se hizo notable por su valor i entusiasmo. No se movió un momento de los cañones i cuando encontraba a algún marino algo decaído, lo entusiasmaba i le hacia consentir que teníamos muchas esperanzas de triunfar.
Una vez en el Huáscar, nos pusieron en la cámara del comandante. Nos dieron un poco de licor i media hora después estaba vestido con una camisa blanca, una cotona i un pantalón de marinero.
El buque salió i no supimos a donde.
Dos dias después calculamos, cuando tuvimos noticias de la pérdida de la Independencia, que la salida tuvo por objeto, recojer los náufragos de dicho buque. Serian las seis i media cuando fuimos desembarcados. Al salir de a bordo nos dieron un par de zapatos. Sombrero no nos dieron por no haber a bordo. El frío i el hambre nos atormentaban.
En el trayecto del muelle a la prefectura no hubo nada de notable, a no ser algunas hostiles demostraciones del populacho, que es difícil evitar. Una vez en el salón de la prefectura, fuimos felicitados por los jefes del ejército. Todos admiraban el heroismo de la Esmeralda i lo hacian con sinceridad.
El jefe del ejército nos dijo: «Ustedes no son prisioneros, ustedes son náufragos. El valor de ustedes no tiene ejemplo en la historia de las guerras marítimas. Si ha habido un caso igual, estoi cierto que no hai quien lo sobrepuje, etc.»
Al dia siguiente fuimos visitados por el jeneral Canseco i este jefe se enterneció cuando nos hablaba, alabando nuestra conducta, estas visitas continuaron por algunos dias.
Hace tres dias que se nos entregó un terno de ropa que nos mandaron hacer. Ya nos habíamos familiarizado con el traje de marinero i hará solo diez o doce dias que usamos ropa interior, por no haber en la población.
Hoi puedo decir, sin temor de equivocarme, que las pocas comodidades que tenemos, las debemos puramente al jeneral Buendia.
Estos dos caballeros se han conducido mui bien con nosotros i les estamos mui agradecidos. El señor Velarde continuamente viene a visitarnos i a ofrecernos lo que necesitemos.
El jeneral Buendia, también, cada vez que puede, viene a vernos con el coronel Velarde.
¿I qué se dice por allá de nuestro rescate? ¿Podemos tener esperanzas de alcanzarlo pronto? La inmovilización en que nos encontramos i el no poder continuar siendo útiles a la patria, nos atormenta..."
En el mes de Julio, aun siendo prisionero Sánchez es ascendido a Capitán de Corbeta y vuelve a Chile en enero de 1880, luego del canje de prisioneros, pero nuestro héroe aún debía servir a la patria y se embarcó como segundo comandante de la Pilcomayo y luego es trasbordado a la corbeta Chacabuco, participando en el apoyo que dio la Armada en las batallas de Chorrillos y Miraflores, en los bloqueos de varios puertos peruanos y en la toma de El Callao. En el año 1883 es ascendido a Capitán de Fragata. Luego de una prolífica carrera en la Armada fallece en el año 1907, por una peritonitis.
El héroe de Ancud, poco conocido y por lo tanto nunca mencionado tiene su lugar en la historia de Chile. Sus restos mortales fueron trasladados desde Santiago a la "Cripta Heróica" el 10 de Octubre de 1985:
Fuente: "La Dotación Inmortal" y "El Boletín de la Guerra del Pacífico".


"IQUIQUE: JOSÉ GUTIÉRREZ"


"No es fácil encontrar registros fotográficos de los héroes del Combate Naval de Iquique, ni sus biografías. Cuando el libro "LA DOTACIÓN INMORTAL", editado por la "Corporación, Protección y Desarrollo del Patrimonio Histórico Naval y Marítimo", llegó a mis manos, me fue posible descubrir que muchos de los marinos que se encontraban ese día en la rada de Iquique, tienen un rostro que he podido observar. Sus biografías de vida demuestran la clase de personas que fueron, quienes dieron su vida por la patria.
Hoy les traemos a uds. la biografía de José Gutiérrez, ingeniero que murió en el cumplimiento del deber:
"Entró de alumno a la Escuela de Artes y Oficios el 1 de Abril de 1851 y concluyó sus estudios en Enero del 55. Fue enviado a la Escuela de Artes de Talca como maestro de talleres y subdirector del establecimiento. A lso 10 meses fue nombrado por el gobierno como maestro de talleres de la penitenciaría de Santiago. Nueve meses después fue nombrado submaestro del taller de máquinas y ayudante de la clase de dibujo de la Escuela de Artes y Oficio.
El 2 de febrero de 1857 entró al servicio de la Armada como mecánico y fue embarcado en la corbeta Esmeralda. El 2 de agosto de 1858 pidió su retiro, pero regresó en marzo de 1859 para rendir sus exámenes.
El 14 de abril se reincorporó al servicio como ingeniero mecánico de tercera clase para servir a bordo de la Esmeralda. Volvió a retirarse en septiembre de 1861 para ocupar el cargo de primer inspector y profesor de la Escuela de Artes y Oficio, hasta que fue reincorporado nuevamente al servicio el 5 de junio de 1863 con el mismo grado. Estuvo embarcado en el vapor Independencia y en el Maule, participando en la guerra contra España, al final de la cual dejó la Armada.
Al comenzar la Guerra del Pacífico se reincorporó y fue asignado a la Esmeralda. Falleció casi al finalizar el combate, cuando una granada destrozó la antecámara de los guardiamarinas* donde se encontraban los ingenieros del buque.
A su hija María Teresa Gutiérrez se le concedió una pensión de 30 pesos mensuales a contar de septiembre de 1880."
Nota
*La antecamara de los guardiamarinas y lugar de estudio de los ingenieros era usado, durante combate, como hospital de sangre.


"MATÍAS MATAMALA: SOBREVIVIENTE DE LA ESMERALDA"

El cirujano de la "Esmeralda" Cornelio Guzmán, nos relata el final de la gloriosa corbeta, luego del último espolonazo del blindado peruano, y de cómo al fin los sobrevivientes que flotaban en el mar fueron rescatados:
"Sentimos que el "Huáscar" nos pegaba en el costado y el hundimiento fue verdaderamente instantáneo. No nos dimos cuenta sino de una ola inmensa que se nos venía encima, nos envolvía y nos arrastraba al abismo.
Pasamos algunos instantes de densa oscuridad en que el agua nos zumbaba en los oídos. Cesó la agonía que amenazaba con hacernos reventar y y nos encontramos brotando a la superficie del mar, lisa y tranquila, como si nada hubiera ocurrido en ella.
Luego fueron saliendo unos treinta compañeros. Sentimos dos cargas de fusilería cuyas balas se hundieron en el agua sin hacernos daño en torno nuestro y nos miramos las caras formando una especie de círculo. De 210 hombres sólo quedabamos 33..."
Así, de a poco, deben haber ido apareciendo los restantes sobrevivientes, que los registros actuales elevan al número de 58 tripulantes.
En esta ocasión les mostraremos el rostro de uno de ellos, que al momento de su filiación contaba con 27 años. Hijo de Santiago Matamala y María Torres, Matías Matamala sobrevivió aquel 21 de mayo de 1879, y al igual que el cirujano Cornelio Guzmán, vivió los ultimos momentos a bordo de la querida y vieja mancarrona, en confusión y horror.
Matamala fue contratado el 5 de marzo de 1879 como Guardián 1° para servir a bordo de la Esmeralda por un año.
El ingeniero civil, Juan Cabrera, que se encontraba fortuitamente en la corbeta al momento de estallar el combate, fue testigo de la actitud que tomaron los tripulantes momentos antes de iniciarse los fuegos: "se hacían recíprocamente las íntimas confidencias de la despedida hasta la eternidad, cortas pero conmovedoras, terminando algunas con un efusivo abrazo, para correr enseguida cada cual a su puesto". De esto se deduce que el velero 2° Antonio Ruiz le haya encargado a Matías Matamala que en caso de morir él, se hiciera cargo de sus hijos Tomasa y Clemente que habían sido abandonados por su madre.
Ruiz falleció en el combate y Matamala sobrevivió, por lo que al volver a Valparaíso cumplió con la promesa que hiciera de cuidar los huérfanos encomendados. Aparte de todo esto Matamala recibió todos los honores y condecoraciones que cada sobreviviente mereció.
Luego se enroló nuevamente, pero esta vez con el hijo de Ruiz, Clemente, y se embarcaron en la cañonera "Pilcomayo". En Diciembre de 1880 solicitó y obtuvo la pensión otorgada por ley a todos los sobrevivientes de la "Esmeralda".
Estuvo presente en las Batallas de Chorrillos y Miraflores, en el apoyo que dio la Armada al ejército.
Se retira en 1883 y se establece en Coronel.
La imagen que vemos de Matías Matamala apareció en la revista Zig Zag de Mayo de 1905 en el especial dedicado al glorioso combate, llamado: "Desde la Cámara de la Esmeralda".
Fuente: "La Dotación Inmortal"